Recuerdos escolares y literatura
LA VIDA EN LAS AULAS Compilado por Carlos Lomas-(Paidós)-475 páginas-($ 54)
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Memoria de la escuela en la literatura es el subtítulo de este bello libro que reúne textos sobre la escuela, escritos por autores de distintas épocas -desde Quintiliano a Antonio Muñoz Molina, pasando por Quevedo y Cervantes, entre muchísimos otros- a veces dulcificados por la nostalgia o matizados por el humor, otras veces implacables en su registro de crueldades y autoritarismo.
El editor de la obra, Carlos Lomas, catedrático español dedicado a la didáctica de la literatura y anticipa en su prólogo que la selección estuvo guiada por su gusto personal y por los alcances de sus propias lecturas. La aclaración explica de antemano algunas ausencias notables y también el perfil marcadamente español del conjunto. Salvo algunos pocos -R. Dahl, A. Camus, E. Canetti, G. Rodari, R.Goscinny, R. Crompton, P. Hoeg, F. Pessoa, Ch. Brönte, J. Saramago y J. Prévert- los autores citados son, en su abrumadora mayoría, de lengua española (algunos latinoamericanos), aunque la lengua gallega, la catalana y la vasca tienen también su lugar, siempre originales acompañadas por su correspondiente traducción.
Los títulos de cada uno de los doce capítulos del libro definen la perspectiva que organiza el recuerdo: "Memoria de la escuela"; "Maestros y maestras"; "La vida en las aulas"; "Compañeros, colegas, camaradas"; "Los amores escolares"; "Aprobar y suspender"; "La letra con sangre entra"; "El odio a la escuela"; "Monotonía en las aulas"; "Escuelas públicas, colegios privados"; "La imaginación al saber" y "Amor y pedagogía".
Hay escritos en los que la escuela aparece como llave del saber y del futuro, como un tesoro que se agradece recibir, y otros en los que el sentimiento predominante es el temor o la vergüenza, la sensación de estar prisionero dentro de un ambiente hostil. El maestro que acompaña con generosa dedicación el despertar de una vocación convive en estas páginas con aquel que se burla en público de la expresión de un niño; quien dedica horas de su tiempo libre, sin recibir por ello un duro de más, a enseñarle a un chico discapacitado contrasta con aquel que favorece en sus clases a los hijos de padres poderosos y golpea con mayor frecuencia a los más pobres. La lucha política que se libra en las aulas -muy presente en los textos que recuerdan la Guerra Civil Española- tiene su correlato en las presiones religiosas y en las disputas de poder entre maestros, directores e inspectores; lo que la escuela enseña como parte de su programa no siempre llega con tanta eficacia como lo que se enseña aun sin proponérselo: el sálvese quien pueda, por ejemplo, que alienta más de una delación entre pares con tal de evitar humillaciones y castigos del maestro. Con trazo impresionista, los recuerdos dibujan también sin proponérselo el ideal pedagógico que subyace a las historias escolares: qué es educar, qué y para qué enseñar, qué es saber, qué es autoridad, qué es ser niño, etcétera.
Entre el relato "Manu Forti", de Ramón Pérez de Ayala, que describe el castigo brutal de un maestro a su alumno en un colegio de curas -tal vez el más desgarrador de los varios que recuerdan la violencia como método privilegiado de enseñanza en el pasado- y los de Elvira Lindo, autora de la exitosísima saga infantil de Manolito Gafotas, median más de 50 años y una revolución que cambió para siempre el lugar de los chicos en la sociedad. En ese sentido, es una pena que en el conjunto predominen los recuerdos de la primera mitad del siglo veinte o poco más. Textos como los de Lindo, de humor inteligente e incluso feroz, permiten reírse también de las ilusiones pedagógicas de nuestra época y no sólo de las del pasado, tarea a todas luces más sencilla.
Tal vez porque hablar de la escuela es hablar de la infancia y de la adolescencia, la memoria que estos textos recuperan no se limita a las aulas: la vida en las calles, en el interior de las familias, en los pequeños pueblos o en las ciudades dan cuenta del lugar que ocupaban niños y jóvenes en cada uno de esos escenarios según fueron pasando los años. Al trasluz de la ficción y la poesía, el libro compone también una entrañable memoria polifónica de la infancia.





