Un documental para no perdérselo
La familia de músicos notables que hace escuela en el Teatro Colón y en la pantalla; el arte toma la primavera por asalto en Tigre
1 minuto de lectura'

Por favor, traten de no perdérselo. Es uno de los documentales sobre música más hermosos y conmovedores de los últimos tiempos. Lo van a pasar el 31 de octubre, a las 21, en Film & Arts y, por supuesto, también habrá repeticiones. Concierto para cuatro pianos cuenta una historia colectiva, la de la familia de pianistas formada por Lyl Tiempo, sus hijos Sergio Tiempo y Karin Lechner (entre ellos medio hermanos) y Natasha Binder, hija de Karin. La historia incluye también a los bisabuelos de Natasha, el famoso pianista Antonio De Raco, muerto en 2010, y la maestra de música Elizabeth Westerkamp, que interviene en algunas escenas memorables. Lyl, el motor oculto de ese clan, es una docente excepcional que, a modo de juego, se vale de imágenes de pollitos y otros animales aplicadas a las teclas para que sus alumnos de tres, cuatro o cinco años aprendan a tocar el piano. A los dos años y ocho meses, sentó a su hijo Sergio frente al instrumento y le dio las primeras lecciones con los resultados que el mundo musical conoce: él es hoy uno de los jóvenes virtuosos más destacados.
En una escena, Sergio Tiempo interpreta una pieza en la intimidad de la casa de su abuela Elizabeth y ella, que ya no puede usar la mano izquierda, lo acompaña tocando la melodía. Lo hace con un toque que tienen quienes de verdad saben no sólo lo que es el arte, sino también la vida. El nieto la mira con ternura y sigue cada uno de sus movimientos. Terminado el fragmento, Elizabeth se queda callada por un momento y después dice: "Cuando uno esté muerto, qué lindo sería que se pudiera escuchar música".

El director del Colón, Pedro García Caffi le ofreció a Sergio Tiempo hace más de un año que diera un recital en el teatro con carta blanca para elegir el programa y a los invitados. El pianista aceptó e invitó a su madre, a su hermana y a su sobrina, de 11 años, que ya había debutado en la sala de la calle Libertad. El documentalista Marcelo Lezama (responsable de excelentes producciones televisivas sobre pintura y también del documental que celebra los 60 años del Mozarteum Argentino) acordó grabar con las cámaras de Film & Arts la realización de todo el proyecto. El concierto se dio el 19 de noviembre de 2011. Los preparativos en Bruselas, en Buenos Aires, y el acontecimiento mismo fueron registrados por la cámara de Lezama.
La noche del concierto, los miembros de la familia de a uno aparecieron en el escenario del Colón y tocaron cada uno una obra en un piano. A medida que aparecían se quedaban frente al público para ejecutar obras a cuatro manos en dos pianos, en un caso a seis en un mismo piano y, por último, ofrecieron el Concierto para cuatro pianos de Johann Sebastian Bach. Lezama tuvo la inteligencia y la habilidad de grabar íntegra la interpretación de esa composición: algo bastante excepcional porque casi siempre los directores temen que los televidentes pierdan el hilo de una narración cuando se escucha una composición de más de diez minutos. En este caso, por el contrario, fue el grand finale .
Todo era alegría el sábado en el Museo de Arte Tigre . "¿Qué hacés vos acá?" Ése fue el saludo más frecuente de varias de las doscientas personas que se paseaban por las salas de la planta baja y del primer piso. Entre los sorprendidos estaban Luis Felipe Noé (el MAT le ha comprado una obra que ya se exhibe muy cerca de la recepción), Luis Alberto de Erize y su mujer, Mónica Gancia, y la editora Adriana Hidalgo (su hijo, Carlos Huffmann, expone una obra de grandes dimensiones en la planta superior). Diana Saiegh, directora de la institución, oficiaba de atenta dueña de casa y se apresuraba a recibir a los invitados.
Se inauguraban dos muestras: Dos márgenes del río , fotografías de Roberto Riverti, y Acrónica , una experiencia curada por Rafael Cippolini, que puso a "dialogar" obras de la exposición permanente, muchas del siglo XIX, con otras de artistas actuales, casi todos muy jóvenes. Por ejemplo, el carmesí de Los plumeros rojos , de Graciano Mendilaharzu (1857-1894) se correspondía con los mismos colores pintados por Florencia Rodríguez Giles en el tríptico Posesión ; y los grises, blancos y negros de Embarcadero , de Horacio Butler encontraban un eco en Concierto , de Leila Tschoop.
Los espacios de Riverti eran más calmos. Sus fotografías de paisajes urbanos son muy hermosas y, a pesar de que muchos de los edificios evocan el pasado y una calma provinciana, no tienen nada nostálgico. Hay viejos cines de ambas orillas del Plata (el York, de Olivos; el de Nueva Helvetia, y el Gran Patria, de Carmelo) y una imagen perturbadora del MAT tomada desde las aguas en crecida del río Luján. Bastaba salir a la galería del ex Club Tigre para ver esas mismas aguas, calmas y bañadas por un sol inesperado que los visitantes celebraban mientras comían y brindaban.

Quienes esperan la Tetralogía de Wagner en versión reducida, el comentado ColónRing wagneriano anunciado para el 27 de noviembre, pueden prepararse viendo un ciclo de películas sobre el mundo de Bayreuth en el Centro de Experimentación del Teatro Colón. Mañana se proyecta Winifred Wagner , un film histórico-documental (casi cinco horas) que incluye una entrevista realizada por el director alemán Hans Jürgen Syberberg a la nuera de Wagner y ex directora de los célebres festivales. En ese monólogo (no es otra cosa) filmado en 1975, Winifred, inglesa de nacimiento, habla con una ceguera temeraria y provocadora de la "entrañable bondad austríaca de Hitler". Por si fuera poco, cuando Syberberg le pregunta si nunca se había preguntado por qué no pasaban obras de Gustav Mahler por la radio nazi, si no había pensado que ese "silencio" se debía al hecho de que Mahler era judío, Winifred le responde con una sonrisa entre cínica e irónica: "Yo creí que era por una cuestión de buen gusto". La emperatriz de Bayreuth consideraba vulgar la música de Mahler.



