
Pintura italiana del siglo XIX
En conmemoración del bicentenario del nacimiento de Giuseppe Mazzini se realiza una muestra donde resurgen grandes obras de las escuelas pictóricas italianas de ese período
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GENOVA.- Espíritus pragmáticos y emprendedores como los de Colón (Cristoforo Colombo, en su nominación original) y Andrea Doria se forjaron en esta ciudad del norte de Italia que los vio nacer. En este mismo conglomerado urbanístico "vertical" (edificaciones que ascienden hacia la montaña), cuyo descomunal puerto domina todo el Mediterráneo, también nació Giuseppe Mazzini (1805-1872), pensador y propulsor del Risorgimento, el movimiento patriótico que en 1870 logró la unidad de Italia después de luchas que duraron medio siglo. Entre los eventos que conmemoran el bicentenario de su nacimiento, la muestra Romantici e Macchiaioli: Giuseppe Mazzini e la grande pittura europea despliega una vasta colección de telas originales de estas dos grandes escuelas pictóricas del Ochocientos. Permanecerán expuestas hasta el 12 de febrero, en el Palazzo Ducale, en el centro de la ciudad.
La "guía" simbólica de Mazzini a través de las obras expuestas en las salas que conforman este monumental Palazzo estriba en el rol tutelar que le cupo al pensador genovés en la estética, conjuntamente a su accionar político: con su ensayo La peinture moderne en Italie, publicado en Londres en 1841, Mazzini se reveló como un sagaz crítico de arte; allí consagró al romanticismo pictórico como el movimiento que dio expresión estética a ciertos ideales del siglo. La muestra presenta las obras maestras de la tendencia, especialmente exaltada por la mirada mazziniana, como las de Canova, Appiani, Camuccini, Luigi, Francesco y Giuseppe Sabatelli, Pelagio Palagi, Massimo d´Azeglia y, notoriamente, Francesco Hayez, acaso el más inspirado de los románticos (La Ciociara, de 1862, y La meditazione, de 1861, sacuden por la rara confluencia de tonalidades calmas con la vitalidad expresiva de sus figuras).
En un lote destacado se evoca la gloriosa y dramática gesta de la Repubblica Romana (1848 - 1849), cuyos grandes protagonistas fueron Mazzini y Garibaldi. Un clásico óleo de Gerolamo Induno, Imbarco di Garibaldi a Genova (1860), despliega un cuadro colectivo en torno a una barcaza, con un horizonte flou de fulgurantes tonalidades doradas.
La sección restante de la muestra resulta más interesante a nuestros ojos contemporáneos. Condensa buena parte de la producción de los célebres Macchiaioli, el movimiento de artistas italianos que, liderados por Telemaco Signorini y Giuseppe Abbati, hacia 1853 discutían en el Café Michelangiolo de Florencia cuestiones de la política del momento y su posible correlato revolucionario en el arte, signado por el ideario de Mazzini. En el terreno específico de la estética se inclinaron a los espacios abiertos y a la exploración de alternativas cambiantes de la luz, rasgos por los que se los consideró un antecedente de los impresionistas franceses.
Un napolitano, Saverio Altamura, inducía a los jóvenes plásticos florentinos a interesarse por una nueva técnica francesa, el "ton gris", esto es, un modo de rescatar "il vero" del modelo natural reflejando el objeto en un espejo negro que filtraba los contrastes del claroscuro. Entre los que se dejaron seducir por esta exploración revistaban algunos de los que serían las cabezas salientes del movimiento: Cristiano Banti, Giovanni Boldini, Vito D´Ancona, los mencionados Abbati y Signorini y los talentosos Silvestro Lega y Giovanni Fattori. La práctica de este procedimientro derivó en lo que daría nombre a los cultores de la tendencia, esto es, la macchia (mancha), una acentuación del claroscuro, de donde procede la denominación de Macchiaioli.
Los temas dominantes de esta escuela (que alcanza su máximo esplendor entre 1853 y 1858) se cifran en los motivos al aire libre, instantáneas costumbristas en los campos y en los borghi (aldeas), vida doméstica, edificios monumentales (algunos, en ruinas) y, sobre todo, cuestiones históricas y militares. Buena parte de esta iconografía inspiró el despliegue plástico que Luchino Visconti plasmó en su film Senso (Livia, un amor desesperado, 1954), especialmente en las escenas de batalla.
Entre las telas expuestas en el Palazzo Ducale destellan algunas de las obras capitales del período, tales como Gli ultimi momenti di Mazzini morente (1873) y bocetos previos de esta obra de Silvestro Lega, de intenso impacto. Y, notoriamente, las piezas de Fattori, Soldati francesi del 59 (1859/60) y la célebre In vedetta (1872), cuya alucinante propuesta de serenos soldados a caballo en un espacio abierto, en el contraste cromático de un cielo amenazador de tormenta con la vasta claridad del muro y el suelo, se erigió en el afiche-estandarte con que se anuncia este rescate de un material pictórico imprescindible.


