
Tras las huellas de lo fantástico
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<b> Pájaros en la boca <br></br> Por Samantha Schweblin </b>
En el ensayo "Notas sobre lo gótico en el Río de la Plata", Julio Cortázar se preguntaba la razón por la cual habido tantos autores de literatura fantástica entre los rioplatenses. A su lista incompleta, que llegaba hasta Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares y que también lo incluía a él, hay que agregar hoy una gran cantidad de autores que ejercitan el género. En el siglo XXI, Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978) se suma al equipo. Pájaros en la boca es su segundo libro de cuentos, ganador del premio Casa de las Américas. En 2002 publicó El núcleo del disturbio, que obtuvo el premio del Fondo Nacional de las Artes.
El relato fantástico puede adoptar diferentes modos, pero en general se trata de la presencia de lo extraño o insólito en "la realidad común"; la actitud de los personajes es ambigua y el lector experimenta el vértigo de que eso también puede sucederle. Los cuentos de Schweblin se inscriben en esta línea. Hay parejas que corren por la estepa para "adoptar" no a un niño, sino a un ser ominoso; un adulto maltratado por su madre, que sigue comportándose como un niño; una joven que de un día para otro comienza a comer pájaros. En "Irman", dos viajeros son atendidos en un bar de la ruta por un petiso que no llega al mostrador, cuya mujer, la cocinera, yace muerta en el piso de la cocina. Los dos hombres tienen que alcanzarle las cosas al petiso, quien continúa preparándoles el pedido con la muerta en el medio y, de pronto, esta situación absurda da pie a una zona de violencia inesperada.
Los cuentos de Schweblin son exponentes acabados del género; su escritura es impecable. Todo esto ya ha sido dicho y escrito. Los reportajes y las reseñas se empeñan en buscar parecidos entre su literatura y la de los maestros del fantástico argentino. Y sí, hay muchísimo parecido. De los quince cuentos de Pájaros en la boca , no son pocos los que rinden tributo a los clásicos. Lo mejor de sus relatos, no obstante, se vislumbra cuando se distancia de la tradición y es fiel a un imaginario diferente. En "Cabezas contra el asfalto", por ejemplo, el registro del humor negro combinado con la presencia de personajes orientales y la conflictiva "brecha cultural" padecida por el "sensible" protagonista (un pintor que tiene una tendencia a descontrolarse y estampar cabezas contra el piso, cuyos cuadros subliman esa tendencia y cuestan fortunas) hacen de este un relato hilarante y genial.
Porque la literatura de género entraña el riesgo de la repetición, el mayor desafío de Schweblin reside, quizás, en buscar sus marcas singulares.
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