Ser Julio Chávez
El actor de Yo soy mi propia mujer habla de su infancia, de la relación afectuosa y compleja que mantuvo con su padre y de los secretos de un ofi cio que, según confiesa, le permitió encontrar su propio lugar en el mundo y recrear positivamente los vínculos humanos mediante la valorización de la palabra
1 minuto de lectura'
Para LA NACION
En esta patria idolatrada y en el mundo conocido, ¿cuál podría ser hoy el más rotundo negocio? Respuesta: la fabricación de redes multiuso. A ver, ¿por qué? Porque así en el circo como en el humor, en la política, en la literatura, en el cine, en la plástica, en el teatro, son muy pocos los que se animan a saltar y, entre estos, demasiado pocos se animan sin red. Y saltar con red es un fraude legitimado. Damas y caballeros, así no vale.
Hacer como que transgredimos o polemizamos, como que decimos malas palabras, como que desnucamos usos y costumbres y vanguardias está a la orden del día: es la orden del día. Los alardes calculados, la estrategia del escándalo, son trampas envilecidas por lo módico. No, así no vale. Y si así vale, ¿qué gracia tiene?
A ver si nos entendemos: hacer como que nos cortamos una oreja, o cortarnos la oreja, ya no basta. ¿Y si nos cortamos las dos? Quién sabe. Porque habrá que ver si nos cortamos las orejas para asombrar a los suplementos culturales o porque realmente hemos descubierto, de cuajo, que no podemos vivir sin ella, la Vida, y descubierto también que ella, la muy perra, sí puede vivir sin cada uno de nosotros.
Más que sospecha, tengo la fuerte impresión de que Julio Chávez (actor, autor, director, docente, escultor), intente lo que intente, aborrece el uso de red.
Más allá de los galardones, el arduo Chávez es un hombre en estado de pulseada. Alguien que no da, porque no se da, tregua. La conversación no arranca fácil. Eso de romper el hielo con un comentario intrascendente aquí no va. Como decía Serafín Ciruela, al hielo no hay que romperlo, se tiene que derretir.
Su casa, ordenada, luminosa, somera, da sobre la Plaza Cortázar, sitio poblado de restoranes, emporio de ruidos habidos y por haber.
-El bullicio de este Palermo te debe de afectar.
-No me afecta nada. Me afecta que haya vecinos que molesten a los que quieren trabajar. Actúan como si tuviesen el manual de las buenas costumbres. Pero el mundo cambia, y los quejosos tienen el beneficio de que la zona se encarece; ahí no se ofenden. Me tocan el timbre para que firme protestas. No firmo nada. Además, a mí el ruido y el movimiento me gustan.
-Te suponía amante del silencio.
-Yo rendí quinto año libre estudiando en un bowling , música más bolos. Cuando el ruido amainaba yo me desconcentraba.
-Quinto libre, ¿por?
-Para entrar antes en el Conservatorio [Nacional de Arte Dramático]. Se lo planteé a mi papá y de las doce materias rendí nueve, así que no tengo el diploma del secundario.
-Qué bonito.
-En mi caso fue bastante bonito. Porque cuando estaba por dar las tres materias que me faltaban, hice mi primer trabajo en No toquen a la nena , de Juan José Jusid; tenía 18 años. Y ya empecé a trabajar como actor.
-Te aburrías en el colegio.
-Mirá, la palabra aburrido en mi vida no existe. Puedo saber lo que son otras palabras: desesperanzado, desesperado, amordazado, impotente... pero aburrido no. Es un término que me produce mucha violencia porque me parece que es una manera casi violenta de desvincularse de otra cosa.
-Te va la palabra tedio.
-No es lo mismo. Para mí el tedio es hacerse cargo de un sentimiento; conlleva una actividad afectiva en relación con lo que sucede. Pero la palabra aburrido parece ser una crítica
-El protagonista de El extranjero de Camus encarna el tedio.
-A ver: el aburrimiento es una manera frívola de hacerse cargo del tedio. Hoy se escucha: "¿Le gustó la obra?" "Algo aburrida." Detesto eso, ¿qué se quiere decir? Lo mismo cuando se opina "ese libro no me dice nada". ¡Nada dice nada! Todo dice algo para aquel que tenga disponibilidad de escuchar. Nos tenemos que hacer cargo del lenguaje... El "no me dice nada" yo no lo puedo permitir.
