Sol Gabetta, talento de exportación
La joven chelista argentina triunfa en Europa y consolida su popularidad sobre la base de un virtuosismo extraordinario
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En apenas semanas, la popularidad de la brillante chelista argentina Sol Gabetta dio un nuevo salto en dirección a la merecida fama: apareció en la TV alemana como invitada de un popular programa conducido por el animador Stefan Raab (el magazine en horario central más visto de Alemania) y su rostro comparte, nada menos que con el célebre Pablo Casals, la portada del libro Grandes chelistas , publicado recientemente por la editorial alemana Piper. Luego se presentó con éxito en un concierto a dúo junto a su colega Yo-Yo Ma, acompañado por la Orquesta Sinfónica de Washington, y lanzó al mercado europeo dos nuevos discos: Shostakowitsch, grabado con la prestigiosa Orquesta Filarmónica de Munich, y Cantabile, una original selección de canciones y arias de ópera transcriptas para chelo, que se convirtió, a días del lanzamiento, en uno de los cinco discos clásicos más vendidos del mercado germano. Las consecuencias más inmediatas de este último hecho fueron no sólo una masiva difusión de sus interpretaciones por radio, sino también su presencia en más programas de TV y el despliegue de su imagen en afiches callejeros, portadas y notas en medios gráficos. Un fenómeno de notoriedad desconocido en la Argentina, por cuanto la música clásica no adquiere en nuestro medio el relieve ni la trascendencia que sí puede alcanzar en países como Alemania. ...se es el camino hacia la celebridad que Sol Gabetta transita, con virtuosismo y soltura, como la instrumentista argentina más joven y exitosa de nivel internacional.
Presentada en la prensa como la nueva figura femenina del chelo (un terreno que, tras la temprana desaparición de Jacqueline Du Pré, estuvo normalmente dominado por intérpretes hombres, como Yo-Yo Ma y Mischa Maisky), la cuidada imagen de Sol, con sus juveniles 27 años, irrumpe en la escena europea colmándola de una energía desbordante. Todo suma en su fórmula del éxito: en primer lugar, un talento extraordinario y una absoluta perfección técnica, su natural musicalidad y su incansable capacidad de trabajo; pero también su figura, su blonda y larga cabellera, su sonrisa contagiosa, un carisma seductor y hasta un nombre que irradia luz de sólo pronunciarlo (dato que no pasa inadvertido ni siquiera en los idiomas en los que requiere de traducción).
Cuando en los medios se compara su caso con el de colegas mayores como Hélène Grimaud (pianista) o Anna Netrebko (cantante), ella responde que esa difusión se debe a que "son muy lindas", pero explica que lo esencial es la música. "La imagen la producen en el sello discográfico, pero si a la hora de tocar no soy impecable, nada tiene sentido -agrega-. Es difícil imponerse y, para la mayoría de los músicos, es casi imposible acceder al más alto nivel internacional. Para lograrlo es imprescindible contar con una gran firma." ¿Pero qué hay detrás de esa perfecta fachada publicitaria? Sol Gabetta dialogó telefónicamente con adn cultura y contó algunos aspectos de su vida.
-¿Cómo elegiste (o eligieron tus padres) el chelo como tu instrumento?
-No sé si había visto un chelo antes de tener el mío... En esa época (a los 5 años), se dio la posibilidad de que enviaran a la Argentina el primer chelo chiquito desde Japón. Ya había tocado piano y violín con el método Suzuki, el chelito fue a Córdoba y llegó a mis manos.
-¿Qué te atrapó de su personalidad?
-Comencé a sentirlo como un instrumento más simple y natural. Todo resultaba más fácil que con el violín o el piano. Y ese argumento para un chico es decisivo. A los 6 años quise volver al piano porque lo veía grandioso, sonoro e importante. Pero mi mamá (ella es pianista) me desalentó por completo. Me dijo que no me apoyaría porque la vida del pianista es tremenda por las exigencias, porque hay que estudiar mil veces más y para hacer algo interesante hay que ser una esclava... Volví al chelo y estoy feliz con la elección y el consejo de mi madre.
-¿Sentís presión en el nivel en que estás?
-Cuando me falta tiempo para prepararme. Suelo organizarme muy bien pero, estando hace poco en Japón, yo había calculado que tenía tiempo para estudiar una nueva obra y se pasaban los días entre ensayos, viajes y entrevistas. Hubo un tiempo mínimo para el estudio y eso me provocó mucho estrés porque en el nivel en que estoy no me puedo arriesgar a que las cosas no salgan perfectas.
-De los tantos idiomas que hablás ¿en qué lengua sentís que te expresás más profundamente?
-Cada idioma tiene su carácter y depende de la situación. Suelo soñar en ruso [N. de R: lengua de su familia materna]. A veces pienso en francés. Para discutir, el castellano es lo primero que me sale. El alemán es la lengua de lo formal. Pero mi lenguaje para los sentimientos profundos es siempre el de la música.
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