Reflexiones cromáticas
En el manejo del color exhiben la fidelidad al camino elegido tanto Norberto Russo en sus paisajes nevados como Alicia Orlandi en la rigurosa geometría de sus obras de cuño vassareliano.
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NORBERTO RUSSO es un pintor de larga y reconocida trayectoria, Gran Premio de Honor del Salón Nacional, para mencionar el más importante.
Sería pues casi ofensivo destacar su obra como si se tratase de una primicia. Y pese a ello, en lo que a mí respecta como admirador suyo de larga data, debo consignar en estas líneas que la muestra de óleos y acuarelas que despliega en la actualidad supone haber alcanzado un nivel que lo coloca ya entre las grandes figuras del arte. Su Invierno patagónico , para dar un ejemplo, trajo a mi mente los paisajes nevados del Viejo Brueghel, que con justicia está considerado uno de los mayores pintores de nieve de todos los tiempos. Manejar el blanco (el más ingrato de los colores) en todos sus matices supone un grado de sabiduría que sólo puede alcanzarse con la mayor madurez.
Vistos a distancia correcta, los diferentes temas: árboles, ranchos o paisajes con agua, parecen resueltos a partir de pinceladas gruesas, de las que cubren la anchura del pincel. Pero acercándonos a nivel olfativo de la pintura, podemos apreciar que eso que parece logrado de una sola pincelada está determinado por puntitos aún más pequeños de los que nos enseñó Seurat. La nitidez de las formas engaña al ojo, haciéndole ver como sencillo algo que encierra la mayor de las complejidades.
No sólo por su paciencia china tiene Russo mucho de oriental. También hay que considerar su grado de penetración de la naturaleza, desde lo vegetal hasta la montaña y desde la montaña hasta el gran lago. Este grado de compenetración es algo más que destreza manual y visual. Se trata de una comunión que Russo ha logrado a un nivel que sólo puedo calificar de místico; esto es, un nivel que se adentra en las insondables regiones del misterio.
No creo que en este momento en el panorama del arte mundial exista en Occidente una sensibilidad comparable, capaz de sernos revelada con este grado de veracidad. Aquí lo bello deviene uno con lo verdadero.
( En Galería Zurbarán, Cerrito 1522, hasta el 28 de junio. )
Contrastes simultáneos
Alicia Orlandi es artista de larga y brillante trayectoria, alguien que se ha ganado el derecho para titular su muestra: "Serie Kleiana, Essex y otros módulos".
Por ello resulta grato leer el prólogo de Albino Diéguez Videla cuando nos habla de la "geometría interna de la naturaleza".
Esta fraseología que a menudo disimula un enfoque de mera superficie se torna en este caso altamente significativa, ya que responde a "leyes ópticas de contrastes simultáneos". Por ello también es acertada la cita de Vassarely: "El futuro se perfila como una nueva ciudad geométrica, polícroma y solar. El arte plástico será en ella cinético, multidimensional y comunitario ..." Tal vez Vassarely fuese demasiado optimista en su amor por el orden como opuesto al caos. Sus predicciones no abarcan tantas manifestaciones que a veces, con pretextos conceptuales, se lanzan contra cualquier tipo de orden, establecido o por establecer. Orlandi se nos revela fiel discípula de Vassarely, de los geométricos de larga tradición dentro y fuera del país. Sus microformas establecen campos visuales que dentro de una misma tela pueden dar lugar a dípticos o trípticos, según los diferentes acentos lumínicos de las distintas áreas.
Mi preferencia se inclina por las composiciones que integran el campo visual en un todo, para deleite del nervio óptico que recorre las microformas. Pero todo este andamiaje, que no desdeñó en tanto grabadora, las enseñanzas de Fernando López Anaya, de poca trascendencia sería si Orlandi no lo animase con esa vibración que los artistas creativos custodian como parte de sus vibrantes personalidades. Y Orlandi pertenece a esas huestes, nunca demasiado numerosas, de los que ponen esa personalidad al servicio de su arte y no a la inversa, esa moda penosa de poner el arte al servicio de personalidades que, por sobredimensionadas, aburren.
Contemplar una obra de Alicia Orlandi supone ingresar a la belleza por el camino del orden y la limpieza. Algo que, a este crítico al menos, le resulta grato.
( En Galería Atica, Libertad 1240, hasta el 24 de junio. )




