
Tras las ruinas del imperio
ESPLENDOR DE PORTUGAL Por Antonio Lobo Antunes (Siruela)-418 páginas-($ 29,90)
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EL portugués António Lobo Antunes es un escritor prolífico. Desde 1979, con puntual regularidad, ha publicado una novela cada dos años. Podría pensarse que tal frecuencia es una inevitable concesión a los ritmos que la industria editorial les impone a los autores cuyo prestigio va de la mano del éxito.
Pero tal vez sería mejor ver en esta prodigalidad una carrera contra el tiempo. Cada nueva obra -densas novelas de varios centenares de páginas- se suma con naturalidad a una soberbia construcción literaria que sobrepasa largamente los méritos de una obra individual. En las dos últimas décadas, el autor lisboeta parece empecinado en construir una divina comedia a la portuguesa. En sus ficciones proliferan los infiernos y los purgatorios. Brillan por su ausencia los paraísos, aunque las envolventes cualidades de su prosa compensan con creces esta carencia.
En Esplendor de Portugal Lobo Antunes logró pulir su instrumental hasta adquirir un clasicismo depurado. La aparente complejidad barroca de su obra oculta, en realidad, la más pura de las simplicidades. Para penetrar en el mundo de Lobo Antunes hay que dejarse llevar por el ritmo, por las volutas de cada frase, hasta que aquello en apariencia incomprensible cuaja y cobra sentido.
Si en sus primeras obras prevalecía el monólogo individual, más tarde sus novelas multiplicaron las voces de los personajes. Se volvieron polifónicas, corales. Este extenso relato forma parte de esa tradición narrativa, pero el método de contraponer monólogos complementarios alcanza un grado de sofisticación extrema. Tal vez como nunca antes, Lobo Antunes, a quien le gusta definirse como un poeta frustrado, estuvo tan cerca de la poesía. La pasión por la materia y la musicalidad de las palabras -que emparenta sus textos a las sinfonías o incluso a un estándar de jazz poblado de solos delirantes- alcanzan en este caso límites probablemente irrepetibles. Los vocablos parecen adquirir autonomía propia hasta amenazar con convertirse en versos: "cabezas, guirnaldas de intestinos, bastones de cuero, de mimbre, de goma, clavado entre las nalgas, nucas aplastadas por piedras, órbitas extraídas con una cuchara, un tenedor, la punta de un cuchillo, los soldados que avanzaban resoplando como los perros del bosque, la mujer desnuda sin manos, sin lengua, sin pecho, sin pelo, sin sangre".
Valga la crudeza de estas líneas para introducirnos en el alucinatorio mundo de Esplendor. .., quinta novela del autor traducida al castellano, y parte de un tríptico junto con Manual de Inquisidores , la novela anterior, y Exhortación a los cocodrilos , aún inédita en nuestro idioma. La trilogía es una de las debilidades de este escritor que ya antes había indicado leer como una obra conjunta tres ficciones perfectamente independientes como El orden natural de las cosas , Tratado de las pasiones del alma y La muerte de Carlos Gardel .
El trío que integra Esplendor... se aleja del intimismo melancólico de la primera trilogía para zambullirse de lleno en las consecuencias de la dictadura salazarista y su caída, y el destino terrible de la aventura colonial en Angola. Lobo Antunes, que pasó parte de su juventud como médico en la guerra de la entonces colonia africana, ya había tratado el tema en sus primeras novelas, pero esta vez decide investigarlo desde adentro, al narrar la historia de disgregación de una familia de colonos. Disgregación que es consecuencia de un paraíso tan falso como aberrante y que comienza mucho antes de la despavorida huida de las fuerzas portuguesas. El sarcasmo del título habla por sí solo: los versos del himno lusitano aluden a una gloria naval que no es más que pasado.
"Somos los negros de ellos, explicaba mi padre, de la misma forma que los negros poseen sus negros y éstos a sus negros en grados sucesivos hasta el fondo de la enfermedad y la miseria", repetirá uno de los personajes, Isilda, como un mantra para conjurar el horror.
Isilda se quedó en Angola, donde siempre había vivido. Ella es testigo de cómo su mundo, esa burbuja dorada en que vivieron sus abuelos y sus padres, ese mundo artificial donde reinaban la mezquindad y el desprecio, se iba deshaciendo en jirones. El horror de la guerra civil parece traer ecos de aquel otro horror, el del coronel Kurtz en El corazón de las tinieblas .
Pero si se le busca parentesco a la crudeza de estas descripciones, el nombre más apropiado será el de Céline.
En Lisboa, mientras tanto, los hijos de Isilda -Carlos, Rui, Clarisse- se aprestan a reunirse para una cena de Nochebuena después de quince años de no verse. En la obra de Lobo Antunes, es casi un leit-motiv que los hermanos nunca sean completamente hermanos: los tres huyeron de Angola conminados por la madre, los tres son hijos de la infidelidad o la venganza, los tres se detestan y viven vidas tan miserables como distintas. Los tres examinan sus recuerdos y, en contrapunto con los monólogos de Isilda que espera la muerte en Angola, van reconstruyendo, a través de estas múltiples miradas, la historia familiar.
Esplendor... es probablemente la novela más lacerante, sórdida y brutal de Lobo Antunes. No es poco decir. Es también una obra maestra. Una obra maestra de difícil digestión. La buena literatura -escribió Arlt- duele como un buen cross a la mandíbula. Lobo Antunes prefiere decirlo con otras palabras. Cuando un periodista español le preguntó por qué sus obras son tan negras, por qué no le escapan al riesgo de la truculencia, respondió: "Dígame usted el título de una sola buena novela rosa".





