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La primera vez que Ruth Benzacar quiso vender una obra, no lo logró. Le ofrecieron pagarle apenas el diez por ciento de su valor a mediados de la década de 1960, mientras su familia atravesaba dificultades económicas. Con su marido, Samuel, habían decidido desprenderse de los cuadros de artistas de La Boca que decoraban su PH sobre la calle Valle 351, en Caballito, donde vivían con sus dos pequeños hijos: Ariel y Orly. Allí comenzaría hace seis décadas la historia de una de las principales galerías de arte de la Argentina, pionera en la lucha por el reconocimiento internacional de los artistas locales contemporáneos, que celebrará el aniversario con un programa de actividades especiales.



