
P. Fernando Storni
El sepelio
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A los 86 años, falleció el padre jesuita Fernando Storni, académico de Educación, una personalidad destacada en el ámbito del pensamiento en el país.
En 1960 fue uno de los fundadores del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), institución de la Compañía de Jesús destinada a abordar con profundidad los problemas sociales.
Nació en Buenos Aires el 26 de octubre de 1920. Estudió en colegios del Estado; se recibió de bachiller en el Colegio Nacional Manuel Belgrano y en 1943, de abogado en la UBA. Entre 1937 y 1944 trabajó como periodista en el diario El Mundo.
En 1945 ingresó en el seminario de Villa Devoto y en 1949 pasó a la Compañía de Jesús. Se ordenó sacerdote en 1956. En 1959 se doctoró en teología en la Universidad Gregoriana de Roma, con su tesis "La moral de la ayuda de los países subdesarrollados", que en 1962 publicó la Editorial Sudamericana con el título Moral y desarrollo .
Dirigió la revista del CIAS y colaboró en las revistas Estudios y Criterio . Dictó cursos de doctrina social de la Iglesia, historia social, instituciones y doctrinas económicas en las universidades Católica Argentina y del Salvador, y en cursos en Chile y Uruguay. Entre 1965 y 1975 fue rector de la Universidad Católica de Córdoba. Creó allí la carrera de agronomía e inició la construcción de un campus universitario. Participó en congresos de universidades en Tokio, Salamanca, Nueva Delhi, Valparaíso, Kinshasa... Presidió la Unión de Universidades de América latina.
En 1985 se incorporó a la Academia Nacional de Educación. En 1986, fue una de las personalidades convocadas por el presidente Raúl Alfonsín para integrar el Consejo para la Consolidación de la Democracia. Años después, aportó su juicio conocedor a la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau).
Su pluma tocó con enjundia, claridad y sólido criterio las cuestiones más variadas, buscando con afán soluciones nuevas a problemas complejos de larga data. Subrayó la educación de las nuevas generaciones. Y acompañó el pensamiento con actos concretos por la libertad de personas perseguidas, la justicia social, la paz. Intervino en el conflicto con Chile, que estuvo a punto de originar una guerra, a través de conversaciones con políticos, funcionarios y diplomáticos, en las que aportó una cuota de sensatez para evitar el enfrentamiento armado.
Envuelto en las corrientes de renovación que alentó en la Iglesia el Concilio Vaticano II, era una figura equilibrada, ponderada, que buscaba construir sobre el patrimonio espiritual y cultural recibido, fiel al espíritu de San Ignacio de Loyola y a su sentido cristológico y mariano. Sabía escuchar e intercambiar opiniones con respeto y gozaba de estima en ambientes muy diversos.
El sepelio se efectuó en el cementerio de los jesuitas en San Miguel.