(Llama la atención la vehemencia con que Chávez desmenuza aun los comentarios menudos. Cambio de asunto:)
-¿Naciste en Buenos Aires?
-En el Hospital Alemán, 1956, el 14 de julio. Según mi madre, mi nacimiento casi se produce en el taxi. Soy descendiente de padre alemán y madre que nació casualmente en Italia, de padre egipcio y madre vascofrancesa.
-Chávez, ¿alemán ?
-Es inventado, mi apellido es Hirsch Mi madre es Jabes, y buscando qué nombre me iba a poner, en una época donde era común cambiarse el apellido, el 75, 76, Jabes me pareció que no, y salió Chávez. Un acto de consecuencias fuertes, se ha estampado en mi persona ese nombre.
-¿Ese cambio te resultó doloroso?
-Lo hice casi con... inconsciencia. Irresponsabilidad... puede ser.
-¿Vive tu mamá?
-Tiene 81 años. Cuenta que conmigo tuvo un embarazo muy traumático, que yo pateaba mucho, pero el parto fue como un bálsamo. A mi padre mi nacimiento le dio el día más alegre, más feliz de su vida; había tenido el hijo varón y consideró cumplida su misión en la vida. Un año y medio antes había nacido mi hermana.
-Veamos un poco lo de la misión cumplida de tu padre.
-Ehhh, bueno, estamos en el campo de la interpretación: calculo yo que como judío que tuvo que escapar y habitar una tierra que no era la suya, con un lenguaje que no era el suyo, en tiempos de generaciones despedazadas, para él tener un hijo era una manera de inscribirse en la posibilidad de la eternidad... según su cabeza, ¿no? Y de hecho, cuando nace un hijo judío en Israel se planta un árbol con su nombre. Mi padre tiene un árbol con su nombre andá a saber dónde mierda está ese árbol. Así, yo tengo un árbol. Mi padre vino a los 13, en el 38 creo; con la hermana y la madre. Su padre había estado acá desde dos años antes y murió al día siguiente que llegaron ellos. Historia fuerte, como muchas Mi padre, recién llegado y sin padre, salió a buscar trabajo de lo que él era, lustrador de muebles, brillante lustrador a muñeca. La goma laca él la preparaba, me acuerdo perfecto.
-Recién llegado, 13 años y esa muerte
-Y sin saber una letra de castellano. Me contaba que el alcohol con el que preparaba la goma laca lo tomaba en invierno para calentarse. Lo que habrá sido eso. Mi padre, Eugenio, murió a los 65 años, muy joven Estuve muy cerca de él los últimos tres años de su vida, cuando se decretó su enfermedad. Años de una sobrevida, o vida. Sobrevida digo porque superó lo que los médicos me habían dicho. Y así como él sintió orgullo de tener un hijo, así yo me sentí orgulloso de poder acompañarlo y... despedirme.
-Lo contás sin sombras.
-Porque en esos años a mi padre lo disfruté. Así como, dicen, los padres disfrutan a sus hijitos, yo diría que disfruté, casi, la agonía de mi padre, como un hecho que es parte de la naturaleza del hombre.
-Te vio actor y también te disfrutó.
-¡Sí, sí! Enormemente me disfrutó. ...l era incondicional para conmigo, un hombre muy tierno, muy amoroso y con algunas debilidades que traen sus problemas. Me refiero a alguien un poco aniñado.
-¿Candoroso o ingenuo?
-Yo diría que le faltaba un poquitito de virilidad. Ser un poco más agresivo. Más ariano, más guerrero. Por lo menos para mi gusto. Pero, bueno, lo guerrero que él no fue lo fui yo.
-Te reconocés guerrero.
-Yo soy aguerrido, soy agresivo. Me defiendo. Y puedo atacar. Y tengo una voluntad bastante direccional.
-¿Sos tenaz o porfiado?
-Soy tenaz. Porfiado, no.
-¿Y tu mamá cómo ?
-Es una mujer que respeto enormemente. No tenemos el trato común de madre e hijo. No es una madre hinchapelotas, no es la madre clásica, no. Y yo no soy el hijo clásico tampoco. Nos tratamos con mucha formalidad, cuidado. Porque lo otro no funcionó, es como en las relaciones de excesivo amor en las que después uno necesita distancia. He hecho con el amor que siento por ella mucha obra, pero poca cosa directamente con ella
-Tu madre, ¿más agresiva que tu padre?
