Obras que parecen hablar de la pandemia, pero no: ¿en qué estaba pensando el artista?

El japonés Haruhiko Kawaguchi fotografió a unas 400 parejas en bolsas plásticas selladas al vacío cuando el coronavirus ni siquiera era un mal presagio
El japonés Haruhiko Kawaguchi fotografió a unas 400 parejas en bolsas plásticas selladas al vacío cuando el coronavirus ni siquiera era un mal presagio Crédito: Gentileza Haruhiko Kawaguchi/Photographerhal
Marina Oybin
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15 de julio de 2020  • 12:25

Imposible no maravillarse con el sentido premonitorio de algunas obras de arte contemporáneo que hoy nos interpelan con fuerza. Parecen creadas en el marco de la pandemia, pero no. La pregunta que se impone es: ¿en qué estaban pensando los artífices de estas piezas perfectas para hablar del momento que vivimos cuando las crearon?

Amor sellado al vacío/amor aséptico

En su serie Flesh Love, de 2011, el artista japonés Haruhiko Kawaguchi, conocido como Hal, retrató a unas 400 parejas dentro de bolsas de plástico selladas al vacío -tras envolverlas con nylon, con una máquina aspiró el aire del interior-. Los retratados debían contener la respiración por unos diez segundos mientras Kawaguchi tomaba las imágenes con precisión milimétrica: una falla temporal podía resultar fatal para los enamorados.

Hoy, en la pandemia por el coronavirus, cuando se impone el protocolo de higiene y el contacto amoroso deviene aséptico, estas imágenes se resignifican. Los rostros tirantes y deformados por el nylon no aluden al amor que asfixia -como el de los barbijos cuando se usan por mucho tiempo-. El sentido poético es intenso: para Kawaguchi estos "paquetes de amor sellados al vacío", como los denomina, son dispositivos para visualizar la conexión entre las parejas. "Si la pareja se ama con mucha pasión, se abrazará fuertemente: el grado de conexión expresa la profundidad del amor", señaló Kawaguchi en una entrevista en la revista británica ID Magazine.

En Flesh Love Returns, el artista japonés contactó a parejas en bares, discotecas y por medio de las redes y las fotografió en sitios significativos para ellas. Con un complejo procedimiento, cubrió con nylon los lugares elegidos y todo lo que estaba cerca (casas, edificios, autos, árboles, aceras, calles), que hoy parecen espacios protegidos del coronavirus.

Aislamiento emocional

"Soledad colectiva", una performance que surgió mientras la artista veía cómo se secaban al viento las sábanas de la cama
"Soledad colectiva", una performance que surgió mientras la artista veía cómo se secaban al viento las sábanas de la cama Crédito: Gentileza May Parlar

En Soledad colectiva (2017), la serie de fotoperformances de la artista May Parlar, nacida en Estambul y que vive en Nueva York, el aislamiento y la soledad son claves. "Esta performance surgió mientras veía cómo se secaban al viento las sábanas de la cama. Estaba pensando mucho en la impermanencia (expresión antigua que se refiere a la carencia, falta o privación de una permanencia) y en la temporalidad de la vida, por un lado, y en las nociones de identidad y del yo, por el otro. Me di cuenta instantáneamente de que se pueden tomar miles de fotos de la misma sábana en movimiento y que ninguna imagen será exactamente igual a otra, al mismo tiempo de que todo el baile es efímero", cuenta la artista a LA NACION desde Nueva York.

"Cheers", otra obra de la artista May Parlar
"Cheers", otra obra de la artista May Parlar Crédito: Gentileza May Parlar

Para Parlar, "el aislamiento emocional se experimenta frecuentemente en la sociedad moderna, aunque apenas se nota porque la mayoría de nosotros somos extremadamente sociales y estamos extremadamente ocupados en nuestra vida cotidiana".

Cantando sobre la miseria

Una performer de alfombra roja interviene un basural en Brasil, en la obra de Berna Reale
Una performer de alfombra roja interviene un basural en Brasil, en la obra de Berna Reale Crédito: Gentileza Berna Reale

En la videoperformance Singing in the Rain (2014) Berna Reale, una de las artistas contemporáneas más importantes de Brasil, se pasea exultante con una máscara para sustancias tóxicas por una red carpet hasta que el espectador percibe que ese sitio no tiene nada de glamoroso. Se trata del basural a cielo abierto más grande de Belém (capital del estado de Pará, Brasil).

"La obra alude a las diferencias sociales y al poder de los privilegiados: los más favorecidos se apoyan en el mantenimiento de la miseria de la mayoría, pretendiendo que no existen", comenta a LA NACION la artista, que tras graduarse en Artes en la Universidad Federal de Pará, se recibió de técnica forense.

El arte para arrinconar la verdad

En 1944, Gyula Kosice escribió en la revista Arturo: "El hombre no ha de terminar en la Tierra". A partir de ese momento, el autor del manifiesto Madí y maestro del arte cinético y lumínico, se lanzó a planificar la ciudad hidroespacial. Hoy las obras de esta polis en las alturas integran la colección del Museo de Bellas Artes de Houston; otras están en el Pompidou, en colecciones privadas y en el Museo Kosice.

La de Kosice no era sólo una ilusión artística: en 1982 presentó su propuesta a investigadores y astrofísicos de la NASA. Para el artista, la superpoblación mundial imponía pensar otros sitios para habitar. "Sólo utilizamos una mínima proporción de nuestras facultades mentales adaptadas a módulos que derivan de la arquitectura llamada moderna o funcional. Es decir, el departamento o la celdilla para habitar, que una sociedad de clases nos impone en su economía y su explotación compulsiva", escribía Kosice en su manifiesto Arquitectura y Urbanismo Hidroespacial, en 1972.

Maqueta de la ciudad hidroespacial de Kosice
Maqueta de la ciudad hidroespacial de Kosice Crédito: Gentileza Fundación Kosice/Marcelo Rossi

En la ciudad hidroespacial, integrada por hábitats -viviendas espaciales móviles y acoplables, donde uno podría unirse a otra célula hidroespacial y cuando lo deseara seguir en forma autónoma- Kosice desplegó su poética visión sobre la condición humana. Las células que imaginó para los hidrociudadanos recuerdan a las cápsulas que se usan hoy en Toronto para dar las clases de yoga manteniendo la distancia social por la pandemia.

Kosice imaginó espacios "para albergar los deseos de la mujer y los deseos puntuales y abstractos", lugares "para establecer coordenadas sentimentales, corporales, copulativas, sexuales y eróticas en levitación sublimada" y otros para "la ternura" y "para la evocación paralela del verbo amar con el fulgurante hidroamor correspondido", entre otros que menciona en Gyulia Kosice. 500 lugares para vivir. La ciudad hidrespacial (editorial Akian).

En la ciudad hidroespacial -en la que no habría un idioma universal sino diversidad de lenguas, y donde el artista imaginó una distribución equitativa de la riqueza ("un socialismo organizado", definió)- habría sitios especiales para "amaestrar el cosmos". Cuando quisieran, los hidrociudadanos podrían regresar a la Tierra por un tiempo, pero no habitarla (debido a la superpoblación que el artista preveía). Además, en la ciudad hidroespacial ideó un espacio "para sobrevivir en cuerpo y alma al lenguaje deshumanizado", un "lugar improvisado donde el azar es corregido y el absoluto es una quimera" y un sitio para "contar con el arte para arrinconar la verdad", como el que nos protege en medio de la pandemia.

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