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Uno, dos, tres… y así hasta más de 30 libros. Este es el número de ejemplares que tiene Andrea Aragón en las estanterías de su casa sin leer. Una extraña colección que, para esta lectora, no parece ser suficiente. Va a seguir comprándolos en las librerías, independientemente de si lo hace de manera impulsiva o de un modo planificado. Como ella, muchas personas almacenan en su biblioteca personal tomos que ni siquiera han empezado ni ojeado la primera página. A este fenómeno ya le dieron un término en Japón en el siglo XIX: tsundoku. O, en otras palabras, el hábito de comprar libros y acumularlos sin llegar a leerlos, aunque con intención de hacerlo.