-Sí, de una manera poco consciente. Pero los dos tienen una característica: son buenas personas. Nunca los vi ocupados en hacerle daño a alguien. No vi un gesto de rencor en ellos. Jamás.
-¿Y este Julio Chávez puede ser rencoroso?
-Soy rencoroso. Y puedo ser muy rencoroso. Sí.
-¿Qué tipo de cosas te desatan eso?
-A veces estupideces una mala mirada, un intento de querer doblegarme, minimizarme, sobrarme. En esto funciono muy diferente de mi padre. ...l me decía que cuando estaba en Alemania la maestra les pedía a él y a otro compañero judío que se fueran de la sala, porque obviamente iban a hacer proselitismo. Mi padre creía que la maestra lo sacaba porque lo quería, para que él no escuchara lo que ella iba a decir. Claro, una manera que él tenía de acomodarse a lo que es el otro.
(Chávez se levanta. "Es una pena que no tomés tu café. Me vas a disculpar, tengo que ir al baño..." Se frena y señala: "Este grabador hay que apagarlo bah, si querés grabar el sonido del silencio, grabalo." Vuelve y retomo:)
-Me quedé pensando: admitís que podés ser muy rencoroso. En la intimidad de los ensayos, donde todos están en carne viva, por los pánicos y la competencia, ¿cómo te las arreglás?
-Sí, en el teatro todo está a flor de piel, pero también hay mucho más lenguaje para articular eso, más autorizaciones. Es un espacio donde hasta podríamos llegar a hacer algo con eso no social. El problema estaría para mí en una oficina, donde todo es tomado como realidad; donde tienen un lenguaje solapado, donde no se puede hacer nada con eso, que se acumula Allí la subjetividad se vuelve una verdad silenciosa que no se puede articular. Y todo eso que no tiene expansión va a parar a la columna, va a parar a la joroba, va a parar al estómago, a comer en silencio, aguantar, aguantar... en fin, La tregua . El pibe que se tiene que bancar que el patrón le diga "che, boludo", "che, boludo " Una catástrofe.
-¿Será que los actores tienen una especial capacidad para disimular ese torneo de celos y miserias?
-Yo te retrucaría esto. Hoy en día el actor es casi el ejecutante de las escenas más ingenuas y naif de la humanidad. Comparemos: ¿cómo hace Bush para salir y hablar? ¿Cómo hacen los políticos que se ofenden y se saludan y no se saludan y se hacen los simpáticos con la gente? El actor ha quedado como un ingenuo... La verdad es que la vanidad del actor me parece hoy casi tierna. A mí me preocupa el ego del actor cuando le imposibilita, como humano, poder expresarse Cuando está condenado a un yo que lo tiene de las narices y no puede zafar, ahí lo lamento, estamos en un problema. Lo de los actores hay que desmitificarlo. El hombre cotidiano repite treinta años la misma escena, está condenado de por vida. Monstruoso.
-Recién, a la palabra "alegre" le agregaste la palabra "feliz" refiriéndote a tu padre al ver que habías nacido varón. Algo más querías decir
-Mi padre sufrió un shock emocional cuando nací, a las ocho y cuarenta de la mañana, en un día de invierno. Me cuenta mi madre que se descompuso porque se había comido una bolsa de caramelos Bonafide, de chocolate. Iba escondiendo los papelitos debajo de la cama.
-¿Se permitía las lágrimas tu padre?
-No en la medida de su profundo dolor. Mi padre tenía un dolor, muy añejo, que nunca sé si lo pudo articular. Yo supongo que le fue muy duro abandonar su hábitat. Odiaba Alemania y amaba la Argentina, pero hablaba siempre de su casa lejana, de la puerta de su casa... Mirá, cuando volvió a Alemania, fue hasta el lugar donde había nacido y... llegó hasta la esquina y no pudo seguir. Vio que la casa estaba, pero no se acercó. Situaciones... mucha gente las pasó y mil veces más atroces. Es toda una generación que ha hecho del recuerdo y la memoria un hecho muy particular: han recortado, empalmado, editado, y hay algo vivido y hay algo recordado, pero lo vivido no es lo recordado lo vivido andá a saber lo que fue. Son como parches, una negociación entre lo que se soporta y lo que no Bueno, calculo que nuestra personalidad está configurada así, en esa negociación
(Los puntos suspensivos, en Chávez, tan frecuentes, tienen, por su duración y densidad, un valor muy significativo. Durante ellos con frecuencia cierra los ojos para mirar hacia adentro, a veces como si escarbara buscando el hueso escondido, a veces como si buscara una hoja traspapelada No, no se da tregua.)
