Un bar homenaje a la memoria de Piglia con café (y ginebra)

La Biblioteca del Congreso, en la que el autor pasó horas cuando escribía Respiración artificial, abrió un espacio literario con su nombre
Natalia Blanc
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22 de marzo de 2017  

En el salón, los libros están al alcance de la mano
En el salón, los libros están al alcance de la mano Crédito: Daniel Jayo

"Durante años viví cerca de la Biblioteca del Congreso y la convertí en mi sala de lectura nocturna. El lugar estaba abierto toda la noche y ahí me encontraba con los desesperados de la ciudad, eran los años de la dictadura. En 1977 mi amiga Sylvia Coppola, hija de la fotógrafa Grete Stern y Horacio Coppola, me alquiló su departamento en Bartolomé Mitre y Rodríguez Peña. Ella se exilió en París y me dejó instalarme en su guarida. Cambiar de barrio es descubrir otro mundo. La zona de las inmediaciones del Congreso estaba llena de vida; había bares, librerías que yo recorría como si fuera nuevo en la ciudad..."

Así comienza el texto que escribió Ricardo Piglia, poco antes de morir, para recordar los días en que leía, investigaba y escribía en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Inédito, el relato fue leído ayer al público por Cristina Banegas en la reinauguración del bar del espacio cultural de la biblioteca. Rebautizado Piglia, en el bar hay cinco bibliotecas repletas de libros del autor, que estarán disponibles para quien quiera leerlos mientras toma un café o una ginebra, bebida favorita de Piglia y de su álter ego, Emilio Renzi.

Como si fuera una de las entradas de los diarios de Renzi, personaje que creó para hablar sobre su propia vida, Piglia rememora en esa carta que a fines de la década de 1970 estaba trabajando en la trayectoria de Enrique Lafuente, "que había formado parte del Salón Literario junto a Echeverría y Alberdi".

Escribe Piglia: "El personaje me sirvió de modelo para Enrique Ossorio, uno de los protagonistas de mi novela Respiración artificial. Tarde en la noche, yo me refugiaba en la biblioteca y rastreaba a esa figura esquiva y aventurera. Tomaba notas frenéticas y leía periódicos y correspondencia de la época y otros materiales que encontraba con facilidad. El salón de lectura estaba bien calefaccionado y uno tenía la ilusión de que estaba a salvo ahí entre libros. No sé por qué pensaba que los militares no iban a irrumpir en el recinto. Quizá, creía yo ilusionado y sin ningún fundamento que los iba a intimidar el nombre del lugar. Varios otros noctámbulos pensaban como yo y ahí estaban protegidos porque en esas madrugadas creí reconocer algunos de los seres espectrales que frecuentaban el lugar..."

Como señaló María Moreno, coordinadora del ciclo literario Palabra Viva, que fue presentado ayer, la primera entrada de Los diarios de Emilio Renzi, Nuestros años felices, lleva como título "En el bar", y comienza con el protagonista acodado en la barra de El Cervatillo. Ahora, en las mesas del bar Piglia, se podrán leer Nombre falso, Formas breves, El último lector y Las tres vanguardias, entre otros libros. También, enciclopedias, atlas y diccionarios que consultaba en la biblioteca. El proyecto, impulsado por la diputada María Teresa García, contempla exhibiciones y charlas con escritores.

Un mural de Miguel Rep, todavía en progreso, recorre la trayectoria de Piglia en varias viñetas y presenta en el centro un retrato fiel del escritor. En el hall de ingreso al espacio cultural está colgada la muestra fotográfica Arqueología de la Ausencia, de Lucila Quieto.

El bar (con entrada por Alsina 1835) funcionará en el horario de la biblioteca: de lunes a viernes, de 8 a 20. Con la idea de que Piglia fuera el primer invitado del ciclo Palabra Viva, el salón literario de la Biblioteca del Congreso ofrece así un homenaje permanente a su memoria.

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