Un año intenso

Las dificultades del país no impidieron el despliegue de una actividad colmada de propuestas interesantes
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30 de diciembre de 2001  

Este es un panorama resumido de lo realizado en nuestro medio durante el año que termina. A juicio de quien esto escribe, se destacan algunas de las exposiciones que visitó, sin otra justificación que la de su propio criterio valorativo. Se enumera primeramente, en orden alfabético, la actividad de los museos, entre los cuales, por excepción, se coloca en primer término al Nacional de Bellas Artes. Siguen, el Fondo Nacional de las Artes, los centros culturales y las galerías, en el mismo orden.

Entre los acontecimientos más importantes del año es imposible olvidar la desaparición de los artistas Rubén Locaso, Santiago Cogorno y Joaquín Ezequiel Linares, tal vez el más cercano a nuestro imaginario histórico y a temas locales como el tango y la milonga. También la del crítico Osvaldo López Chuhurra.

Los museos

El Museo Nacional de Bellas Artes se destacó en lo internacional y en lo nacional. Entre las exposiciones que presentó, cronológicamente recordamos la de una de las grandes figuras del novecento, el italiano Carlo Carrˆ, vinculado con distintos movimientos, pero especialmente con el futurismo. También conviene recordar la muestra del argentino residente en Viena Helmut Ditsch, con su realismo fotográfico de paisajes montañosos, la de grabados del alemán Otto Dix, que enfocó las cosas de su tiempo y las atrocidades de la guerra, y el escenario multidisciplinario dedicado al mes de Colombia. Sin embargo, en el plano internacional, la exposición más notable fue la de Auguste Rodin y su tiempo. La integraron casi una centena de obras, muchas de ellas traídas especialmente de su museo parisino, que incluyeron también piezas de sus contemporáneos más destacados.

De las muestras argentinas, destacamos la retrospectiva expresionista de Carlos Gorriarena, colmada de sentido crítico y de irónicos señalamientos.

El Museo Nacional de Arte Decorativo trajo un excepcional conjunto de obras gráficas del alemán Horst Janssen y el Museo de Arte Moderno una interesante muestra del argentino residente en los Estados Unidos César Paternosto dedicada a lo que él mismo denominó la visión oblicua debido a que dejó en blanco la superficie frontal de los cuadros para colorearlos en los cantos. El Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco mostró la variada y notable exposición de artesanías populares de México y el Museo Municipal Eduardo Sívori los grabados y ediciones de Alicia Scavino; la pinturas y dibujos de Luis Debairosmoura sobre Todos los cielos y el infierno y la antología de dibujos de Fernado Allievi. También expuso allí grabados y dibujos Jesús Marcos; Carolina Cerverizzo, pinturas y algunas obras con luces de neón y Carlos Cañás, las pinturas sobre nuestra pampa que después expuso en el Museo de La Boca. Coronó el año un intercambio patrimonial que incluyó las pinturas y esculturas del Museo de Tandil.

El Museo Nacional del Grabado mostró los premios que se dieron durante los años en los que el grabado formó parte del Salón Nacional de manera independiente y el Museo Quinquela Martín la antología que destacó la vitalidad comunicativa de Rómulo Macció, las obras sobre papel de Ana Tarsia y los dibujos de Beatriz Varela Freire. Aparte de las distintas exposiciones que el Fondo de las Artes presentó en los centros culturales, a las que nos referiremos más abajo, vale la pena destacar, entre las que realizó en sus propias salas, la de Nicolás García Uriburu, que recordó con objetos, instalaciones y otras piezas de diferente carácter sus ecuménicas intervenciones en defensa de la naturaleza. También recordamos la de pinturas de Pablo Siquier.

Los centros culturales

Los principales centros culturales tuvieron una actividad muy destacada. El Borges trajo la vasta y variada antología del mexicano Francisco Toledo, los trabajos de caballete, dibujos y grabados del catalán Antoni Tápies; la antología fantástica, pero duramente realista en su sentido de los monstruos de Berni, y la de las obras abstractas de Raúl Lozza. Cumplió además una importante acción de estímulo a los valores del interior mediante las muestras que se sucedieron en la sala Ojo al país patrocinada por el Fondo de las Artes. El Centro Cultural Recoleta desarrolló también una actividad extensa y destacada que se inauguró con la gran exposición de la vanguardia rusa. Exhibió obras que marcaron el aporte que en las primeras décadas del siglo pasado hicieron figuras internacionales de la talla de Malevich, Kandisnsky, Ródchenko y Popova, entre otros.

