Osvaldo Lamborghini: de la vanguardia literaria a la furia plástica

Se exhibe en Barcelona una muestra que revela una faceta desconocida del escritor argentino; estos collages podrían verse en Buenos Aires a fin de año
Matías Néspolo
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4 de febrero de 2015  

BARCELONA.- La salvaje y exigua obra que publicó en vida: El fiord (1969), Sebregondi retrocede (1973) y Poemas (1980), junto a las ediciones póstumas Novelas y cuentos (1988) y la incompleta Tadeys (1994), seguirá ahí incandescente y refractaria tanto a cualquier intento de canonización como al temerario o incauto epígono que se arriesgue a seguir su senda minada. Seguirá ahí justificando de algún modo el mito de Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, 1940-Barcelona, 1985), el hermano menor del consagrado poeta Leónidas, el escritor maldito por antonomasia, secreto y de culto.

Leyenda a la que buenamente ha contribuido César Aira, en su explícito papel de albacea y vindicador, pero que se sostiene sola con "la radicalidad de un estilo inigualable, quizás el más virtuoso y cruel que haya dado la literatura en español en mucho tiempo", en palabras de Alan Pauls.

Para no citar a grandes como Leopoldo Marechal, que dijo en su día de El fiord: "Es perfecto. Una esfera. Lástima que sea una esfera de mierda", o el chileno Roberto Bolaño, quien se acercaba a la "insoportable" Tadeys para leer un par de páginas cada vez sólo las noches en las que se sentía "particularmente valiente".

Lo cierto es que la exposición Teatro Proletario de Cámara, inaugurada ayer y que seguirá hasta el próximo 31 de mayo en el Museu d'Art Contemporani de Barcelona, sobre la inclasificable y feroz obra gráfica de Osvaldo Lamborghini, sin contradecir el mito o la leyenda, obliga a repensar el legado del escritor maldito desde otra perspectiva. La de un revulsivo artista plástico, además de narrador y poeta.

La muestra reúne más de medio millar de perturbadores y violentos originales, hasta ahora desconocidos, entre collages fotográficos, autoediciones, ensamblados e intervenciones artesanales en diversos soportes y técnicas que permanecían ocultos en el archivo del escritor, todos ellos realizados en los años de su exilio barcelonés, desde 1981 hasta su muerte, a los 45 años, a raíz de un infarto, en 1985. Años en lo que se sabe Lamborghini intentó integrarse a la vida cultural y literaria barcelonesa -frecuentó a Marcelo Cohen, al filósofo Eugenio Trías y a narradores locales como Cristina Fernández Cubas o Enrique Vila-Matas-, pero en los que se fue autoexcluyendo cada vez más -puede que desengañado por los rechazos editoriales o quizás asqueado del provincianismo de una ciudad que ya comenzaba a fraguar su frívola transformación urbana de las futuras Olimpíadas- hasta recluirse por completo durante los últimos siete meses de vida en su piso de la calle Comerç, sin bajar a la calle.

Ningún aficionado

Y lo que hasta ahora se creía un mero entretenimiento de aquella reclusión voluntaria, con el que Lamborghini "expresaba una rabia ineficaz", según la caracterización de la monumental biografía de un millar de páginas de Ricardo Strafacce, se revela ahora como mucho más que eso. "Me puse un tallercito", le confesaba el escritor por carta a César Aira. Fórmula con la que ilustraba su actividad entre marcadores escolares, lápices de colores, acrílicos, témperas y sobre todo tijeras y cola con las que Lamborghini destripaba viejas y dudosas revistas pornográficas del destape español, compradas al peso por su compañera Hanna Muck en el Mercado de San Antonio, para llenar libretas o componer afiches y estampas con imágenes adulteradas, imprecaciones y herméticas anotaciones.

Sin embargo, "esta ingente producción gráfica", dice Valetí Roma, mentor y curador de la muestra, "sobrepasa el simple divertimento nocturno, del que habla Strafacce, y revela un potente artista plástico desconocido que había pasado desapercibido por el relato hegemónico y que no sólo era necesario cartografiar, sino que también debía ponerse en relación con corrientes y artistas españoles de los 80, como Barceló, Tàpies y García Sevilla", explica.

Para el experto, la reivindicación de Lamborghini como artista plástico está más que justificada porque "la salvaje densidad de su trabajo sintoniza con las tendencias más radicales de su tiempo y anticipa la exploración entre texto e imagen que vendría después", señala. Y como en las obscenas y siempre perturbadores creaciones de Lamborghini conviven en pie de igualdad los jirones de la más sórdida pornografía y la casposa cultura catódica de la transición española -ni figuras políticas como Felipe González o el presidente catalán Jordi Pujol se libran de sus sarcásticas anotaciones- con citas de Maurice Blanchot, Walter Benjamin o referencias explícitas al cine de Fassbinder, la llamada transvanguardia italiana de comienzos de los 80, Goya o el caricaturista británico del siglo XVIII William Hogarth, entre otros ingredientes, queda claro que su operación estética estaba muy lejos del pasatiempo o divertimento y no era nada inocente. "Trabajaba con los detritus de la pornografía, de la cultura editorial y de los tics culturales y políticos de su tiempo para hacer una contracrónica feroz", sintetiza Roma.

La muestra se divide en cuatro zonas, de acuerdo con los tipos de soportes. La primera sección reúne los originales de su legendario libro de artista o álbum ilustrado a navajazos Teatro proletario de cámara, del que circularon menos de un centenar de ejemplares en copias facsimilares. El siguiente apartado recoge una veintena de sus libretas artesanales autoeditadas que obligan a releer en otro sentido su tan citado y provocador lema: "Primero publicar, luego escribir", quizá porque lo que pretendía con esa fórmula, como sugiere Aira, era perpetuar indefinidamente el salvaje momento de la creación. Le siguen una sección dedicada a una selección de 73 láminas y collages de grandes dimensiones y el apartado final, que recoge una docena de intervenciones pictóricas y fotográficas sobre libros.

Completa la exposición, que probablemente se exhiba en Buenos Aires y París en lo que resta del año, aunque aún hay que confirmar fechas e instituciones implicadas, el catálogo El sexo que habla, con más de 150 ilustraciones y textos inéditos de César Aira, Alan Pauls, Beatriz Preciado, el crítico Antonio Jiménez Morato y el mismo Valetí Roma.

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