
"Siempre me gustó la música clásica"
Actor y locutor, el integrante de Les Luthiers cuenta que desde los 24 años soñaba con presentar óperas desde el Teatro Colón. Ahora que conduce un ciclo de TV dedicado a la programación de la sala, ese sueño se hizo realidad
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Con cuatro décadas de carrera como integrante del grupo Les Luthiers, actor y locutor, Marcos Mundstock tenía una asignatura pendiente: presentar óperas desde el Teatro Colón. Ese anhelo profesional, que lo acompaña desde los 24 años, lo llevó a aceptar la propuesta de conducir el programa Al Colón , que va por su tercera temporada (lunes a las 22, Canal 7).
"Cuando trabajé en Radio Municipal, a mediados de 1960, había una especie de escalafón entre los locutores. Llegué a transmitir los conciertos de los lunes de la Filarmónica. No me permitían acceder a la ópera porque la técnica es más compleja y yo era muy joven e inexperto -contó Mundstock a adn CULTURA-. Cuando Rosario Lufrano, directora del canal estatal, me llamó para que condujera el ciclo del Teatro Colón, me pareció una buena idea. Siempre me gustó la música clásica y además me puedo dar el gusto de presentar ópera."
Serio pero afable, elegante pero informal, Mundstock interviene en el programa con comentarios sobre las obras, sus argumentos y compositores, e incluso los músicos que las interpretan en cada ocasión. Todo sobre la base de investigaciones y textos propios. Un desafío, reconoce, es captar la atención de quienes habitualmente no verían un programa cultural por televisión. Otro, lograr un equilibrio en el tono y los contenidos: no resultar aburrido para el espectador pero tampoco hacerse el gracioso como en el teatro. Mundstock no está en el programa para contar chistes ni parodiar los conciertos de música clásica, como hace en los espectáculos de Les Luthiers, el grupo que integra junto a Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Daniel Rabinovich y Carlos Núñez Cortés desde 1967.
-¿A quién se dirige cuando escribe los textos para el programa?
-Trato de imaginarme un público con variantes: están los que ya se interesan por el tema y también los que podrían llegar a interesarse. Ellos son la clave: en esa gente pienso cuando preparo lo que voy a decir. El reto es atraer al que está dudoso, al que pasó por ahí y se quedó algunos segundos. Quiero contarle algo que lo cautive un poco para luego decirle: "Escuche la pieza que sigue; es maravillosa". Por el contrario, al que no tiene el menor interés, el que sólo escucha música comercial de moda, no hay forma de interesarlo. Por otra parte, tampoco podría hacer un análisis erudito porque no soy un experto en el tema, soy un aficionado como muchos de los que me escuchan. De los expertos me tengo que cuidar para no meter la pata.
-¿Tuvo algún ciclo como modelo?
-Sí, los documentales de canales como la BBC. A veces, en medio de un zapping , encuentro que en la BBC emiten un documental sobre cómo cosechan los granos los campesinos de algún pueblo perdido: lo veo por treinta segundos y ya no me puedo despegar. Son fantásticos para contar historias, tienen una capacidad maravillosa para captar al que no está interesado, además del altísimo nivel de producción con el que cuentan. Nosotros lo hacemos a la argentina: con poca gente y recursos muy primitivos, y, con todo, el programa resulta digno. Lo ven alrededor de cien mil personas por semana.
-¿Le cuesta encontrar el tono justo y no parecer un personaje de Les Luthiers?
-Sí, claro. Ojo que no soy un iluso y ahí hay una pequeña trampa: le sirvo al programa por mi prestigio ganado en cuarenta años de parodiar las transmisiones de música clásica. Yo estoy feliz de que eso me permita atraer un poco a la gente, además de que me gusta el desafío de tener una hora de televisión de aire en horario central, con material de excelente calidad y así defender al Colón, que está enfermo y maltratado. Como bien dijo Daniel Barenboim en su discurso después del concierto en el Luna Park, al Colón hay que cuidarlo. A lo largo de su historia alcanzó un gran nivel artístico y es una institución que forma muchos artistas que triunfan en el mundo.
-¿Cuál era su relación con la música clásica antes de conducir el programa?
-No soy un melómano profesional completo, pero he frecuentado algunas zonas del mundo de la música. Me gusta, tengo el oído entrenado. Lamentablemente no voy con frecuencia al teatro, pero cuando asisto a conciertos los disfruto mucho, me conmuevo. En cuanto a los conocimientos, si considerás el público que frecuenta la ópera, soy del montón, estoy en el medio.
-¿Cómo fue su acercamiento inicial?