- de mi padre recuerdo, más que sus palabras, un gesto de advertencia, como diciendo: se hacen los piolas porque no puedo explotar, pero si yo explotase... Tenía ese gesto como de sometimiento como quien dice: mirá, mejor que no te conteste. Siempre creí que tenía en su interior una expresión que nunca había sacado. Hoy creo otra cosa: que él tenía un algo que nunca llegó a expresión Amenazaba con que tenía un lenguaje que prefería no decir y yo creo que nunca hubo lenguaje ahí, eso era como una pulsión de algo que hubiera podido ser lenguaje. Y yo creo que mamé eso e intento que eso tenga lenguaje.
-Si te pregunto qué heredaste de tu padre
- yo te respondo: pulsión expresiva. Un algo y yo me ocupo de que ese algo hable. Bueno, no estoy siendo infiel a nadie, trato de ser el mejor traductor posible, pero siempre soy un traductor, como dice Pirandello, un ilustrador de eso.
-Te quedaste tildado en el "eso".
-Porque eso, tal cual fue, nunca se va a poder articular. Pero yo prefiero articularlo antes que caer en la promesa de mi padre, de decir que era mejor callarlo.
-¿Cómo lo pasaste en la escuela?
-Nada lindo mirá, me era muy difícil tener lugar. ...ramos judíos, pero judíos pobres, relegados; a la tradición judía mi padre no pudo conservarla. En el barrio éramos los raros, los más extranjeros, porque los italianos o los españoles no eran extranjeros. Me era muy complejo pertenecer a ese barrio de Núñez. Muy difícil participar, no me gustaban el fútbol ni las figuritas, sí las bolitas y jugaba un poco pero...
-¿Pero?
-Hacía todo eso para tener amigos, pero... mis juegos consistían en organizar una venganza.
-¿Una venganza hacia quién?
-Hacia el mundo (Risas.) Jugaba a que iban a venir en platos voladores y me iban a dar el anillo del poder, el anillo de la justicia, esas cosas, juegos solitarios donde la imaginación era muy potente. No recuerdo a la gente como algo amoroso.
-Y ahora, ¿cómo ves a la gente?
-De todo un poco hay Difícil, muy complejo: cuando era chico la veía como una multitud que me rodeaba y no podía hacer nada, una condena... Ahora estoy ubicado en otro lugar. Por suerte tengo una profesión donde lo humano es materia prima primordial Hoy, el teatro, el lenguaje, hacen que todo lo que recibo pueda ser tamizado, traducido, comprendido de otra manera. A partir de la adolescencia, cuando adquirí más lenguaje, rodaron las primeras cabezas, empecé a preparar mi batalla... Me causa gracia porque... estoy exagerando.
-¿En qué momento atisba el actor?
-A los 15 años, de casualidad, tuve el primer contacto con un grupo de teatro. No iba al teatro con mis viejos, nada. En mi casa lo único que había relacionado con el arte era la colección de discos de pasta alemanes que mi hermana y yo fuimos violentamente transformando en ceniceros; los ablandábamos con el fuego.
-Discos que mutaron en ceniceros. El único contacto con el arte.
-El único. Nada más. Ni íbamos al cine.
-¿Algún libro de adorno?
-Nada. En mi casa el objeto libro era algo que estaba en un idioma que uno no sabía qué carajo era, algo con una escritura y una impresión que andá a saber Pero un día fui a una colonia de vacaciones y una chica me dijo si quería hacer teatro. Le pregunté qué era eso. Y me dijo: "Vos me matás y yo me hago la muerta". Yo me dije: creo que acá hay algo interesante, esta es la mía. Porque podía matar y no hacerle daño a nadie... ¡qué mejor venganza que esa! Creo que esa chica se llamaba Susy. Creo. Y el profesor que teníamos en el IFT creo que se llamaba Miguel. Creo. Estuve un año y medio ahí, y yo sentía que el profesor Miguel me quería Yo no era mirado en general como una persona con atributos positivos. Como soy sumamente sensible a la mirada del otro, muy... dependiente, que el otro me mirara y me aprobara era algo que Creo que ahí empezó a despertarse en mí un pequeño espacio, lento.
-¿Y tu primera vez en un escenario?
