Notable relato de un duelo
EL PLACER DE LA CAUTIVA Por Leopoldo Brizuela-(Temas)-94 páginas-($ 9,80)
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Precedidos por una dedicatoria a Griselda Gambaro y un epígrafe de Dalmiro Sáenz, los materiales con que trabaja El placer de la cautiva invocan además una zona particularmente prolífica de la literatura argentina. En esta novela corta o nouvelle de Leopoldo Brizuela, el desierto pampeano y los fortines de frontera de fines del siglo XIX son los espacios en que la civilización juega sus últimas batallas contra el indio; son por tanto espacios de tensión en los que se confrontan dos mundos.
En medio de esa guerra, la joven Rosario Burgos decide atravesar el desierto hacia el próximo fortín, custodiada por el senil cabo Vega. Pero un grupo de indios encuentra a los viajeros y los persigue por la llanura, por lo que el terror de ser capturada obliga a la muchacha a desplegar toda su insólita habilidad para mantener al enemigo a distancia. Como el relato nos advierte, cada enfrentamiento entre esos dos bandos forma parte de un duelo de dimensiones mucho más amplias. Y en tanto la persecución se prolonga, ofrece también la ocasión para una suerte de lejana convivencia en las soledades de la pampa, gracias a la cual los enemigos pueden observarse mutuamente y aprender cada uno las estrategias del otro.
Escritores tan disímiles como Echeverría, Borges o César Aira se interesaron por esa figura de la mujer cautiva o perseguida por los indios que puede condensar tensiones del siglo XIX argentino.
Aunque bajo un tamiz levemente humorístico, la narración de Brizuela parece buscar un costado íntimo para este personaje casi mitológico. A lo largo de su viaje, Rosario también descubre el erotismo en las transformaciones de su propio cuerpo y en los primeros escarceos con un hombre. De esta manera el relato superpone dos formas en que la mirada recorta lo diferente: una enfrenta a civilizados y salvajes, la otra despierta el deseo entre un hombre y una mujer. Mientras el viaje transforma a la niña y fuerza sus estrategias para la supervivencia, el viejo cabo Vega, en contraste, sólo recuerda monótonamente el momento de su infancia en el que fue rehén de los indios. Por eso es Rosario, sólo en este aspecto parecida a la cautiva de Echeverría, la que a pesar de la supuesta debilidad de su sexo y de su corta edad comanda la travesía.
Leopoldo Brizuela es un narrador delicadísimo, que dispone los elementos de El placer de la cautiva con la precisión cronométrica que merece la brevedad de una nouvelle. Parejas cuotas de sobriedad, lirismo y humor se distribuyen el tono de una narración en la que toda palabra parece ocupar su justo lugar.
Nacido en 1963 en La Plata, Brizuela mereció ya unos veinte premios literarios, entre ellos el Primer Premio Fortabat de Novela (1985) y el Primer Premio Clarín de Novela (1999) por Inglaterra.Una fábula. Como narrador publicó también Tejiendo agua (1986); como poeta, Fado (1995); como compilador, El taller del escritor (1992), Instrucciones secretas. Guía para empezar a escribir (1998) e Historia de un deseo. El erotismo homosexual en veintiocho relatos argentinos contemporáneos (2000).



