Plateros argentinos
Piezas únicas y contemporáneas, creadas en la más noble tradición criolla y colonial, se exhiben en el Museo Nacional de Arte Decorativo.
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DESLUMBRA la creación de los plateros argentinos reunida en el Museo Nacional de Arte decorativo. Desde el ingreso en la primera sala del subsuelo, una mesa tendida con un servicio completo para 18 personas, realizado por Emilio Patarca en plata forjada, batida y cincelada de estilo altoperuano, invita con hospitalidad rioplatense a conocer la obra de estos artistas, que honran al país creando a partir de sus más nobles tradiciones. Ellos son "artífices de un quehacer que se confunde con el nombre de la patria, de un oficio que se renueva y suscita un interés creciente", según las oportunas palabras del director del museo, arquitecto Alberto Bellucci.
El conjunto exhibido reúne más de 200 obras de 24 plateros que están en plena producción. Parte de ellas integran el patrimonio, otras pertenecen a coleccionistas privados y las restantes a sus autores; estas últimas serán vendidas en una subasta pública de platería contemporánea posterior al cierre de la muestra, el 7 de julio, en el Banco Ciudad.
"Piezas únicas hechas hoy a la usanza de los viejos estilos -las define Roberto Vega, curador de la muestra-. Cada una está identificada con el punzón del platero y se detalla cuál ha sido en cada caso el metal empleado."
Desde la típica mesa colonial hasta la celebración litúrgica y la realización de prendas que distinguen al paisano de a caballo, el oficio de labrar la plata estuvo ligado a la vida argentina. Por un lado, la platería civil inspirada en vertientes europeas, originalmente españolas y portuguesas, luego inglesas y francesas, refleja esas influencias con un diseño americanizado mediante la creación personal. La platería criolla presenta características propias.
Roberto Vega destaca, entre la platería civil de influencia europea, la pureza de la línea de las piezas -sopera, salsera, guisera, candelabros- presentadas por José Gallardo, "un decano de la especialidad que trabajó anónimamente para las joyerías más prestigiosas y accedió, a los 82 años, a realizar obras para esta muestra; todos los plateros admiran la excelencia de su trabajo". El alto grado de perfección logrado se observa también en una chocolatera (Horacio Alvarez); una sopera con présentoire de plata batida a martillo en la que se combinan la factura altoperuana y un cincelado que recrea la ornamentación francesa (Adrián Pallarols); un juego de cubiertos (Daniel Escasany); una escribanía con tinteros (Juan Carlos Pallarols), entre otras.
La platería civil incluye las piezas de origen colonial, como las pavas de hornillo que se originaron en Lima durante el siglo XVIII para mantener la temperatura del agua. Se usaron poco en el Río de la Plata y hay muy pocas legítimamente antiguas. Entre las exhibidas se destaca una pieza con figuras de indios como soporte de la manija (Emilio Patarca), y otra de factura rectangular ochavada (Adrián Pallarols). Los sahumadores perfumaban el ambiente de la casa colonial mediante un recipiente que contenía agua y pétalos de rosa. Entre las piezas presentadas, las de Alberto Calatrava -quien define la platería como "una rama de la escultura, agregando el valor práctico al estético"- reproducen la forma de un ciervo, un toro, un caballo.
Platería criolla
Se exhibe una gran variedad de mates. El mate del paisano era el de calabaza, el del "gaucho de a pie". El de uso en la ciudad se decoraba con plata. Los plateros se inspiraban y creaban figuras acordes con la época y los requerimientos del cliente. Algunas de estas piezas recrean épocas de gran elaboración y están realizadas por notables plateros como Pallarols, Horacio Alvarez, Martín Viteri, Carlos Sala y A. Calatrava.
El uso y el lujo del paisano tienen aquí extraordinarios exponentes. Desde los cuchillos picazos, que combinan cuero y plata en la vaina, hasta las empuñaduras y vainas trabajadas con la factura característica de la platería porteña, apenas cincelada. En el otro extremo se inscriben las muy elaboradas piezas de la escuela olavarriense y las de Juan Carlos Pallarols y Angel Papasidero. Armando Ferreira representa el estilo olavarriense, originado por Dámaso Arce, desaparecido en l942, pero cuyas líneas y técnicas ejecutan hoy más de veinte plateros en sus talleres. También aplica la técnica y el cincelado de la platería criolla sobre gargantillas con formas de comienzos de siglo. Se exhiben chifles de guampas engarzadas en plata de Ricardo Rossi y Oscar Martínez; rastras con motivos nacionales de Grisel Sala y Adrián Pallarols; estribos, frenos y espuelas.
En el sector consagrado al caballo, ocupa el centro de la sala un recado completo de Carlos Sísaro, compuesto por cinco matras, carona de vaca y lomillo de suela con tapas de plata, cojinillo tejido con lana de oveja criolla, facón caronero, arreador, cabezada, fiador, riendas, manea, estribos y freno de plata. No falta nada.
Un gran crucifijo de plata laminada, repujada, cincelada y calada del muy conocido platero Juan C. Pallarols se destaca entre la platería religiosa.
Todos los estilos, los usos y las generaciones están representados en una muestra que jerarquiza el arte de los plateros, valorizado en décadas recientes por investigadores, coleccionistas (entre los pioneros, la colección de platería contemporánea de Carlos Daws, que dio origen a la del Museo de Motivos Populares José Hernández) y por el público internacional. "Es tan importante la platería antigua como la del fin del milenio", afirma Roberto Vega.






