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Generación Post-Alfa
Por Franco Berardi
Tinta Limón/Varios traductores/258 páginas/$ 37
Hace medio siglo que el pensamiento político y social pronostica cambios de todo tipo en el mundo occidental y moderno: el fin de las ideologías, el reemplazo de las industrias tradicionales por las informáticas, la crisis de la educación, las nuevas psicopatologías y la revolución biotecnológica. Algunos se revelaron ingenuos o propagandísticos, otros han acertado, y de los demás aún poco puede decirse. Para quienes aceptan que todo es "pos" (posmoderno, posindustrial, poshistórico), la tarea resulta muy delicada, pues deben identificar esos cambios sin hacer sonar las trompetas ante cualquier nimiedad.
Dentro de este panorama, Franco Berardi prefiere el estiletazo a la precaución. Su tono reflexivo se asemeja al de Jean Baudrillard y Paul Virilio: gusto por los neologismos, definiciones secas y una voz apocalíptica. Pero su condición militante de izquierda lo obliga a enunciar una postura ética y práctica frente a las transformaciones que describe. Artista y activista mediático, "Bifo", como se lo conoce, fue moldeando su pensamiento en los agitados años 70 del norte italiano. No es, como sus compañeros de ruta Paolo Virno y Antonio Negri, una figura reconocida dentro de la teoría social contemporánea. No da clases en universidades, sino en una escuela media, quizá porque su fragmentario estilo de razonamiento no se presta a la sistematización.
En la bifurcación político-económica, Berardi afirma que hemos ingresado en el semiocapitalismo, "el modo de producción predominante en una sociedad en la que todo acto de transformación puede ser sustituido por información y el proceso de trabajo se realiza a través de recombinar signos". No se trata de que no haya industria, sino de que las actividades laborales requieren cada vez menos brazos y cada vez más mentes.
A la vez, los sistemas informáticos tienden a una interconexión global que corta la coincidencia entre espacio y tiempo, y provocan un cambio cualitativo en la experiencia misma del trabajo. "En la esfera del info-trabajo no hay más necesidad de comprar a una persona, ocho horas al día todos los días". Esto provoca la fusión entre tiempo de trabajo y tiempo de ocio, obliga al trabajador a ser el gestor de sí mismo, mucho más que en las épocas industriales, y lo lleva a un estado de inestabilidad y precariedad. En la bifurcación cultural, nos encontramos ante una "generación post-alfabética", donde lo mediático y lo virtual reemplazan a la lectura y la escritura como criterios de formación de los sujetos. En la senda de Marshall McLuhan, Berardi describe la distancia que separa la educación moderna, basada en la alfabetización y anclada en la idea de una subjetividad crítica, de la generación que creció en los años 80 con la videoelectrónica y en los 90 con Internet y los celulares. Esta distancia constituye una "mediamutación" que hay que analizar más allá de la postura quejosa que se escucha a menudo: que los chicos no leen, que están todo el día en la computadora o en el "ciber", que faltan el respeto a cualquier autoridad, que son inmanejables.
Existe, además, una "caída tendencial de la tasa de placer" junto a una "patología de la hiperexpresión". Hay cada vez más sexo y cada vez menos sensibilidad implicada en él. Las imágenes pornográficas y las imágenes de tortura se parecen cada vez más. No se puede decir hoy, como se hizo en buena parte del siglo XX, que la represión juega un papel fundamental en los problemas psíquicos porque en realidad estamos ante una búsqueda constante de expresión, tan constante que la bloquea, como en los casos de dislexia o ataques de pánico. El panorama parece desolador. Pero el autor pregunta: ¿para quién? Para aquel que se educó, trabajó, sufrió o participó de la vida política en una sociedad diferente de la que está despuntando actualmente. Con sus estiletazos, el autor intenta ser preciso en el diagnóstico de esta nueva configuración, sabiendo que toda teoría social, como escribe su amigo Virno, "tiene que tener una casilla vacía que solo la práctica está autorizada a completar", y que por lo tanto "debe esperarse lo imprevisto".
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