Un canciller crucial
BARON DE RIO BRANCO Por Rubens Ricupero-Nueva Mayoría-Trad.: J. Ferguson-152 páginas-($15)
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En una ocasión se jactó de haber construido el mapa de Brasil. Esa declaración de José Maria da Silva Paranhos, Barón de Rio Branco (1845-1912), podrá parecer presuntuosa, pero su actuación diplomática legó a los brasileños un país sin hipotecas territoriales ni diferendos con sus diez vecinos (tres de ellos, entonces, potencias europeas).
Como perito, Paranhos obtuvo dos importantes triunfos en las cuestiones de Palmas o de las Misiones, con la Argentina (1895), y del Amapá, con Francia (1900). Como canciller (1902-1912) de cuatro presidentes de Brasil, encauzó y solucionó el problema territorial del Acre con Bolivia (1903) y otros conflictos menores de límites con Uruguay, Perú, Venezuela y Colombia.
Esta es la primera biografía del Barón editada en castellano. Su autor, Rubens Ricupero, es un destacado diplomático brasileño. El texto del libro es el que acompaña la monumental Fotobiografía, publicada en 1995 para conmemorar los ciento cincuenta años del nacimiento del Barón. La intención de Ricupero fue demostrar "la modernidad de su figura, el pragmatismo de su visión del mundo y de su país, y la perennidad de su obra", según explica en uno de los prólogos el actual embajador brasileño en la Argentina, Sebastião do Rego Barros.
Paranhos supo ver que, ante el crecimiento político y económico de los Estados Unidos, había que desplazar el eje diplomático de Londres a Washington. También se adelantó al Mercosur con su propuesta de una alianza política entre la Argentina, Brasil y Chile. Convertido por sus compatriotas en héroe nacional, algunos lo acusaron de imperialista y, ciertamente, el Barón aprobaba la función de los Estados Unidos como policía de América Central y el Caribe: "Si esos países no saben cómo gobernarse a sí mismos -justificó en una oportunidad-, no tienen derecho a existir y deberían ceder el lugar a una nación más fuerte, mejor organizada, más progresista y más viril." Sin embargo, no siempre concordó con la diplomacia estadounidense y fue lo bastante hábil para utilizarla en provecho propio.
Ricupero ofrece pocos datos de la vida privada del Barón (menciona su relación con una actriz belga con la cual tuvo varios hijos) y se concentra de lleno en sus logros diplomáticos, conseguidos en el escenario de la belle époque, un mundo que creía "en la posibilidad de un Derecho Internacional cada vez más efectivo y fuerte".
Barón de Rio Branco está escrito con sobriedad, sin caer en excesos laudatorios. Resulta un libro de interés para quienes deseen conocer la historia diplomática de Brasil y su relación con la de nuestro país.
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