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LA MENNULARA Por Simonetta Agnello Hornby-(Tusquets)-Trad.: Carlos Gumpert-328 páginas-($ 34)
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En Roccacolomba, Sicilia, el 23 de septiembre de 1963, ha muerto María Rosalía Inzerillo, llamada la "Mennulara". Criada de la casa Alfallipe, pero convertida en sus últimos años en administradora de los bienes de la misma familia a la que sirvió toda la vida, despierta en la gente del pueblo esas ganas de abandonarse a todo tipo de habladurías. Su vida se reconstruye como un rompecabezas, en el que caben todas las piezas: los recuerdos amargos y dolorosos de los pocos amigos, los chismes estériles pero ciertos de las malas lenguas y la verdad punzante que, a pocas páginas del final, hace visible la figura del personaje. De una belleza rústica, de carácter cerrado y masculino, combativa y decidida, la "Mennulara" ha sido en su corta vida sierva y dueña de los otros y de sí misma.
Esta primera novela de Simonetta Agnello Hornby, siciliana residente desde hace treinta años en Londres, apareció en Italia en 2002, fue acogida con éxito de público y traducida a varias lenguas.
La Mennulara es un ejemplo perfecto de la fecunda publicación de novelas mediocres en Europa. Confeccionada según un esquema de calculada factura comercial, posee todos los elementos que hacen fácilmente digerible una obra de venta masiva: extensión media, trama simple, una visión risueña del mundo cruel, un final reparador, un personaje femenino querible a pesar de su mala estrella, una leve dosis de color local (una que otra palabrita siciliana: mennulara significa "cosechera de almendras"). En este caso, además, la novela se apoya de modo trivial en la gran tradición narrativa de Sicilia. Las novelas de Vincenzo Consolo han dado en los últimos años, en un tono elevado y sublime, una visión trágica de la Sicilia mafiosa; los relatos policiales de Andrea Camilleri han buscado en la ironía sagaz y nunca complaciente un refugio a la desesperación. Simonetta Agnello, en cambio, repudia la ironía -que es para ella travestimiento de la forma- y elige la banalización; esto es, la reducción de los personajes de Sicilia (baste pensar en todos los que dejaron Pirandello, Brancati, Borgese) a caricaturas ridículas que buscan crear un efecto humorístico pacificador. Así, la carnicería mafiosa de la realidad se traduce en la novela en una forma de comportamiento según un rígido código de honor y respetabilidad nativos.
Hacia fines de los años cincuenta, Giangiacomo Feltrinelli, en fuerte polémica con el Partido Comunista al que estaba afiliado, se permitió publicar en Italia El doctor Zhivago de Pasternak y El Gatopardo de Tomasi di Lampedusa. Con esos dos libros corría el velo de la utopía comunista y el de la utopía republicana de posguerra. En este siglo que inicia, su hijo, Carlo Feltrinelli, heredero de uno de los emporios editoriales más poderosos de Italia, desanda el camino y lo que nos propone es exactamente lo contrario: reponer el velo, tergiversar, volver significativo lo insignificante.



