
Opiniones de colegas y estudiosos
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Octavio Paz: "Los poemas de Girri me enriquecieron, me abrieron nuevas puertas y me mostraron que la oscuridad también es luminosa, que la sequedad es también humedad espiritual".
Italo Calvino: "poemas [los de Girri] que observan y testimonian, cual un cuaderno de bitácora de la mente".
Enrique Pezzoni: "Frente a la quietud de los tradicionalistas y el arrebato de los vanguardistas, la pasión crítica de la poesía de Alberto Girri es una especie de desmesura silenciosa [...]. Alberto Girri ha ido despojando su poesía de imágenes. Pero no ha cesado en su labor de transfigurar el mundo en una sintaxis de visiones que, sin ?explicar' ni el mundo ni al hombre, revelan súbitamente ese último vértigo en que ambos, sin reconciliarse, se anulan o se funden".
Horacio Castillo: "Girri trató de eliminar la idea del poeta como persona, el romanticismo. Por eso él se llamaba hacedor de versos. Era una persona muy generosa. Seriamente generosa. Muy buena persona. Lamento no haberlo tratado de otra manera"
Severo Sarduy : "La celebración [de un homenaje a Girri] es merecida, ya que él nos dio su poesía sin énfasis, con una ejemplar discreción y como si le incomodara".
Rodolfo Modern: [Girri fue] "moneda de una sola cara/ tesoro de todos/ ademán de tierra/ airosa llama y luz" ("Elegía").
María Kodama : "Lo que transmiten los poemas de Girri es una experiencia análoga a la que uno puede tener cuando descubre un jardín japonés. Uno lo recorre, a veces sólo con la vista, ya que muchos están hechos sólo para ser vistos o percibidos. La sensación que nos queda es que han estado ahí desde el origen del mundo.[?] Ésta es la mágica e inagotable aventura que nos depara la obra de Girri".
Juan Liscano: "En Girri, la modernidad se produce como consecuencia de un producto de mutación interior, de hacer vacío, de limpiar la casa por dentro, de empezar por sí mismo".
Alejandra Pizarnik : "Girri puede seducir o repeler, pero es uno de los escasísimos poetas serios".
María Victoria Suárez: "Lejos de mostrarse complaciente con las corrientes subjetivas, esta poesía [ la de Girri] exige del lector una dinámica que lo compromete. Uno debe entablar una relación de fuerzas con el poema, que libera en cada lectura nuevos sentimientos de su incandescente infinitud".