Entre las de nuestros artistas, recordamos las de pinturas y dibujos de Juan Carlos Castagnino y de Miguel Diomede; la de esculturas de Enio Iommi; la instalación crítica de Carlos Gallardo y la de más de cuarenta años de la producción de Roberto Aizenberg. Fue notable, además, las exposición de Sergio Camporeale que sirvió de estímulo visual para la obra de doce escritores; Piel de poyo , la muestra póstuma del uruguayo residente en nuestro país Luis Pollini, y las de las grabadoras Alicia Díaz Rinaldi y Graciela Zar presentadas en la sala del Fondo Nacional de las Artes. Importante también fue la exposición de fotografías, objetos e instalaciones de Marcelo Brodsky por su contenido documental.

Las galerías

Como de costumbre, la actividad privada cumplió una actividad cultural dilatada. Arcimboldo extendió su actividad fuera de su propio espacio, creado hace una década, y prestó una mirada atenta a la producción de los jóvenes artistas argentinos, aun los que viven en el exterior.

Arroyo tuvo su mejor momento con la exposición de pinturas de Eduardo Mac Entyre inspiradas en el arte negro que se mostraron junto con los originales, provenientes en su totalidad de la colección Campomar. çtica presentó la exposición de Osvaldo Decastelli y sus temas sobre la bandera, y De la Recoleta la muestra póstuma de obras inéditas en el país del expresionista Jorge Ludueña. Del Infinito Arte mostró los ejercicios graduales de Raúl Lozza. Diana Lowenstein Fine Arts, después de una labor que se volcó en principio, cuando funcionaba con otro nombre en el Paseo de la Infanta, a las grandes figuras internacionales y, posteriormente, también a la de otros artistas, cerró con una muestra de Tulio de Sagastizábal.

Forma se destacó con la pintura abstracta de Adriana Zapisek, y la Fundación Klemm con una colectiva dedicada a la obra de los participantes del premio que instituyó.

Luxolar expuso las cajas y retablos de Blas Vidal y la labor de Luis Debairosmoura.

Uno de los acontecimientos más notables del año lo constituyó al inauguración de la galería Maman, un espacio muy importante que empezó sus actividades con una formidable antología de Rómulo Macció.

Niko Gulland presentó las atmósferas caligráficas, un conjunto de pinturas de Antonia Guzmán de factura muy personal.

Palatina mostró dibujos y pinturas de Zdravko Ducmelic y Alberto Delmonte; esculturas y dibujos de Alberto Pilone que evocan un pasado remoto; obras de Teresa Pereda, cuyo vocación telúrica se manifestó simultáneamente con una instalación en la Recoleta; las estupendas esculturas de Aurelio Macchi que destacaron tanto su actividad de tallista como la de modelador y los dibujos, pinturas y esculturas de Jorge Diciervo.

Principium mostró, entre otros, a Luis Scafati como dibujante, pintor y escultor; a Gustavo López Armentía con obras de notable originalidad; al peruano Fernando de Szyszlo con testimonios de su arraigo continental y a Héctor Basaldúa en calidad de escenógrafo.

Rubbers inauguró un nuevo espacio en la librería Grand Splendid con una muestra de Alessandro Kokocinski. Allí expuso, también, una antología de obras sobre papel de Josefina Robirosa que representaron tres décadas de su producción. En su local tradicional, expuso a Miguel Dávila, Víctor Chab, Fermín Eguía, Luis Felipe Noé y Ernesto Pesce como pintor.

La galería Ruth Benzacar presentó una espléndida exposición de los grandes colages de Kenneth Kemble; Suipacha, los enfoques ciudadanos de Miguel Angel Bengochea y Praxis las socarronerías y sugerencias diabólicas de Jorge Ortigueira. Sara García Uriburu destacó el lenguaje figurativo de Liliana Desrets, una colorista y dibujante excepcional; Van Riel, la acción del veterano expresionista Alejandro Vanstein y Zurbarán las pinturas y grabados de Cristina Santander en homenaje a España.

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