Un cordero de mi estilo
1 minuto de lectura'
¿Cómo escapar al embrujo de la guitarra que marca el paso acelerado del Negro Atila rajando como un ladrón al que no logran atrapar, apretando en su bolsillo todo el metálico brillo sin temor ? ¿Cómo escapar a esa letra viva pisando el ritmo de la guitarra en la voz áspera del Indio, que pintó como nadie a los ángeles del derrumbe, a los otros, a sí mismo, a los otros? En la furia - y maté, y maté, y - como en la pena - ángel de la soledad y de la desolación -, y en el éxtasis sin par - preso de tu ilusión vas a bailar, a bailar, bailar -, mientras crece el lamento de los lobos y el blues se hace una endecha que aquí en el sur alcanza semejante intensidad y hondura. Se hunde el corazón sin red ni salvación en la poética impecable que se sabe autónoma y se sabe parte de la música y de la interpretación, y de algo que sucede ahí afuera tanto como adentro, en la cornisa de la canción que se abre a lo informe y vuelve a la forma que la sostiene en el genio de Los Redondos. La gran lady te acaricia y no besa, oh no, es un instante de belleza muy cruel , dice la voz alzándose de la agonía para estallar en una vulcan roja y luego en un riff : que el lobo estaba sordo, que no escuchaba más ... El Indio desmiente las pavadas que se han dicho de la poesía, va directo, va de frente, va sutil o va enigmático, acentúa donde quiere y no es gratuito, va por más, por más sentido y los bárbaros lo entienden. Cruza mundos de lenguajes como la poesía lo ha hecho siempre, cuerpo a cuerpo, y es el oro lo que resta. La jaula de la canción le viene bien al Indio, lo cierra, lo centra, no lo deja hablar de más. Casi todo lo que conozco y amo de Solari está en los Redondos; difícil hablar de él a solas y no de la banda que representó en su poética los años más crueles de casi toda una vida, la mueca siniestra de la dictadura y los campos de exterminio del liberalismo económico que la siguieron. Que ese ritmo, que esa melodía, que esa frase verbal lograra decir algo de manera constante, convocando a una acción libertaria en medio del agujero ciego de nuestra historia, es ya cosa de no creer. Y que lo hiciera sin perder nunca el nombre de un sujeto cualquiera, sus héroes anónimos queriendo vivir, como nosotros que nos reflejamos en el espejo, esa banda inconsolable de perros sin folleto , sí que parece tarea del arte; el intenso poder tan frágil de la poesía, una donación de aquellos a quienes se les pretende tachar la voz, como si balaran o aullaran en el desierto. Centrada en este disco sé que me pierdo grandes momentos, de Oktubre o de Luzbelito , pero lo hago recordando las palabras del Indio, recordando que somos mitá y mitad , todos nosotros pero algunos más, porque tienen razones más urgentes para ello; mitad lobo y mitad cordero, mientras resuena también esa forma salvaje de la compasión, cuando la criatura se presenta, tan tierna, tan atroz: Turquito tapame que hace frío, y dame un tibio y rico culito de poxi ran...




