
Triunfo personal del Papa
Cumplió con los compromisos y mostró mejor aspecto físico
1 minuto de lectura'
MEXICO DF.- Reflejando sus espejitos en el cielo para ser vistos desde el avión que llevaba de vuelta al Papa a Roma, millones de mexicanos despidieron ayer, apoteósicamente, a Juan Pablo II, que concluyó la maratón que lo llevó a recorrer más de 22.000 kilómetros en once días, pasando primero por Canadá para la Jornada Mundial de la Juventud, muy brevemente por Guatemala, y, finalmente, por este país.
Sus médicos -y también varios cardenales de la Curia- habían considerado "una locura" un viaje tan largo en las condiciones de salud del Pontífice, de 82 años. Sin embargo, esta 97a. gira internacional terminó siendo un triunfo personal para el Papa, que cumplió con todos los compromisos previstos y sorprendió a todos por su mejor aspecto físico.
Ayer, en efecto, volvió a subir a pie la escalerilla del avión que lo llevó de vuelta a casa, demostrando como siempre una enorme fortaleza de espíritu y una voluntad férrea.
El Santo Padre no sorprendió sólo por lucir un mejor aspecto en este viaje, y por decidir cuatro veces no utilizar un elevador para bajar o subir del avión, sino también por leer todos sus discursos con una voz fuerte y clara como no se le oía desde hace tiempo, y por ostentar en forma menos visible los síntomas de las enfermedades que padece.
Fue mucho menos evidente, por ejemplo, el temblor de su mano izquierda debido al mal de Parkinson, así como mucho menor la salivación que suele caerle de la boca por el mismo motivo. Además, se lo notó mucho más participativo en todas las ceremonias que presidió, en las que siguió atentamente todo lo que ocurría, y en las que se esforzó por pararse -con la ayuda de sus más estrechos colaboradores- en los momentos en que lo consideró necesario.
En su anterior viaje a Azerbaiján y Bulgaria, en mayo último, al Papa se lo había visto realmente muy mal, y por momentos como ido, algo que provocó que en su mismo entorno se pusiera en duda esta gira, y que algunos cardenales directamente le plantearan que era mejor que no la hiciera. Pero el Santo Padre, que siente que parte de su misión es viajar en función apostólica, se impuso.
Al ritmo de "Cielito lindo"
En escenas conmovedoras, miles de mexicanos lloraban ayer al despedirlo en el aeropuerto, después de haber beatificado en la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe a los mártires Juan Bautista y Jacinto de los Angeles, dos indígenas oaxaqueños.
La jornada anterior había canonizado a Juan Diego, el primer santo indígena del continente americano, en otro intento de acercamiento de la Iglesia Católica al sector más marginado de este país, normalmente discriminado. En la Liturgia de la Palabra que tuvo lugar ayer en el templo se recordó que los dos indígenas fueron asesinados brutalmente en 1700 por sus mismos compañeros de raza, que los acusaron de practicar la idolatría.
Durante la ceremonia, que duró unas dos horas, y que volvió a impactar por sus músicas y danzas autóctonas, el Pontífice lució un aspecto mejor que el día anterior. Cuando unos indígenas que llevaban penachos multicolores bailaron la "danza de la pluma", por ejemplo, con la mano golpeó el ritmo en su atril, evidentemente contento.
Antes de dejar la basílica, el santuario mariano más grande del mundo, el Papa improvisó unas palabras para saludar a la multitud, y dijo: "Me voy, pero no me ausento, porque aunque me voy, de corazón me quedo", provocando lágrimas entre la emocionadísima multitud, que espontáneamente comenzó a gritar "¡que se quede!", y a cantar "Cielito lindo".
Después, como ya había sucedido en el trayecto de ida, en el viaje que recorrió en papamóvil hasta el aeropuerto, millones de mexicanos dijeron presente para darle "quizás el último adiós", en su quinta visita a esta tierra.
"No creo que este santo podrá volver a su México querido", dijo a LA NACION María Dominga Martínez, en lágrimas, que pese a sus 74 años esperó cuatro horas frente a una valla del Paseo de la Reforma para ver pasar fugazmente a su ejemplo de vida. "Yo tengo problemas de cadera, pero este hombre enseña que los árboles mueren de pie", agregó.
Las pastillas de Montagnier
Al margen de la "medicina milagrosa" que significó para él descansar en Castelgandolfo antes de partir, así como el reposo que tuvo al refugiarse unos días en Strawberry Island, Canadá, más el contacto con los jóvenes que lo aclamaron en Toronto, sumado a la devoción que le manifestaron multitudes aquí y en Guatemala, la gran pregunta que se hacen los vaticanistas ahora es: ¿qué nuevo fármaco le están dando al Papa?
Al respecto, nadie se olvida de que hace unas semanas el médico Luc Montagnier, famoso por haber descubierto el virus del sida, en una visita que le hizo en el Vaticano le regaló unas pastillas en contra del envejecimiento.
La gira -en la que el Pontífice cambió tres veces de huso horario y debió adaptarse a las alturas de Ciudad de Guatemala y de esta contaminada capital- también puede considerarse un triunfo personal para el Papa, porque una vez más reafirmó su carisma y su poder de convocar ríos de "wojtyla boys", por un lado, y océanos de eufóricos fieles en la mayoritariamente católica América latina.
Aclamado incluso por los no católicos, que respetan su autoridad moral y su peregrinar por el mundo pese a estar enfermo, no es arriesgado afirmar que Karol Wojtyla ya se ha convertido en una leyenda viviente. Y en cada viaje, algo se agrega a esta leyenda.
1
2A 75 años de “La Colmena”: censurado por inmoral y pornográfico, se filtró “gota a gota” y consagró al polémico Nobel Camilo José Cela
3Construir con telas, hablar con color: Olga de Amaral transforma el Malba en un laberinto universal
- 4
Las cenizas de Juan José Sebreli se esparcirán en Plaza Constitución el próximo viernes