-En la escuela, haciendo de Cristóbal Colón. El director, Chiapes se llamaba, creo, le dijo a mi mamá: "Hágalo estudiar teatro". En tercer grado era Ah, perdón, tengo otra experiencia que fue a los 15 en una institución judía, el NCI. Allí trabajé en una obra de Osvaldo Dragún, Los de la mesa 10 . Y otra que se llamaba Las pelotitas , que era de un hombre que le agarraba un flemón y moría. Hice una función ahí y me ovacionaron Muy fuerte para mí, era lo único en lo que yo me distinguía.
-Contame qué te pasa cuando estás adentro del aplauso.
-Mirá, el aplauso cuando es corto, duele. Y cuando es largo, no tengo cara para sostenerlo. Como el halago. Un halago cortito, bueno. Un halago largo no, porque si lo sigo sosteniendo mi coeficiente empieza, segundo a segundo, a bajar a zonas infernales. Ante el aplauso largo me digo: ¿cuánto más voy a sostener la cabeza haciendo así así? No, no puedo más. Entonces bajo la cabeza y pido que basta.
-Cuando recibiste el ACE de Oro, te sostuviste una eternidad en la cornisa, entre la emoción y el llanto. Impresionante tu pulseada.
-En ese momento dejé que se articulara la escena de algo que me estaba sucediendo y utilicé el buen oficio, que es dejar que se haga, lo más libremente, la escena de aquello que está sucediendo. Era una escena y, al mismo tiempo, era verdad.
-La palabra "escena" suele usarse como sinónimo de simulación.
-Yo no relaciono más la palabra "escena" con mentira. Se puede hacer una escena bien o se puede hacer mal, pero todo es escena. ¡Todo es escena! Creo que el hombre está condenado a la representación de todo... El padre le enseña al chico, el chico copia formas. Así aprendemos a ser hombres. El hombre es el animal de la escena. Lo mío frente al ACE fue una articulación de lo que me pasaba. Hubiera podido hacer otras escenas, pero esa era la única y le dejé fluir, colaboré y también colaboré en que había que frenarla. No me iba a poner a llorar ahí.
-Creo que la esencia de tu trabajo actoral salió a relucir en esos minutos de tenso y delicado equilibrio. Una gran emoción valorizada por un extraordinario control.
-Yo tenía ganas de eso, lo disfruté, no estaba dispuesto a hacerme el cool . Puedo actuar pero a mí no me es indiferente nadie. Nadie. A mí el otro me hace. Y mucho. Y me puede afectar enormemente.
-Te funciona "el qué dirán".
-Yo tengo un policía interno muy grande. Soy muy cana, a veces un poco retrógrado, hasta victoriano. Tengo, en ese sentido, algunas taras, no soy una persona ajena a la mirada social. Soy bastante prisionero, ignorante, sumiso, bastante asimilado. Y, por otro lado, tengo mi gran cuota de poder zafar de eso cuando puedo articular algo en mi trabajo. Pero fuera de eso puedo ser cerrado, cana, convencional
-¿Fascista también?
-Fascista. Un fascista que por suerte no tiene el 99 por ciento en el Parlamento Pero esto también forma parte de mí, tiene participación en los votos... Contengo una tripulación. Mirá, como actor y director y autor es imposible que no esté atento al qué dirán, porque todo el tiempo estoy preguntándome: qué se verá, qué se dirá, cómo se lee... Yo tengo muchísimos espectadores internos, que tienen opinión. Y los escucho, sí, porque forman parte de la fábrica. Yo intento aprender a ser el mejor gobernante del mundo. Intento.
-¿Qué entendés por gobernar?
-Gobernar no es fácil, no es dominar; gobernar es aprender a escuchar, a mirar, a correrse, aprender a mandar y a no mandar. No es nada sencillo gobernar. Para mí la palabra gobierno en nuestro trabajo es tan importante como la palabra técnica, oficio, expresión... Es imposible que una persona pueda expresarse si no tiene gobierno.
-¿Y la inspiración?
-La inspiración es como un regalo que cada tanto viene. Como el olor del jazmín, está, solo a veces se manifiesta.
-Veo detrás de vos tus esculturas. ¿A esto le das un lugar semejante al del actor?
-Sí, en mi formación, absolutamente, aunque no en mi producción actual.
-Obligado por una dictadura imaginaria, si tuvieses que elegir una sola actividad
- elegiría la docencia Mirá, mientras tenga el lenguaje y la palabra algo voy a hacer... Yo he sobrevivido gracias a la imaginación. Mi gran alimento ha sido siempre mi fantasía. La única forma en que yo no podría vivir es si me dijesen: te vamos a quitar tu subjetividad. Entonces pediría: mátenme.
