Seducidos por los mass-media
En el Museo Nacional de Bellas Artes se exhiben trabajos de artistas que utilizaban los medios de masas para movilizar la conciencia de los espectadores.
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EN Buenos Aires, en los años sesenta, en el mismo contexto histórico-social en el que habían surgido algunas manifestaciones artísticas derivadas del pop art , apareció una tendencia ligada a una problemática nueva: los medios de comunicación de masas. En un manifiesto, fechado en julio de 1966, con el título "Un arte de los medios de comunicación", varios artistas dieron a conocer la existencia de esa tendencia experimental. Era evidente la influencia de las teorías de Marshall McLuhan. Este ensayista canadiense afirmaba que eran los medios (teléfono, cine, televisión, publicidad), y no los contenidos, los verdaderos mensajes de nuestra época. El medio que transmite la información tiene, sobre la conciencia del espectador, más influencia que la información misma.
Una fórmula de McLuhan, "el medio es el mensaje", fue adoptada como lema por los artistas. Roberto Jacoby, uno de los principales teóricos del grupo, decía que el arte y la vida debían caminar juntos, pero que, en ese momento, la vida estaba adelante del arte. Por eso proponía a los artistas que utilizaran los poderosos mass media , que les darían enormes posibilidades de comunicación, ligada a la vida.
Los creadores que se involucraron en la experiencia del arte de los medios formaban parte de una generación que buscaba, por todos los medios, transgredir los géneros tradicionales del arte: nada de cuadros, ni de esculturas, ni belleza contemplativa. Era una forma de oponerse a la sacralización del arte y a la comercialización de la producción cultural. No es extraño que una revista de la época, con gran despliegue gráfico, identificara a esa generación como "nuestros beatniks , rebeldes o ´mufados´, divertidos o iracundos, que propagan el evangelio de lo absurdo". Más adelante, el cronista preguntaba: "En sus obras y actitudes ¿qué palpita, además del amor al escándalo?".
¿Por qué son tan geniales?
Un auténtico mito del arte de los sesenta, que amaba el escándalo programado, realizó la primera experiencia con los medios de masas. En 1961 Alberto Greco hizo fijar, en el microcentro de Buenos Aires, afiches en los que se leía: "Greco: el pintor informalista más grande de América". Poco después reiteró la acción con otro cartel, en el que afirmaba: "Greco, ¡qué grande sos!".
Cuatro años más tarde, Puzzovio, Squirru y Giménez, artistas ligados al pop, realizaron una obra típica del arte de los medios, utilizando un enorme poster pannel , ubicado en la esquina de Florida y Viamonte. Sobre él fijaron un cartel (realizado por un artesano publicitario) en el que se presentaban a sí mismos, con grandes retratos, posando como artistas del espectáculo, con amplias sonrisas y coronados por la frase "¿Por qué son tan geniales? Es evidente la ironía sobre los medios de comunicación y su sensacionalismo explícito.
El arte de los medios, en esos casos, subvierte las prácticas de la comunicación publicitaria. La publicidad busca la mayor eficacia posible de mensaje emitido, atacando las líneas de menor resistencia del receptor, explotando inclinaciones subconscientes y promoviendo nuevas necesidades (usar cierto calzado deportivo, comer esta hamburguesa, beber una gaseosa con la que "todo va mejor"). Por el contrario, cuando el arte se introduce en los medios de masas, proyecta mensajes que no poseen la intención persuasiva del universo del consumo. Los mensajes estéticos son abiertos, polivalentes. En algunas ocasiones critican los contenidos de la industria cultural o intentan fundir la revolución política con la revolución estética.
En medio de los medios
En el Museo Nacional de Bellas Artes se exhibe la muestra En medio de los medios . Arte y medios en los sesenta , una notable revisión de ese arte que, sin duda, fue una efímera pero importante manifestación de la cultura argentina. La exposición presenta, casi sin omisiones, las obras realizadas por todos los artistas, músicos, bailarinas y teóricos involucrados en esa manera de "desmaterialización del arte". Entre otros, están presentes Dalila Puzzovio, Edgardo Giménez, Marilú Marini, Marta Minujín, Oscar Bony, Lea Lublin, Oscar Masotta, David Lamelas, el grupo Frontera (Estévez y Espartaco) y Tucumán arde.
María José Herrera, curadora de la exhibición, tuvo a su cargo la compleja tarea de mostrar obras que, en su mayor parte, ya no existen. Sobre la base de una investigación minuciosa y compleja, poco común en nuestro medio, logró presentar las experiencias con registros fotográficos, videos y grabaciones musicales conservadas en archivos. Todo convenientemente restaurado. El excelente montaje se complementa con textos que permiten comprender el sentido de cada propuesta.
Una de las obras exhibidas es una intervención sobre los medios realizada por Eduardo Costa, Raúl Escari y Roberto Jacoby en 1966. La intención de los artistas era producir todos los efectos de la noticia sobre un hecho artístico, difundida por los canales habituales de información, pero fraguando su contenido. Para ello realizaron un falso informe, con datos teóricos, detalles y fotografías (trucadas) del happening , titulado Primera obra de arte de los medios (conocido también como Happening para un jabalí difunto ).
Repartieron entre la prensa la información: se había realizado un happening en la casa particular de la marchand Susana Muzzio de Sáenz, en Vicente López. Estaban presentes el bailarín Antonio Gades, la modelo Mercedes Robirosa, el dibujante Divito, el escritor Dalmiro Sáenz, el psicoanalista Enrique Pichon Riviére, el crítico de arte de La Nación Manuel Mujica Lainez (que abstraído, dibujaba laberintos con su enorme lapicera) y muchos otros famosos. Revistas y diarios describieron minuciosamente los detalles de la acción, que terminó con un asado de jabalí, cazado por Dalmiro Sáenz.
Algunos medios complotados (una revista sensacionalista, una femenina, una de información general y una literaria) publicaron la noticia del happening . Como una catarata, otros medios repitieron la información, aderezándola con toda clase de comentarios insólitos. Pocos días más tarde, como parte de la acción, se desmintió el hecho en las mismas publicaciones.
Con esta operación, el lector fue informado sobre algo que nunca sucedió. Era el absurdo de un medio de información de masas "funcionando en el vacío". Los autores, justamente, pretendían poner en evidencia la manera en que la significación de los acontecimientos sociales se construye en los medios. El sociólogo Eliseo Verón, en el matutino El Mundo (en cuyas páginas se había suministrado la más sensacionalista información), señalaba que con ese operativo se mostraba cómo "el hecho mismo y la información sobre el hecho tienden a confundirse en la conciencia de quien consume la información como verdadera".
Entre los materiales exhibidos están los de Simultaneidad en simultaneidad y el Minuphone , de Minujín; El mensaje fantasma , de Oscar Masotta; Relaxing egg , de Margarita Paksa, y Situación de tiempo , de David Lamelas.
Lamentablemente, el Museo de Bellas Artes, que editó excelentes catálogos en los últimos años, no publicó el correspondiente a esta muestra.
( Hasta comienzos de septiembre, en el Museo de Bellas Artes, Av. del Libertador 1473. )



