Nuevas sensibilidades

En un estudio publicado póstumamente, León Rozitchner se sirve de la figura de Simón Rodríguez, maestro y tutor de Simón Bolívar, para explorar un proyecto educativo
Ariel Pennisi
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8 de febrero de 2013  

La Biblioteca Nacional emprende la justa tarea de reeditar la obra de León Rozitchner, incluyendo textos inéditos, como el que recomendamos aquí. Una hipótesis de lectura antes que una crítica literaria: el modo en que León Rozitchner se vale de la figura de Simón Rodríguez -pensador, maestro, tutor de Simón Bolívar- reenvía, por un lado, a una instancia preeducativa, una pedagogía que debía calibrarse con el movimiento independentista que venció militarmente a la monarquía y enfrentaba, ahora en el terreno económico y cultural, las tensiones propias de la construcción de la República (esta vez los enemigos de la independencia formaban parte del sistema representativo). Por otra parte, se conecta con nuestro tiempo, más bien caracterizado por el desfondamiento de las instituciones educativas, al menos en su sentido moderno. Curiosamente, la pregunta por una educación capaz de asumir la emancipación como problema, la crítica radical al proyecto de la escuela "normal", retorna con posibilidades de interrogar a nuestro tiempo postescolar.

Un proyecto educativo de carácter popular se contraponía tanto a la función adaptativa típica de la escuela enciclopédica y disciplinaria como a toda clase de adoctrinamiento que insistiera en fórmulas a priori . Se trataba de las posibilidades del pueblo, como cuerpo político colectivo y múltiple, de alcanzar su propia voz, de descubrir las herramientas necesarias para estar a la altura de su propia capacidad: "Un congreso de gente del pueblo pensándose a sí mismos desde su propia experiencia". La enseñanza no podía reducirse a las currículas que los autoproclamados doctos preparaban para perpetuarse en su posición de superioridad; tampoco la educación podía empantanarse en el vago dominio de la "cultura general", esa suerte de mapa informativo diseñado por quienes deciden qué significa saber. Así el planteo de don Simón excedía cualquier reformismo, la apuesta de don León no es menos contundente: "Si lo que está en juego en el conocimiento es el problema del ser, del ser social, humillado, expropiado, envilecido, la ignorancia que quiere combatir Simón Rodríguez no es algo que se refiere a un mero conocer -instrucción primaria- sino a un saber qué consecuencias tiene el no-saber cuando por medio de la enseñanza se le oculta al joven el verdadero saber: el de la dependencia de su ser".

El punto de partida es, entonces, el otro como "sostén interno de la posibilidad de sentido", como señalan Cristian Sucksdorf y Diego Sztulwark, quienes prepararon la edición. No se trata del prójimo legitimado por un valor trascendente ni del individuo como persona jurídica en un contexto contractualista, sino de una compasión activa que asume el dolor del otro como propio en el marco de un pensar-hacer colectivo, de una comunidad que está siempre por inventarse. Sólo así "legal es lo que conviene a todos." Entre la rebeldía ancestral de los cuerpos y sus potencias creativas, se juega lo Común, simultáneamente como condición genérica del frágil animal humano y como posibilidad política de un ser obligado a reinventarse. En ese sentido, uno de los problemas que recorren la obra de León Rozitchner es el de la construcción del sujeto desde su "ser sensible". ¿Qué tipo humano, qué matriz sensible se configura en determinado tipo de sociedad, en determinada formación histórica? Y, al mismo tiempo, ¿cómo se juega lo irreductible de la experiencia singular en el nivel histórico, es decir, la instancia en que los otros entran en juego?

No hay Ser sin otro, por eso la compasión en Rozitchner no reviste un carácter moral sino ontológico, es decir, político. El egoísmo no se contrapone al altruismo, sino a la emancipación, ya que la voluntad de dominio se funda en la figura del individuo separado, mientras una nueva República sólo se organiza como comunidad de los cuerpos. Por eso la educación popular y plural imaginada por Simón Rodríguez, según la lectura acogedora de Rozitchner, nos ayuda a pensar otras sensibilidades, "otros modos de ser hombre", no un supuesto ascenso social o cultural bajo un parámetro fijo que talla las vidas en torno al dominio y la competencia. Si "la pobreza puede ser el lugar germinal de una riqueza diferente", lo que está en juego es el "segundo nacimiento", nacimiento histórico, condición de toda decisión. El origen cómodo y en cierta medida pasivo de cada hombre se enfrenta en un momento con una intemperie determinante: experiencia intransferible en que cada quien asume "el drama ampliado" del propio nacimiento en el riesgo implícito de albergar el dolor y el deseo del otro. Así define Rozitchner a un Simón Rodríguez abandonado de niño y renacido desde su propio gesto vital: "Transformó la pena individual en el lugar sentido desde el cual enfrentar de otro modo la vida con los otros".

Filosofía y emancipación.

Simón Rodríguez: el triunfo de un fracaso ejemplar

León Rozitchner Biblioteca Nacional

148 páginas

$ 55

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