
Un escritor minero rescata una masacre olvidada en Chile
Surgido de Atacama, recrea la matanza de Iquique de 1907
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Ocurrió el 21 de diciembre de 1907. En la escuela de Santa María de Iquique, en la sequedad silenciosa del desierto de Atacama, al norte de Chile, 3600 mineros del salitre, sus mujeres e hijos fueron asesinados por el Ejército mientras estaban en huelga. Fue uno de los hechos más trágicos de la historia chilena.
El escritor Hernán Rivera Letelier -que vive en Antofagasta- construyó la novela "Santa María de las flores negras" (Planeta), que presentará hoy a las 20.30, en la Sala Julio Cortázar de la Feria del Libro, con aquel escenario singular como fondo y optó por la primera persona del plural para narrar la masacre con la voz de los obreros en huelga, la que no sobrevivió para contar su versión de la historia.
Durante tres años, este escritor que fue obrero del salitre por tres décadas en las minas de Atacama, de verbo breve y aspecto simple de trabajador, investigó sobre la matanza. Y los dos siguientes años escribió sin parar. En diálogo con LA NACION, relata: "No encontraba la voz narrativa. El acontecimiento es muy importante desde lo político, lo social y lo humano. No quería hacer una novela panfletaria".
Vendió una cifra significativa en Chile: 20.000 ejemplares y "el doble en el mercado pirata. Hasta a mí me lo ofrecen cuando camino por la calle. Este episodio histórico no se enseñaba en la escuela. Hoy se está empezando a leer mi libro", dice sin atisbo de arrogancia. Quizá porque, como escribió Antonio Machado, "se canta lo que se pierde", Quilapayún -el reconocido grupo musical trasandino- compuso la conmovedora "Cantata de Santa María de Iquique", uno de los pocos testimonios artísticos sobre la masacre. Antes de Rivera Letelier -"un contador de historias", como se define-, otros dos escritores pergeñaron intentos truncos de novela, uno en 1914 y otro en 1950.
-¿ Son sus personajes pura ficción inserta en un contexto real?
-Sí. El ámbito histórico es real y los obreros que se meten en la huelga son de ficción. Yo quería contar la historia desde el obreraje, a principios del siglo XX, con sus marchas del hambre, sus huelgas y su vida en el desierto de Atacama, porque yo participé de manifestaciones similares.
-De no haber nacido en el imponente desierto de Atacama, ¿hubiera podido construir su personal lenguaje literario?
-No hubiera sido posible. Mi escritura es una amalgama entre el lenguaje popular y el culto. Traté de hacer un equilibrio entre la lengua de mis compañeros mineros y lo que aprendí en los libros. Soy un deudor de cada escritor que leí, muchos de ellos argentinos.
-¿Por ejemplo?
-Leopoldo Marechal, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, entre otros.
-¿Cuál es la lección que se aprende de vivir en ese silencio?
-El silencio tiene que ver con la palabra y la música. Y es importante para el arte y la literatura. Le enseña al hombre a conocerse y a estar consigo mismo. Es el lugar ideal para encontrarse. La gran falla del hombre actual es que no se soporta a sí mismo. Tanto es así, que cuando llega a su casa agotado de trabajar, en lugar de quedarse en silencio, enciende la TV o la radio para no verse a sí mismo. El desierto nos da una gran lección. En ese silencio y soledad de Atacama yo escribo.
-¿Cómo dio usted, un minero del salitre, con la literatura?
-Trabajé en las minas entre los 15 y los 45 años. Cuando tenía 19 di con la literatura en forma fortuita. Siempre me gustó el arte. En los noticieros del cine conocí el movimiento hippie del 60 y el de mayo del 68 en Francia. Así supe lo que estaba pasando en el mundo con los jóvenes y yo me lo estaba perdiendo. Me entró el deseo de la aventura. Dejé el trabajo, me fabriqué una mochila y por tres años me largué de linyera. Una noche, mientras dormía en una playita, me enteré de un concurso de poesía por un premio de dos vales de comida. Supe que podía escribir un poema de amor. Gané las dos cenas.
-¿Para qué sirvió la masacre de Iquique?
-En 1907 la situación laboral era de esclavitud. La masacre fue una atrocidad. Las autoridades empezaron a darse cuenta y algo cambió. Pero, en general, el mundo no está en un cambio profundo. Lo veo con el ejército en Chile. Hace poco caí en la cuenta de que hace más de 150 años el Ejército que pagamos con nuestros impuestos canta la gloria de haber ido contra su propio pueblo. O sea que los chilenos les pagamos para que nos maten.
Agenda de hoy
- Mesas redondas
16: "Artes en sinergia: literatura y cinematografía", con Manuel Antín, Jorge Coscia y Héctor Olivera. Sala Victoria Ocampo.
19.30: "Las universidades en América latina: la cosmética del poder financiero", con Atilio Borón, Guillermo Jaim Etcheverry y Pedro Krotsch. Sala Victoria Ocampo.
- Presentaciones de libros
18: "Literatura infantil. Creación, censura y resistencia", de Ana María Machado y Graciela Montes. Sala Victoria Ocampo.
18: "Valores y límites en la educación", de Julio César Labaké. Sala Adolfo Bioy Casares.
18.30: "Testigo involucrado", de René Balestra. Participan Natalio Botana, José Claudio Escribano y Horacio Sanguinetti. Sala Julio Cortázar.
19.30: "Qué pasó en la educación argentina", de Adriana Puiggrós. Sala Bioy Casares.
- Firma de ejemplares
19: Nik realiza dibujos para chicos y firma ejemplares en el stand de Ediciones De la Flor.



