Rezar por las autoridades, para superar la decadencia

Jorge Rouillon
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7 de diciembre de 2009  

En las misas oficiadas en todo el país el último fin de semana, el Episcopado argentino convocó a rezar por "todas las personas que tienen alguna responsabilidad pública y, en especial, por los legisladores que asumirán en los próximos días."

Se invitó a rezar juntos por "un proyecto de nación que permita el desarrollo integral y la promoción humana, sin pobres ni excluidos, sin enemistades ni violencias, de cara al Bicentenario [2010-2016]."

La Comisión Justicia y Paz –órgano de laicos que preside Eduardo Serantes y que asesora el presidente de la Comisión de Pastoral Social, monseñor Jorge Casaretto– señaló: "Como ciudadanos, copartícipes de la vida social, política y económica de nuestro país, unámonos espiritualmente más allá de nuestras religiones y afiliaciones políticas, para pedir a Dios que ilumine a todas aquellas personas que tienen alguna responsabilidad pública y, en especial, a quienes asumirán en los próximos días como legisladores".

Con una tónica parecida, desde julio de 2001 no dejó de rezarse en las iglesias la Oración por la Patria. Se gestó en momentos de convulsión y fragilidad en el entramado ciudadano, cuando presidía el Episcopado el ahora cardenal Estanislao Karlic. Poco después, Karlic enumeró las condiciones éticas que debía tener el diálogo social si quería alcanzar los acuerdos que demandaba un "pueblo desconcertado". Fue al lanzar el Diálogo Argentino, el 14 de enero de 2002, junto con el presidente Eduardo Duhalde y el director del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, Carmelo Angulo Barturen.

El texto de la Oración por la Patria, que muchos fieles conocen de memoria, da idea de una gran preocupación: "Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Nos sentimos heridos y agobiados; precisamos tu alivio y fortaleza".

Ahora, cuando las tensiones sociales afloran y la confrontación lleva a dar un trato de enemigos a los adversarios, cobra vigor ese clamor de oración que habla de "amar a todos sin excluir a nadie [...] aborreciendo el odio y construyendo la paz."

En estos días, al lanzar una campaña de valores cívicos en la vía pública, el Consejo de Pastores de la Ciudad de Buenos Aires no dejó de marcar coincidencias con inquietudes de los obispos católicos.

Entre quienes se expresaron ayer estuvo el arzobispo emérito de Resistencia, Carmelo Giaquinta, quien señaló la nobleza de la vocación política, pero al mismo tiempo la degradación que ha sufrido en el país. Si las Fuerzas Armadas hicieron un mea culpa, apuntó, los grandes partidos no han intentado reconocer las responsabilidades que les caben en los traumas del pasado y la decadencia política, "la cual no ha cesado después del colapso de 2001." Dijo que "el último invento" fueron las "candidaturas testimoniales", que estimó una "vergüenza nacional".

Giaquinta invitó a orar para "repechar la cuesta de la decadencia." Y para que los legisladores tuvieran "la humildad de saberse sometidos a una ley superior, escrita por Dios en el corazón y en la naturaleza de las cosas, que ellos también deben obedecer."

jrouillon@lanacion.com.ar

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