Tras los pasos del libro único

El italiano Roberto Calasso reúne artículos sobre la edición como género literario y retrata de manera imperdible a algunos ilustres representantes del mundo editorial
Alejandro Patat
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22 de mayo de 2015  

La marca del editor es el libro que Roberto Calasso, director de la editorial Adelphi, publicó en 2013, cuando se cumplieron los cincuenta años de la que hoy es considerada por muchos la editorial más prestigiosa de Italia. Está dividido en dos partes: una dedicada a la historia de la aventura de ese proyecto editorial; la otra, a los perfiles de distintos editores europeos que Roberto Calasso conoció en su larga trayectoria.

La definición de "libro único" abre el libro. Se trata de una expresión pergeñada por Roberto Bazlen, quizás el mayor intelectual italiano del siglo XX, originario de Trieste, que trabajó incansablemente por la difusión de la cultura mitteleuropea en Italia y cuyas huellas son todavía indelebles. Narra Calasso que en un encuentro informal, en 1963, cuando él tenía apenas veintitrés años, Bazlen propuso la creación de una editorial que estuviera compuesta sólo por libros únicos. "Libro único es aquel en el que se reconoce enseguida que al autor le ha sucedido algo y ese algo terminó depositándose en un escrito." Los libros únicos fueron y son la obsesión de Adelphi, es decir, aquellos en los que la experiencia literaria adquiere dimensiones totalizadoras, fácilmente reconocibles por un buen lector.

Calasso cuenta l uego cómo la editorial nació a partir de la publicación de las obras completas de Nietzsche, que, en esos años en Italia, equivalía a una declaración de guerra contra la cultura hegemónica. Se trataba de dar visibilidad a la irracionalidad, contra los proyectos didácticos de Einaudi, que aspiraba a crear un nuevo público culto, y contra la instrucción ideológica de Feltrinelli, que había abrazado la lucha cubana y el vocabulario soviético.

Precisamente, la elección por parte de Bazlen de La otra parte, del pintor y escritor austríaco Alfred Kubin, como primer volumen de la Biblioteca Adelphi, la colección que haría famosa a la editorial, echaba raíces en el género fantástico "químicamente puro", que en Italia luchaba por ganar un espacio propio. Bazlen murió en julio de 1965, cuando salió el volumen de Kubin, pero su espíritu, así como materialmente su biblioteca, quedarán vivos en Adelphi.

En tercer lugar, el concepto de conexión fue el motor de la nueva empresa. Conexión implicaba la búsqueda de una afinidad entre los textos, que no era temática ni estilística, sino espiritual. El punto cardinal de esa cosmografía de libros fue Viena, desde los primeros pasos de Hugo von Hofmannsthal hasta el tren que condujo a Freud a su exilio en Londres. Así, la Biblioteca se transformó en una constelación de autores, cada uno de cuyos libros evocaba idealmente a los otros: Robert Musil, Kurt Gödel, Karl Kraus, Joseph Roth, Arthur Schnitzler, Adolf Loos, Elias Canetti, Ludwig Wittgenstein, y así sucesivamente. A tal punto la editorial dio en el centro de la comunidad italiana, que las Brigadas Rojas, el ala armada de la izquierda extrema italiana, acusó a Adelphi de difundir un clima de disolución ideológica y escepticismo relativista. En el comunicado del grupo revolucionario se podía leer que la editorial se había convertido en la "áurea estructura portante de la contrarrevolución superestructural". La editorial siguió adelante y hoy, tras cincuenta años bajo la dirección de Calasso, alcanza los 2000 volúmenes, amalgamados por el concepto de conexión.

La segunda parte del volumen está signada por la descripción de otros grandes colegas europeos: Luigi Einaudi ("el gran pedagogo", no sin ironía), Roger Straus ("un editor muy serio"), Peter Suhrkamp ("un personaje novelesco"), Vladimir Dimitrijovic, el incansable difusor de las literaturas eslavas en Francia ("amaba llamarse jardinero").

En fin, La marca del editor es un libro extraordinario que brega por la supervivencia de la figura del editor curioso, intuitivo, brillante, que hoy lucha contra la digitalización globalizada y la lógica comercial de los grandes grupos multinacionales que dominan el mercado del libro. El signo distintivo de su credencial es nada menos que la tapa del volumen, verdadero manifiesto de una artesania editorial que resiste. El libro del intelectual italiano regala definiciones memorables del "arte de la edición", descripto como género literario, paisaje mental, combinación de formas y analogías, juego irreverente, improbable viaje onírico.

La marca del editor

Roberto Calasso

Anagrama

Trad.: Edgardo Dobry

176 páginas

$ 145

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