
Pueyrredón en Villa Ocampo
La casa de San Isidro es el escenario ideal para esta muestra, que incluye la obra menos conocida del pintor: sus paisajes de la zona, realizados en acuarela en el siglo XIX
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Pintar el retrato de Manuelita Rosas, la hija del dictador, era asunto de cuidado en una época sin medios de comunicación que atosigaran con imágenes. Tanto fue así que se conformó una comisión de notables para decidir qué vestido llevaría la señorita y, en otra jornada de discusión, se consideró cuál era la postura más digna para tamaña oportunidad, "adoptándose por fin que debería aparecer parada, con una expresión risueña en su fisonomía y en el acto de colocar sobre su mesa de gabinete una solicitud dirigida a su tatita", según se leía en la irónica descripción que hacía José Mármol en una crónica publicada en La Semana .
La tarea fue asignada a Prilidiano Pueyrredón, a quien los miembros más conspicuos de la sociedad porteña le encargaban sus retratos, no solo porque era el mejor pintor de la época, sino porque prácticamente no había artistas.
Prilidiano Pueyrredón, pintor de San Isidro es una muestra de sus pinturas que puede verse en Villa Ocampo , otrora señorial casa de Victoria Ocampo. La concurrencia masiva del público a esta Villa ha sido producto de un meticuloso trabajo de recuperación arquitectónica y organización de actividades.
Además, Eleonora Jaureguiberry, responsable de la Dirección de Cultura de San Isidro, quiere convertir la localidad en un polo cultural y planea reactivar el Museo Histórico Brigadier General Juan Martín de Pueyrredón, donde habrá una galería especialmente acondicionada para colgar 15 pinturas de Prilidiano.
Florencia Galessio y Paola Melgarejo -curadoras de esta muestra- seleccionaron una treintena de obras que dan una idea cabal del talento del artista. En sus retratos se nota la filiación con el neoclasicismo francés, particularmente con el de Ingres; manos afiladas, postura reposada y fondos neutros (excepcionalmente con paisajes o interiores) son algunas de las características de sus retratados.
En Villa Ocampo se destacan el de José Gerónimo Iraola (1864), con un excesivo entorno de sillas y sillones; en el de Trinidad Saravia de Huergo contrasta el enlutado vestuario con seis lujosos anillos, más pendientes de racimos de perlas. No menos interesantes son las obras costumbristas, como el pequeño óleo Patio porteño en 1850 ; en tiempos "políticamente correctos", como los que corren hoy en día, la figura de la negra con vestidos andrajosos que ayuda a recoger los huevos del gallinero adquiere una nueva dimensión.
Es poco conocido el autorretrato de Prilidiano que se encuentra habitualmente en el Museo Mitre; allí el pintor está vestido como cazador, rifle en mano, botas altas y acompañado por un perro; se lo ve regordete, de patillas abundantes y no demasiado apuesto (a pesar de su fama de rompecorazones); a lo lejos, cerca de una arboleda se recorta el perfil de un vacuno; un señor del público advierte la raza Charolais y especula sobre las fechas en que este bovino arribó al país.
Las curadoras han valorizado un aspecto menos conocido del pintor, el de sus paisajes en acuarela de pequeño formato; "el del Tigre seguramente habrá inspirado al eximio acuarelista contemporáneo Fermín Eguía", señala María Casado de Güiraldes, activa marchande de la zona y cofundadora de la Asociación Amigos de Villa Ocampo.