-Dijiste docencia y pensé en Agustín Alezzo, tu director en Yo soy mi propia mujer.
-Alezzo es un hombre que tiene un alma artística. En el interior del teatro es una huella fundamental, es un ejercicio de ética, de mirada, de templanza, de humor... es una personalidad. Es un único, es un camino. Por suerte, como es un camino, es irrepetible Alezzo es un ejemplo pero no para seguir su huella sino para la construcción de la huella de cada uno. Tiene mucha gracia, es muy tierno, muy inteligente, sagaz
-Vos le señalaste cierta cuota de maldad.
-Sí, durante el ACE dije que Alezzo tiene la cuota de maldad necesaria para los avatares de esta profesión. La maldad que digo conlleva su ética Y me parece que es parte de lo blanco del hombre, yo no le veo lado oscuro a eso.
-Algunos opinan que la maldad es lo que prevalece en la condición humana. Otros dicen que prevalece la bondad.
-Yo no diría que es bueno o malo, yo digo que el hombre puede ser malo, es una posibilidad. Que la practique, porque es posible (Risas.) Volviendo a Alezzo: él tiene esa cuota de maldad, y la acepta; tiene que ver con el humor, con la sobrevivencia Yo lo he visto parar cada pingo. Es un hombre de una profunda humanidad y respeto, es encantador, amante del trabajo, lector hermoso, joven como el más joven, con una mirada absolutamente limpia, no está encerrado en los -ismos...
-Viéndote actuar en Yo soy mi propia mujer, me pregunto cómo llegaste a esa prodigiosa síntesis que a uno le modifica desde la respiración hasta las pulsaciones.
-Hay encuentros, y con este personaje se me produce un encuentro, una posibilidad de sentar a la mesa a varios conocidos y decirles: señores, los he convocado para... Son varios roles, varias cuestiones vividas y varias cuestiones del oficio. Se amalgama aquí un buen momento de mi oficio con un papel donde tengo la despensa llena de material para regalarle... Este espectáculo para mí tiene carácter de tesis. Me siento obligado a tener que articular qué entiendo yo qué es un actor.
-¿El ego cómo interviene en todo esto?
-Esto no lo podés hacer sin ego. Pero guay con el ego con que lo hacés. En esto tenés que ser un pavo real, pero hay que ver qué tipo de pavo, cómo abre las plumas y en qué momento.
-El espectador siempre importa, pero en esta obra, ¿importa cómo?
-Para mí el espectador es protagonista absoluto de este espectáculo. Siempre lo es, pero en este... hay un relator y una audiencia. Tiene sus grandes riesgos, porque entre otras cosas le tengo mucho, muchísimo miedo al público. Yo siempre creo que el espectador es alguien a quien tengo que conquistar, nunca creo que lo tengo a mi favor.
-¿Pensás que el público está a la defensiva?
-Yo estoy a la defensiva, soy un típico paranoico. Pero tengo mucho espíritu de conquista y quiero luchar esa batalla. Ahí está el guerrero, ahí está la venganza.
-¿El guerrero reconoce algunos miedos?
-Yo soy una persona muy miedosa.
-¿Podrías ventilar tus miedos?
-Mirá, cuando tenía 8 años me iba a dormir con un palo de amasar y una sartén debajo de la cama para defenderme cuando vinieran a atacarme. Así nomás te lo digo Yo soy una persona de mucho fantasma, mucho imaginario, mucha construcción de monstruo. Y, por otro lado, miedoso de cosas a las que está bien tenerles miedo.
-¿Por ejemplo?
-Miedo a la violencia, la de los demás y la propia. De extremarme al punto de poder lastimar...
-¿Te agarraste a trompadas muchas veces?
-Jamás en mi vida. Jamás.
-¿Recibiste trompadas?
-No muchas. Un compañero en la primaria me dijo "judío de mierda" y me pegó una piña en el estómago que me cortó la respiración.
-¿Y tu violencia cómo se manifiesta?
-Con la ironía, porque en ese sentido puedo pegar más fuerte que con una piña. Puedo ser violento verbalmente, pero me quedo muy dolorido después.
-Pedir perdón, ¿podés?
-Sí, yo puedo pedir perdón. Con dificultad.
