
Un centro de cultura que crece como símbolo de la tolerancia
La legendaria institución egipcia aspira a recuperar sus tiempos de esplendor
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Con un presupuesto que oscila entre los US$ 15 millones y los US$ 20 millones, 1100 empleados cuyo promedio de edad es de 26 años, 250.000 visitantes por año y una inversión que superó los 230 millones de dólares aportados por 30 países -tres de ellos, árabes- y el propio gobierno de Egipto para su construcción, la Biblioteca de Alejandría ha recobrado su esplendor, tras 1600 años de ausencia.
Se ubica en un sitio muy próximo al que ocupó la legendaria biblioteca original, creada por Tolomeo I en el año 295 a.C., en la ciudad que había fundado Alejandro Magno seis años antes.
Su actual director, el egipcio Ismail Serageldin, habló en el 70° Congreso de Bibliotecas e Información, que se realiza en el hotel Hilton, sobre el renacimiento y futuro del que fue -en el mundo antiguo- el mayor centro de manuscritos y obras que a lo largo de siete siglos se fueron destruyendo en distintas catástrofes, hacia el año 415. En diálogo con LA NACION, Serageldin rechazó la idea de que hubieran sido los árabes quienes la incendiaron.
En un plazo de cinco años, la Biblioteca planea reunir ocho millones de libros. Hoy tiene 330.000 volúmenes y el año último sumó 100.000. Pero su fondo se completa con 500.000 cartas, 6700 manuscritos originales que representan 10.500 títulos del mundo antiguo (el más primitivo es del año 970), 50.000 mapas y 10.000 libros valiosos. Las obras proceden de todo el mundo.
Al señalar la importancia simbólica del resurgimiento de este centro de conocimiento -como se señala en su website- "para ser una ventana del mundo sobre Egipto y una ventana de Egipto hacia el mundo", Serageldin expresó: "La Biblioteca de Alejandría siempre estuvo en la conciencia de los eruditos, de los científicos y de los escritores como la aventura más grande del intelecto humano a través de la historia".
Subrayó también: "Para los humanistas tiene el atractivo de la apertura, la racionalidad, la comprensión, el diálogo y la tolerancia. Allí estuvo la primera traducción del Antiguo Testamento del hebreo al griego. Su desaparición hace 1600 años fue una gran pérdida para la humanidad".
Este centro monumental de 85.000 m2 tiene, además seis bibliotecas especializadas, tres museos, siete centros de investigación, dos salas de exposiciones permanentes, seis galerías de arte, un centro multimedia, un planetario y un auditorio de conferencias para 3200 personas. Cuenta con un centro de documentación de patrimonio cultural y natural, que incluye un área de patrimonio cultural intangible del mundo árabe.
La fuerza del símbolo
La obra arquitectónica que confluyó en la actual Biblioteca de Alejandría, inaugurada hace dos años, se alimentó con los aportes de 30 países y la voluntad del gobierno egipcio de hacerla revivir. El valor actual de este símbolo, según Serageldin, ha sido reconocido por todo el mundo: en su inauguración hubo reyes, primeros ministros y ministros de Cultura de 40 o 50 países. "Tenemos respecto de la Biblioteca altas expectativas."
Según los antecedentes en la Web, los fondos bibliográficos de la original Biblioteca de Alejandría fueron aportados en distintas épocas. Desde la de Tolomeo I, cuando había 200.000 rollos de papiro disponibles referidos a diferentes temas, hasta la época de Marco Antonio, ocasión en que se sumaron 900.000 volúmenes.
Serageldin es un hombre afable y entusiasta. No dudó un instante en aceptar el desafío de conducir el destino de la Biblioteca de Alejandría cuando la primera dama de Egipto lo convocó. Por entonces era vicepresidente del Banco Mundial, vivía en Washington y coordinaba varios proyectos internacionales vinculados con el agua, la agricultura y con microemprendimientos para pobres.
"Lo dejé todo para trabajar en la ley que desarrollaría la nueva Biblioteca de Alejandría. Y lo hice sin ninguna garantía de llegar al puesto de director. Pero era un sueño volver a crear aquella biblioteca en el tercer milenio. Era como ver renacer un ave fénix de sus cenizas. Era un desafío y un honor que ningún intelectual egipcio hubiera rechazado", dijo con orgullo.
Consultado sobre la lección que recibe la humanidad cada vez que una biblioteca es destruida por causa del odio y la guerra, Serageldin dijo: "Lo primero es la fragilidad de nuestro patrimonio en el sentido físico. Pero también sirve para reforzar la solidez de nuestra herencia en término de ideas, que no se matan quemando libros. Luego, me queda la sensación de lo importante que es intentar capturar todo este conocimiento en formatos que faciliten su recreación en otros sitios espejo para ser preservados".
Serageldin se refiere a la reproducción digital de libros y documentos como un modo de asegurar su supervivencia en caso de futuras catástrofes naturales o causadas por la mano del hombre.