-Gradual, como suele suceder. Cuando tuve mi primer Wincofón, me compraba discos de pasta de segunda mano y escuchaba música clásica. Tal vez, al principio no entendía bien qué era eso, pero con el tiempo logré disfrutar de este asunto. Hay que aprender a degustar la música clásica.
-¿Fue un aprendizaje académico?
-No. Sólo tomé clases de canto. Haber estudiado música es una de mis asignaturas perdidas, ya no pendientes. No lo hice por distintas razones, aunque hubiera querido, y ya no lo voy a hacer. Tuve la suerte de que en casa se escuchara Radio del Estado, que después fue Radio Nacional, donde pasaban buena música. Veía que mi papá se conmovía con algunas obras y eso me indujo a indagar por qué. Cuando empezás a entender, el aprendizaje es gradual: aprendés cada vez que escuchás piezas nuevas. Cada uno recorre un camino distinto. Es una selva tan maravillosa que hay mil maneras de entrar. El asunto es meterse y conocer cada vez más.
-¿El programa le sirve también para acceder a materiales que no conocía?
-Sí. Hay algunas obras que no me sentía inclinado a conocer. Me pasó con Elektra , de Richard Strauss, y con Wozzeck , de Alban Berg. Pensaba: si con Verdi a los diez minutos se me caen las lágrimas de la emoción ya está, para qué buscar algo nuevo. Pero por obligaciones laborales tuve que hacer las presentaciones de esas óperas y me interesé por el material.
-¿Y qué descubrió?
-Comprendí que la gente que las disfruta no está equivocada. A Wozzeck la empecé a escuchar por la fuerza, pero terminó por captarme totalmente. Advertí cómo esa música me cuenta el teatro, el drama, con recursos nuevos: inventó un código que transmite una cantidad de información y emociones que vale la pena. Con Strauss me pasa lo mismo, sólo que todavía tengo la reserva del canto, que para mi sensibilidad, es muy exasperado. La parte orquestal es deslumbrante, puede llegar a contarte cosas de la tragedia que no se podrían contar con palabras. Más aún, la ópera Boris Godunov , de Modest Petróvich Mussorgsky, que por alguna razón no conocía, antes me parecía larga. Ahora me ha conmovido y me volví un fanático.
-¿Cómo se prepara el programa?
-Cuando el ciclo empezó, en 2006, el Colón todavía estaba abierto y se elegían las funciones de la temporada que saldrían en el programa. Me mandaban un DVD con la función filmada y me ponía a trabajar en el material. Cuando se trataba de una ópera completa, nos mandaban del teatro una selección para que entrara en una hora. Yo escribía las presentaciones, según ese resumen. El año pasado fue distinto. La temporada empezó a ser un poco atípica: hubo óperas en versión teatral, que se vieron en el Coliseo, como Sansón y Dalila y Mefistófeles . Entonces entre el canal y el teatro acordaban lo que iba a salir en el programa, se filmaba, se elegían los cortes. En algunos casos intervine cuando conocía el material y no estaba de acuerdo con la edición.
-¿Cómo armaron esta temporada, con el Colón cerrado y los cambios en la programación?
-Programar esta temporada, con la situación actual del Colón, era casi imposible. Hasta estuvo en duda si el programa se haría o no este año por dos razones: el cambio de autoridades del Colón y de la ciudad, y las obras en el teatro, que se detuvieron antes del cambio de gobierno. Había una temporada precontratada que se canceló. Pero entre que mucho no se sabe y que yo no me meto para evitar amargarme, no me queda muy claro qué pasó. Ahora estamos trabajando con material de archivo. Pasamos, por ejemplo, la función de despedida de Julio Bocca. También hicimos un programa sobre El lago de los cisnes , con filmaciones de Bocca y Maximiliano Guerra en el rol del príncipe, a quienes intercalamos con distintas bailarinas. Además transmitimos funciones del Ballet Estable o conciertos especiales, como el de Barenboim en el Luna Park en homenaje al Colón.
-Ese concierto salió en vivo, con una entrevista que usted le realizó a Barenboim en el Teatro Coliseo, que fue muy elogiada. ¿Conseguir reportajes exclusivos con figuras relevantes es el valor agregado que Marcos Mundstock le aporta al programa?
-Sí, esa entrevista fue un plus para el ciclo. Barenboim me la concedió, en medio de su agenda recargada, porque el entrevistador era yo. Lo mismo pasó con José Cura cuando vino a Buenos Aires para Sansón y Dalila : aunque estaba con poco tiempo, me dio la entrevista y ahí me enteré de que me conocía por Les Luthiers y que le gusta el grupo. Lo digo sin pudor, con auténtico orgullo.
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