-Asoma el rencoroso. Tal vez algo de timidez, de orgullo...
-Conmigo me cuesta ser más piadoso, no tengo mucha capacidad de perdón, no Pero está bueno tener más cintura. Algo me decían mis padres, ahora creo que tenían razón: "Julio, no es para tanto". Y bueno, hay veces que me dan ganas de decírmelo Lo que pasa es que el tanto y el exceso también son una compañía, ¿sabés? Pasa que yo he sufrido de mucha soledad. Entonces, los fantasmas, el palo de amasar, grandes enojos, grandes venganzas... todo eso me acompañaba
-¿Sos casado, tenés hijos?
-No.
-¿A esa soledad te referís?
-No, no, no; a una soledad primaria. Aunque yo no me considero una persona sola, no. Casi te diría que estructuralmente tengo algo de una profunda soledad. Pero la soledad, uno, cuando es grande, la puede limitar.
-Bueno, Julio, parece que hemos arribado al temita de la muerte.
-No puedo imaginarme otra cosa que no sea la vida. Me da espanto pensar que haya algo que es no vida.
-El asunto de la muerte te turba y te perturba.
-No hay día que no me asalte esa idea. Me produce escalofrío, vértigo. No sé... la verdad es que no creo en otras vidas; no, no, no. Esto se termina absolutamente. Hay un 99 por ciento mío que es finito, y tal vez una décima parte que es eterna. Esa décima es lo que me constituye como humano: el pensamiento, el lenguaje.
-Hablás de la muerte esquivando la palabra, la tenés muy presente.
-Absolutamente. Mirá, casi te digo que la ensayo diariamente A veces pienso: Dios mío, cómo es ese segundo antes... la conciencia de la despedida... La verdad, yo... no me quiero dar cuenta, no me quiero dar cuenta, prefiero... nada, no, no quiero
-Recién dijiste "Dios mío". ¿Dios con mayúscula o con minúscula?
-No tengo una religión, tengo sustitutos Para mí, ya intentar pensar, eso es Dios. Y también está la palabra Dios, en el imaginario que tengo, inevitable, que me sigue pareciendo lo más pueril del mundo.
-¿El tema del suicidio te desvela?
-Yo no me lo imagino para mí pero sé que es una posibilidad.
-¿Y tus sueños de almohada?
-Mis sueños más recurrentes tienen que ver con casas bombardeadas, mansiones rehechas, pisos destrozados, techos volados... son mis sueños más fuertes.
-Sueños desoladores.
-No, porque siempre a esas mansiones las vivo como espacios reconquistados, castillos que yo recupero, como si fuese el sueño de mi vida, que me llaman por teléfono y me dicen que he heredado una mansión con 95 salones Yo tengo algo en mi experiencia de un supuesto reino al cual debo volver, una supuesta fortuna que tengo que reconquistar.
-Solo en los sueños.
-Y en la vida también. Tengo afán aristocrático, una veleidad. Pero también una realidad aristocrática. El hombre en sí mismo es aristocrático, si entendemos por eso a aquel que se destaca . El simple alumno iniciático que de golpe aborda un ejercicio y logra que el lenguaje se despierte y salga de la chatura cotidiana se transforma en aristocrático.
(El que se enfría es el segundo café. Casi como en un recreo, nos encontramos hablando de gustos actorales. Chávez menciona a Spencer Tracy, a Alejandro Urdapilleta, momentos deslumbrantes de Lautaro Murúa. Como ocurre cada vez que trata de ajustar el concepto, recorre con la mirada en abanico el espacio del living . Es como si hurgara las entretelas del aire para extraer de allí la respuesta. Dice llevando la U al límite: "Yo creo que hay muuuuuchos buenos actores, y algunos artistas " Digo Marlon Brando, y él:)
-Brando ¡excepcional! Sobre todo me gusta El padrino . Es un milagro: cómo está filmada, cómo Coppola unió ese elenco. Ahí Brando tiene momentos gloriosos ahí está ese hombre, antes de que le peguen los balazos, eligiendo las manzanas ¡cómo las elige!, ¡cómo juega con el nieto! Cómo habla con Pacino contándole que ya no tiene ni memoria pero está preocupado por su hijo, ahhhh Brando
-Julio, ¿y qué me decís de la vejez?
