
Praga, la ciudad literaria de Kafka
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Hay un modo de conocer las ciudades, que es verlas a través de los ojos de sus hijos dilectos -por caso, los escritores-, buscando primero los indicios en su literatura y después en sus actos concretos. Cuando no es protagonista, la ciudad es escenario, eco de las palabras de un escritor, un espacio geográfico nunca indiferente al hombre singular que la recorrió. O, como dice el escritor catalán Eduardo Mendoza, "una forma de encontrarse y desencontrarse, un modo de desaparecer sin irse a ninguna parte".
Asomarse de tal modo a una ciudad es un ejercicio de imaginación formidable, que permite ahondar en las obsesiones, los sueños, las frustraciones y la mirada de hombres en su mayoría irrepetibles. Como Borges y Buenos Aires, Joyce y Dublín, Proust y París o Franz Kafka, que de él se habla hoy cuando se dice Praga.
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El próximo lunes se cumplirán 123 años del nacimiento del autor checo, cuya obra conoció la Argentina el siglo pasado gracias a un traductor de lujo: Jorge Luis Borges. Con el auspicio de la alcaldía de Praga, el embajador argentino en la República Checa, Juan Eduardo Fleming, y el profesor Josef Cermák, miembro de la comisión directiva de la Sociedad y Centro Franz Kafka de Praga y especialista en su obra, idearon y editaron un "vademécum" de la ciudad natal del autor de "El proceso". Es una guía literaria completísima que recorre los lugares donde Kafka vivió, los establecimientos educativos a los que asistió, los cafés, teatros y círculos que frecuentó, los edificios donde trabajó, las casas y los comercios de sus padres, el cementerio judío donde reposan sus restos. El trabajo se completa con la indicación de los monumentos en su memoria y un mapa de Praga, en el que se individualizan los 40 puntos geográficos del recorrido.
Gracias al embajador Fleming, LA NACION accedió a cuatro de las ediciones de la guía, publicada en seis lenguas. Entre ellas, el español y el checo. En la introducción del vademécum, en cuya portada asoma la mirada del notable autor de "El castillo", el diplomático argentino traza las "fuentes de inspiración intelectual" entre Kafka y Borges: el yo y el otro, los laberintos, la repetición, la inmortalidad, entre otras. Cermák dice en el pequeño volumen que Borges y Eduardo Mallea fueron las "almas gemelas" que Kafka encontró en América latina. El vademécum de la Praga que habitó Kafka registra también minuciosamente los títulos de las obras que el escritor checo imaginó y escribió en los distintos sitios donde vivió, algunos de ellos desaparecidos a manos del "progreso".
Como escribió el autor chileno Carlos Franz, premio LA NACION-Sudamericana de Novela: "Es dudoso que haya otra ciudad en el mundo que pueda definirse con un solo adjetivo literario como ésta. Praga le pertenece a Kafka. No sólo porque acá están los lugares donde transcurrió la mayor parte de su vida, sino porque de ellos emanaron los sitios fundamentales de su imaginación, metáforas inevitables de la conciencia moderna".




