
Un gran Medioevo imaginario
En su nuevo libro, pensado para un público amplio, Jacques Le Goff comparte la historia de algunos de los personajes clave de una época impar
1 minuto de lectura'
<b><i> Héroes, maravillas y leyendas de la Edad Media </i></b>
Entre los especialistas en historia medieval, probablemente sea Jacques Le Goff (Toulon, 1924) quien menos presentaciones requiera en la Argentina. En la época de oro en que adoptó el lema "Libros para todos", Eudeba tradujo dos de sus primeras obras: Mercaderes y banqueros de la Edad Media y Los intelectuales en la Edad Media , que alcanzaron amplia difusión no sólo por el precio accesible, sino sobre todo por la claridad conceptual y expositiva que los convirtió en clásicos que siguen reeditándose y leyéndose, a más de 50 años de su publicación original.
Figura destacada de la Escuela de los Anales (así llamada por la revista que nucleó al movimiento, Annales d'Histoire Economique et Sociale , fundada en 1929 por Marc Bloch y Lucien Febvre), en especial con la publicación de La civilización del Occidente medieval (1964), Le Goff profundizó las líneas de la renovación propuestas por esa escuela: superar la concepción tradicional de la historia como relato de una sucesión de hechos militares, políticos y diplomáticos; ir más allá de las fuentes tradicionales; abrirse a otras ciencias humanas, en pos de una historia viva. En efecto, aunque al principio los historiadores de esta corriente (como Fernand Braudel y Ernest Labrousse) se centraron en la historia económica, la demografía y en los problemas de la "larga duración", paulatinamente, en particular con los trabajos de Georges Duby, Le Goff, Pierre Nora y Philippe Ariès, el campo de investigación se fue ampliando en la dirección de la historia de las mentalidades y la antropología cultural. Y pese a las críticas y cuestionamientos de que ha sido objeto la Nueva Historia, su gravitación, central en la historiografía francesa del siglo XX, se prolonga aún en el XXI.
En Héroes, maravillas y leyendas de la Edad Media , Le Goff -que siempre ha entendido que la divulgación no sólo no está reñida sino que, muy por el contrario, es una parte fundamental de las tareas de un investigador- se ha propuesto extender a un público amplio algunos de los frutos de las reflexiones que dieron origen a su libro L'imaginaire médiéval (1985). Para eso, en el capítulo introductorio, retoma su delimitación del ámbito de lo imaginario, que parte de distinguirlo de tres campos vecinos: el de las representaciones (que "engloba cualquier traducción mental de una realidad exterior percibida"), el de los sistemas simbólicos (que implican un sistema de valores subyacente; por ejemplo, la interpretación medieval del Antiguo Testamento como traducción simbólica del Nuevo) y el de las ideologías (que se valen de lo imaginario como una herramienta subordinada al propósito de "persuadir mejor").
Para Le Goff, lo imaginario "forma parte del campo de la representación, pero ocupa en él la parte de la traducción no reproductora [...] sino creadora, poética en sentido etimológico". Puede pues definirse como "el sistema de los sueños de una sociedad, de una civilización que transforma lo real en visiones apasionadas de la mente". Y son algunos de esos sueños (y no una presentación global ni un análisis exhaustivo del imaginario medieval) lo que el historiador francés quiere compartir con los lectores de Héroes, maravillas y leyendas de la Edad Media .
El material está organizado de acuerdo con los dos ejes anunciados en el título del libro: héroes y maravillas (la mención a leyendas es un añadido de la edición española). El primero reúne tanto personajes históricos que adquirieron dimensiones legendarias (El Cid, Carlomagno) como semilegendarios, es decir, aquellos que alcanzaron la fama pese a que sólo se han conservado de ellos referencias históricas vagas o inciertas (el rey Arturo, Rolando) y también absolutamente legendarios (Robin Hood, el mago Merlín). Aunque, como era de esperarse, prima en este campo la presencia masculina, cuatro figuras femeninas -todas ellas legendarias- osan irrumpir en el seleccionado heroico: la infortunada Isolda (que Le Goff confiesa no haber querido separar de Tristán); la papisa Juana, fantasma persecutorio en que se cifra el miedo a la mujer compartido por clérigos y guerreros; la híbrida Melusina (a medias hada benéfica y animal diabólico) y la valquiria.
Como en este último caso o el de la espectral Mesnada Hellequin, a veces Le Goff consagra un capítulo no a un personaje individual sino colectivo, a un grupo o sector social (el caballero, el juglar, el trovador) e incluso tienen su lugar dos animales maravillosos: Renart, el astuto zorro, protagonista de infinidad de cuentos tradicionales que han atravesado siglos y océanos, y el unicornio, legado de la Antigüedad que el Medioevo resignificó e incorporó al simbolismo cristiano, al discurso amoroso y a la farmacopea fantástica (su cuerno sería el antídoto contra el envenenamiento).
En cuanto a las maravillas, Le Goff parte de diferenciarlas de lo milagroso (aquello que "se manifiesta en un acto divino que desafía las leyes de la naturaleza"), apoyándose en una definición que rescata de Otia Imperialia de Gervais de Tilbury (1155-1234), según la cual lo maravilloso es lo que "escapa a nuestra comprensión, aunque sea natural". Como conclusión, el historiador plantea que "el ámbito de lo maravilloso es el del asombro de los hombres y mujeres de la Edad Media" y organiza el periplo de sus lectores por tan atractivo espacio bajo la forma de tres edificios: la catedral (sede del poder divino), el castillo (sede del poder del señor feudal) y el claustro (sede de la sociedad monástica). Para contrapesar tanto poder, podrá hacerse un paseo por el utópico País de Cucaña, donde no sólo la comida, la bebida y los vestidos son gratis, abundantes y excelentes, sino que toda la gente es amable y hermosa, el amor es libre, los días feriados se multiplican y está a disposición de todos la Fuente de la Juventud...
En todos los capítulos se ha incluido, además de una síntesis acerca de cómo el hombre medieval concibió a cada uno de estos héroes y maravillas, un conjunto de pistas sobre la evolución que sufrieron a lo largo de los siglos, desde el "olvido" en que cayeron durante los siglos XVII y XVIII, cuando se consolidó la imagen "negra" de la Edad Media como período oscurantista, hasta el rescate que en el XIX encabezó el romanticismo, que labró una leyenda dorada del Medioevo, y por fin, lo que Le Goff llama "tercer renacimiento del imaginario medieval", en el cine y la historieta del XX. De este modo, plantea su obra como "una ilustración de los avatares de la memoria, de los eclipses y resurrecciones, de las transfiguraciones de una civilización en lo que tiene de más brillantemente emblemático".
De la fascinación que esas transformaciones suelen despertar bien puede hablar Le Goff que, como ha contado en muchas ocasiones, vio nacer su pasión por la Edad Media no de las páginas de los libros de historia sino de la lectura de Ivanhoe . Quizás albergue la esperanza de que Héroes y maravillas... (que inspiró en Francia una exposición en la abadía de Fontevraud, que incluía desde conferencias de especialistas hasta juegos y actividades para chicos) ayude a seducir a futuros medievalistas.
Una advertencia final. Aunque el libro fue concebido para destinarlo, como su autor señala, "a la lectura y la mirada", esa intención de abrir una doble vía de acceso (que se concretó en un volumen ilustrado, publicado en francés en 2005) se ve lamentablemente comprometida, en esta edición española, donde sólo se reproducen seis imágenes, por cierto bellas pero ubicadas en el centro del volumen, lo que no facilita la deseable interacción de texto e ilustración. Será pues necesario, en este punto, dejar trabajar la imaginación.



