Sentido, sensación y sentimiento
Las obras de Diana Aisenberg, Ana Gallardo y Ana López suman sensibilidad e inteligencia a una irrenunciable mirada femenina
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Diana Aisenberg pertenece a la generación de artistas que en los años 80, neoexpresionismo mediante, reivindicó el gusto por la pintura, en momentos en que parecía sentirse el agotamiento de las prácticas conceptuales. Pero su forma de encarar esta disciplina siempre estuvo atravesada por procedimientos que la vinculaban con lo conceptual, incorporando la palabra al discurso plástico, enriqueciéndolo al entrecruzar analíticamente el tema, el soporte y el modo de representar.
Su muestra actual en Proyecto Sala 2 del Centro Cultural Borges (programa creado por Graciela Hasper), es un claro y gozoso ejemplo de lo dicho. La pintura se derrama sobre las telas y piezas de cerámica entre las que hay floreros, tazas, teteras, platos y objetos del más desfachatado gusto "kitsch": elefantes, cisnes y hasta una melancólica jarra de vino en forma de pingüino. El tratamiento dado a las piezas las hermana, indiferenciando vajilla y cuadros, ya que trabaja "pictóricamente" el esmalte cerámico y vuelve cristalinas las superficies de las pinturas. Esta aproximación no se limita sólo a las texturas. Los objetos tridimensionales y sus imágenes pintadas comparten formas y motivos ornamentales.
La ubicación de las pinturas --que incluyen la serie de las sombras de follajes y otras encantadoras "impresiones de paisajes"-- colgadas encima de sillones, mesas y estantes, trata de acercar la experiencia del arte a una manera más cotidiana, desembarazada de las solemnidades del museo, animando a una fruición desprejuiciada e intuitiva, donde lo decorativo es reivindicado con sutileza. La introducción del neologismo "combo" en los títulos remite al juego de posibles combinaciones de lo que se presenta a la percepción. Esto implica elecciones personales y alienta al espectador a prestar atención a sus sensaciones. La máxima de Aisenberg resume su postura: "Que haya un cuadro arriba de cada sillón y larga vida para los artistas". Amén.
(Centro Cultural Borges, Viamonte esq. San Martín, hasta fines de enero de 2004.)
Ellas
Desde comienzos de la década del 90 Ana López se dedica a una rama particular de la escultura, la imaginería, de la que toma el modo figurativo y la policromía y ciertos temas que recrean libremente la iconografía cristiana. Así se suceden en su producción santas, cabezas de mujeres con atributos simbólicos --algunos más relacionados con la obsesión que con la santidad--, sirenas y corazones. Desde entonces entreteje sus obras con la palabra poética, que es otra manera de afirmar la tradición imaginera conectándola con la narración mítico-religiosa.
En la instalación que muestra en la Galería de Alberto Sendrós, estas características encarnan en pequeñas figuras de cerámica. Representan una procesión de mujeres que detienen su andar ante una aparición. El poema que acompaña a la obra relata esta marcha que tiene como fin ir al encuentro de una revelación: la misión de la mujer preservando la vida y los vínculos humanos en un mundo en conflicto. Una pieza notable inicia el recorrido y anuncia el ingreso en un recinto sagrado: una pila de agua bendita en forma de corazón en llamas, ceñido por una corona de espinas, cita al de la Virgen Dolorosa y ratifica el estado sufriente y apasionado de toda mujer, más aún en su rol de madre. La instalación se completa con delicados dibujos realizados con lápices acuarelables que describen distintos momentos de esta perseverante travesía.
Patrimonio
Así titula Ana Gallardo (integrante del Grupo de la X en 1987), una instalación desplegada en otra sala de la mencionada galería. Apila, entre otras cosas, una bicicleta, una lámpara, una botella, un cuchillo, un sillón, una valija, una estufa, una camisa, una silla, un colchón, apenas visibles detrás de un prolijo pero furibundo envoltorio que las fija a la pared. Dentro de él queda accesible, sin embargo, un reproductor musical conectado a unos auriculares por los que se puede escuchar a la cantante popular mexicana Paquita la del Barrio. Por encima de su voz suena la de Gallardo que, con desentonado fervor, canta al unísono un lacrimógeno bolero titulado "Cómo voy a vender", que describe la obstinación de una mujer que se aferra a las prendas dejadas por su amado ausente.
Este es el tema de la obra que incluye además una serie de dibujos hechos con lápiz, acuarela, carbonilla y tinta sobre papel, que se distribuyen sobre la pared que enfrenta al envoltorio, cuyos componentes están representados en estos dibujos uno por uno, reiteradamente y desde distintos puntos de vista.
La artista aspira a transmitir la intensidad que los elementos más cotidianos pueden adquirir cuando intervienen en una historia de amor. Gallardo recurre al "ready--made", pero en vez de buscar objetos de consumo lo más indiferentes posibles, como quería Duchamp, utiliza aquellos revestidos de fuerte memoria afectiva, los que quedan en una casa producto de la convivencia, transformados en mudos testigos de las distintas fases por las que atraviesan las relaciones sentimentales.
Reproduce el mecanismo de enumeración del bolero, describiendo en los dibujos cada objeto con entusiasmo académico y sensibilidad, al mismo tiempo que los presenta en su realidad material. La sujeción por medio de la cinta de enmascarar que usan los pintores implica una doble operación: de retención y de clausura, reconocimiento de un pasado que sólo existe como recuerdo, pero al que nos aferramos como a la existencia.
(Galería Alberto Sendrós, Pasaje Tres Sargentos 359, hasta el 31 de diciembre)




