
Un cross a la mandíbula
LA MUJER QUE SE ESTRELLABA CONTRA LAS PUERTASPor Roddy Doyle (Norma) - 274 páginas - ($ 18)
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PAULA SPENCER, 39 años, viuda reciente, madre de cuatro hijos, empleada de limpieza por horas, alcohólica: en manos de otro autor, su historia hubiera sido una tragedia sin fin. El irlandés Roddy Doyle, en cambio, consigue atrapar, en la minuciosa descripción de la vida de esta mujer, todos los matices (cómicos, dramáticos, románticos) para construir una novela extraordinaria, que conmueve con la fuerza de "un cross a la mandíbula", como requería Roberto Arlt.
En los últimos años, la literatura irlandesa ha sido especialmente apreciada por las editoriales londinenses, atraídas por la vitalidad y la fuerza de autores como Doyle, Colm Tóibín, Robert McLiam Wilson o Patrick McCabe. Doyle debe gran parte de su fama a las adaptaciones cinematográficas de su trilogía novelística de Barrytown: The Commitments (dirigida por Alan Parker), Esperando al bebé y The Van (estas dos bajo la dirección de Stephen Frears). Su éxito literario mayor hasta ahora ha sido su cuarta novela, Paddy Clarke ja, ja, ja, que no sólo ganó el prestigioso Booker Price sino que vendió más de 350.000 ejemplares sólo en la edición inglesa. Muy lejos quedaban para el autor los tiempos en que debió fundar una editorial para poder publicar The Commitments.
La narrativa de Roddy Doyle se desarrolla siempre en un mismo ámbito: los barrios populares de Dublín. Sus historias están atravesadas por los problemas que deben enfrentar las clases bajas. En ese sentido, Doyle es un escritor "social". Pero su obra no es de denuncia sino que se nutre de la cultura popular para poder brindar un panorama complejo de los marginados.
Es la tercera vez que Roddy Doyle narra la historia de Paula, una mujer que debió soportar los golpes de su marido y los de la vida. En las otras ocasiones, lo hizo en forma de cuento y de guión televisivo. No debe sorprender que la versión televisiva provocara sentimientos encontrados en el público: Doyle no hace concesiones. Es un autor duro y tan realista como se puede llegar a ser hoy, pero no cae en golpes bajos ni en gestos demagógicos.
En su novela anterior -Paddy Clark, ja, ja, ja (editada en castellano por Espasa Calpe)- Doyle construía la narración desde el punto de vista de un chico. En La mujer que se estrellaba contra las puertas, es Paula quien se encarga de contar cómo su vida fue desperdiciándose, pero su relato carece de moralina o de mensajes. Describe los acontecimientos terribles, con dolor, pero sin trasfondo de reivindicación feminista; recuerda los buenos momentos con alegría y sin preocuparse por la moral de los hechos. La sexualidad, los abusos de todo tipo, los crímenes están evaluados desde la visión de la protagonista. Su testimonio es una cuña molesta en una sociedad que tiende a ocultar o a aprovecharse de sus clases populares. Paula es una sobreviviente, lo sabe, y desde esa perspectiva cuenta su historia.
Una de las mayores virtudes de Doyle es esta capacidad para camuflar su voz en seres tan lejanos a él. Paula es una narradora absolutamente femenina. Se detiene en detalles que sólo una mujer vería y que le dan carnadura, volumen y profundidad a su personaje. La otra gran virtud de este irlandés es su magnífica escritura: maneja las frases y los tiempos narrativos con tanta maestría y eficacia que por momentos corta la respiración. Desde el primer capítulo hasta el final, el novelista hace con el lector lo que quiere: lo conmueve, lo indigna, lo divierte. Con una historia compacta, con un personaje protagónico inolvidable y con un lenguaje avasallador, Doyle crea una de las mejores novelas de estos tiempos.
Por Sergio S. Olguín
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