Buzo y artista, todo en uno
Jorge Riva logró unir sus dos pasiones; expone en una galería
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Fue un percance del oficio; sintió una mordida en el traje de neoprene y al girar la cabeza vio un lobo marino. En las fauces sostenía su valija de pinturas, cuyo contenido se desparramó alrededor de él. Ocurrió en Puerto Madryn, cuando Jorge Riva realizaba su primera obra subacuática en aguas nacionales.
Buzo de profesión, Riva sería el primer artista que pinta bajo el agua. Con el título "Agua en el cielo" sus obras se exponen actualmente en la Galería Raíces Americanas (Suipacha 1311) y en Expotrastiendas.
Todo comenzó hace unos seis años, cuando Riva, especialista en informática, se inscribió en un curso de buceo para experimentar algo diferente. La fascinación fue instantánea. "Con la gravedad cero todo el entorno se modifica, tuve una sensación de plenitud y libertad donde todas las percepciones se intensificaron", recuerda.
Desde ese momento su nueva vocación se convirtió en una ocupación de tiempo completo. Fue en un viaje por Italia que decidió intentar cumplir un sueño que jamás había confesado a nadie: Pintar bajo el agua. "Necesitaba compartir mis sensaciones y la infinidad de imágenes subacuáticas espectaculares que veía", afirma.
"Lo primero fue aprender a pintar, porque jamás había tocado un pincel", admite Riva. Tras asistir a varios talleres y confirmar su potencial como pintor, inició la investigación para llevar a cabo su sueño.
"Me pasé no sé cuántas horas en la bañera de mi casa. Probé con tabla, pinturas industriales, marinas. Luego di con los instrumentos ideales: tela en bastidor, óleo y espátula", detalla. Después comenzó a planear la operación de buceo: "Tenía que ingeniar la forma en que el bastidor no flotara y adaptar las espátulas, que tienen flotabilidad positiva, adherirles un plomo que a su vez no me quitara la sensibilidad del instrumento", resume.
"Las primeras pruebas las realicé en la pileta de un club. Les decía que iba a probar material fotográfico porque me filmaba para detectar errores en la técnica. Practiqué ahí hasta que un día me echaron: terminé una pintura y los nadadores comenzaron a aplaudirme. La gente del club se dio cuenta y no lo dejaron volver. Pero pudo perfeccionar la técnica.
Riva tiene una norma: cada pintura se termina en una inmersión. Desciende entre 10 y 20 metros y pinta durante unos 20 minutos. Luego pasea por el arrecife y vuelve al bastidor, hasta que "la obra no pide nada más". La sesión dura, en total, unos 40 o 50 minutos y las obras se realizan en bastidores de 40 x 50 cm.
Riva está convencido de haber encontrado su propio camino. Su sitio web es www.aguaenelcielo.com.





