
"Todos seguimos imaginando el Paraíso como una biblioteca"
El escritor argentino abrió el encuentro al que asisten más de 3000 especialistas de 170 países
1 minuto de lectura'
En forma accidentada, con cortes de sonido y de luz -que alcanzaron a gran parte de la ciudad- y una notable intervención a cargo del intelectual Tomás Eloy Martínez, se inauguró ayer en el Teatro Colón el 70° Congreso sobre Bibliotecas e Información, que concentrará hasta el viernes a más de 3000 bibliotecarios de 170 países.
Durante su conferencia magistral -"El libro en tiempos de la globalización", muy aplaudida por el auditorio que colmó el primer coliseo-, el escritor argentino expresó: "Los hombres siguen buscando en los libros ese aliento de eternidad que pareciera no estar en ninguna otra cosa. El libro ha sido siempre no sólo una celebración del conocimiento, sino, ante todo, de la vida. ¿Qué significa celebrar la vida en estos tiempos de integración de los mercados, las finanzas y la tecnología? Significa celebrar los valores que definen lo mejor del espíritu humano. Todos seguimos imaginando el Paraíso bajo la especie de una biblioteca".
Organizado por la Federación Internacional de Bibliotecas y Asociaciones de Bibliotecarios (IFLA), la Asociación de Bibliotecarios de la República Argentina y la Fundación El Libro, el encuentro se centra en el lema "Bibliotecas: instrumentos para la educación y el desarrollo".
Ayer, el hotel Hilton -que junto con el Sheraton, las bibliotecas Nacional y del Congreso de la Nación es sede del cónclave cultural- se convirtió en una suerte de torre de Babel por la diversidad de lenguas en que los participantes intercambiaban información. Las geografías representadas en el congreso se apreciaban también en las vestimentas típicas de muchos de ellos.
En una distendida charla con LA NACION, al referirse a la existencia actual del libro -la novela de autor-, Tomás Eloy Martínez expresó: "El reino de lo virtual nos ha devuelto, en cierto modo, a la forma comunitaria de leer, de comunicarnos y de interactuar a través de los signos". Su última novela, "El cantor de tango" (Planeta), ya vendió los derechos de traducción a nueve lenguas. Y la precedente, "El vuelo de la reina" (Alfaguara), vendió un millón de ejemplares en China, donde ganó el Premio Nacional de Novela.
Tomás Eloy Martínez destacó un dato relevante: la primera novela moderna, "Gengi Monogatari", escrita entre 1001 y 1003, pertenece a una mujer, lady Shikibu Murasaki. "Las mujeres encarnaban la cultura en esa etapa del mundo japonés. Era muy curioso, porque los hombres se dedicaban a la guerra y los pocos letrados que había trabajaban mucho en la lengua china, que era como el latín en ese tiempo. Ellas renuevan la lengua japonesa con relatos de enorme belleza y sofisticación", subrayó el narrador.
-¿Qué diagnóstico hace de la actual situación cultural en nuestro país?
-A diferencia del menemismo, este gobierno no es frívolo, pero tampoco tiene sentido del humor. Estas metidas de pata en el campo de la cultura se cometen por ignorancia sobre cuál es el terreno que se pisa. Por allí les interesa más el diálogo con obsecuentes culturales que con intelectuales que disienten. Los presidentes a veces piensan que los intelectuales esperan cosas del poder. Pero éstos no sólo no las esperan, sino que no las desean. Sería bueno que el Presidente advirtiera que un intelectual es un aguafiestas, que es alguien que puede decirle lo contrario de lo que el Presidente piensa, pero que eso no lo obligará a pensar lo contrario. Simplemente le mostrará que el mundo es diverso, múltiple, y le dará un matiz diferente.
-¿Cómo ve estos tiempos globales de fast books y títulos que sobreviven apenas unas semanas arrastrados por los que vienen detrás?
-El libro resiste, pero el mercado es una horda que avanza, cambia las finanzas pero no las personas. Y a veces las empeora. Pero hay otro problema: es lo que hoy ocurre con los libreros y el libro rápido. El otro día, en Borders, uno de esos supermercados de libros, discos y calendarios de East Brunswick, en Nueva Jersey, fui a comprar una edición que mi hija necesitaba para el colegio titulada "La muy lamentable tragedia de Romeo y Julieta". El vendedor me dijo que no estaba. Tampoco la encontró como "Romeo y Julieta". Le pedí que la buscara por autor y me dijo con cierta indiferencia: "¿Me puede deletrear el nombre?" En Estados Unidos, donde Shakespeare se lee en la escuela primaria, hoy reina una enorme ignorancia de los libreros en esta mercantilización de los productos culturales, lo que constituye un problema muy serio.
-¿De compleja resolución?
-No sé de qué modo se puede resolver esto. Es un desafío. Creo al mismo tiempo que esta diseminación de la cultura por Internet, por los medios audiovisuales, por la prensa escrita, ha desconcertado mucho al poder político, sobre todo al poder político inculto o con escasa política cultural. No saben qué hacer con la cultura. La ventaja la toman los países con una tradición cultural muy afirmada, como Brasil, México o Colombia. Incluso, en Estados Unidos con un presidente muy bruto como Bush. Los presidentes se reúnen a veces con intelectuales, no sólo de confianza, sino también con los que disienten. Es el caso de Fox o de Bush. A veces los invitan a ver cine, aunque sea "El Hombre Araña". En vez de invitar a Xuxa, como Menem, invitan a intelectuales y les preguntan cosas. Es un acto inocuo, pero hay un intercambio de ideas y un roce cultural.
-¿Qué lee por estos días?
-Estoy leyendo de nuevo el Quijote, entre otras cosas. Con la cantidad de publicaciones que habrá por el cuarto centenario, me pidieron, junto con otros nueve autores, que escribiera un capítulo que pudo habérsele quedado olvidado a Cervantes. Será una edición especial que hará un banco español. Espero que tenga circulación.
El libro ha sido, ante todo, una celebración de la vida. ¿Qué significa esto en tiempos de integración de los mercados, las finanzas y la tecnología? Significa celebrar los valores que definen lo mejor del espíritu humano
Los libros imprescindibles
"Las emociones de los libros de la infancia no se comparan con nada", dice Tomás Eloy Martínez, mientras recuerda a la bibliotecaria que cada día le reservaba una obra "asombrosamente nueva" en su provincia natal, Tucumán, cuando el narrador andaba entre los 11 y los 18 años. En su adolescencia, dijo el autor de "Santa Evita", los bibliotecarios "me parecían extensiones de Dios, herederos de un saber inagotable".
Afirma el narrador que es afecto a releer poesía en otras lenguas. A Pessoa en portugués, a Baudelaire y Rimbaud en francés, a Cummings y Elliot en inglés, o a Borges en castellano. A la hora de recobrar libros ya leídos, dice Tomás Eloy Martínez que "El proceso", de Kafka, le cambió la vida. Y que, de tanto en tanto, regresa a Alberdi y a Sarmiento, a Dante, a Dumas, a Dickens y a la novela del siglo XIX.
1- 2
“Emilie debe venir”: la amante elegida para las horas finales de Gustav Klimt, el pintor de “El beso”
- 3
Tras una década de silencio, una maratón global y otros eventos celebran a Umberto Eco, “un intelectual que hacía opinión”
4Teorías conspirativas y datos falsos: la odisea de encontrar una “verdad oculta” en La Boca