-Es algo en lo que pienso, sí, y es algo que veo en mí también. Pero creo que hay bastantes cosas que se pueden hacer en la vejez. Yo soy un ideólogo de no unirme mucho a lo contemporáneo Es que estoy en una edad que no se considera ni vejez ni nada Cuando escucho a gente que dice "yo ya tengo 30 años", en algún punto me han liberado del problema de la vejez. Porque no estoy en ninguna zona, tengo 51. Y lo que me gusta mucho es pensar en todo lo que puedo hacer para que mi crecimiento continúe.
-¿Te interesa el fútbol?
-No.
-Cómo me hubiera gustado fotografiar tu gesto al decir "no".
-Es que no, no me engancho Fui una sola vez a una cancha, cuando tenía 11 años.
-Otra vez el gesto.
-Me tiraron un vaso con meo Es una de las tantas veces que he entendido que me decían: no te queremos acá Fue en Defensores de Belgrano. Entendí. Me fui volando.
-¿Algo parecido a un hobby tenés?
-Todo lo mío es un hobby . La vida es un hobby (Risas.)
-¿Sabés cocinar?
-No. Me gusta mucho comer. Eso sí, me encanta, pero me cuido. Y he sido un fumador empedernido durante 35 años. Hace cuatro meses que no fumo.
-Algo te pasó.
-Vi a mi perrito que le agarró un cáncer. Yo tengo tres perros y mi perro más amoroso se me murió. Y cuando le decretaron que estaba enfermo, lo miré y me dije: "Julio, vas a dejar de fumar". Sentí que ese perrito me estaba diciendo eso. Se llamaba Emilio; la mujer, Tita, y el hijo, Hugo, están en la terraza. He sufrido mucho por la enfermedad de este animalito mío durante cinco meses y medio.
(Casi le digo a Chávez que veo lágrimas en el umbral de su mirada. El silencio se alarga.)
-Sos perrero
-... yo establecí con ese animalito un vínculo muy particular y estoy todavía de duelo. He tenido una gata siamesa durante 14 años, que se me suicidó. Delante de mí. La estaba mirando y sube donde siempre, a una ventana, y pega un salto. La vi, claramente saltó al vacío. El veterinario me dijo que ella sintió que estaba enferma. Bueno, es una posibilidad, como dijimos antes, ¿no? Esto es lo que se llama un acontecimiento. Aconteció algo ahí, y puf .
-¿Sabés andar en bicicleta?
-Sí, lo que no manejo es coche. He hecho varias películas en las que manejo y lo actúo muy bien: lo único que importa es eso, que lo puedo actuar. En una cancha de fútbol yo lo estudiaría y actuaría ser el hincha.
-¿Cómo fue tu primer contacto con los libros?
-Recuerdo, lejos, un libro, estaba escrito en hebreo, tenía imágenes bíblicas y me impresionaba muchísimo la manzana, el árbol con Adán y la serpiente Había algo que nunca entendía: ¿por qué la manzana era más grande que la boca de la serpiente? Me impresionaban mucho también unas imágenes de alguien llevando por una escalera a otra persona, hacia el cielo. Y yo creía entonces que al cielo se iba por escalera. Asociando con esto, yo siempre pensé que cuando alguien se moría los familiares lo llevaban a la nube por una escalera no sé todavía si no es así, eh (Risas.)
(La carcajada que se insinuaba desde los muertos que suben por escalera ahora se suelta. Julio Chávez emerge desde el interior de su caracol analítico y se suelta y juega. De pronto estamos hablando del Billiken y de Sarmiento:)
- Ja Sarmiento No entendía cómo ese tipo siempre pelado fue una vez un chico. No entendía lo de su madre debajo de la higuera, una madre casi más joven que él (Risas.) Mirá, ahora empiezo a sentir el interés por empezar a leer historia. Esa es una de las cosas que me quedan por hacer. Voy a leer, sí, sí.
-Otro modo de limitar tu profunda soledad A propósito, esto de no tener hijos, ¿lo sentís como una carencia?
-No, no; no lo siento como una carencia en mi vida, no. Yo te diría una cosa: he tenido, tengo, un hijo. Yo mismo. Yo me considero hijo mío, a veces.
-¿Y cómo te llevás con semejante hijo?
-Bueno... yo... he tenido que aprender a ser padre mío.
-Te reitero, ¿cómo te llevás con tu hijo?
-En eso heredé a mi papá: estoy muy contento de haberme tenido (Risas.) El día que nací fue para él y para mí el más feliz. Y el día más triste va a ser cuando me tenga que ir.





