Un libro para continuar la obra del perito Moreno
Remodelarán una sala con su venta
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Al perito Francisco P. Moreno -la famosa "P" es de Pascasio, su segundo nombre- le hubiera encantado este libro. No porque se narren allí sus aventuras en la Patagonia, ni por el relato en detalle de su formidable obra de bien, que abarcó ámbitos como los de la educación, la demarcación de los límites con Chile, la defensa del medio ambiente y el impulso a las ciencias. Pero sí, porque con la recaudación de la venta de "Perito Francisco Pascasio Moreno, un héroe civil", las autoridades del Museo de Ciencias Naturales de La Plata esperan poder ayudar a reciclar a nuevo una de sus imponentes pero vetustas salas. La número 2 es la elegida para ponerse a la altura de la sala recientemente remozada -y bautizada- "La Tierra, una historia de cambios".
El libro, editado por la Fundación Museo de La Plata y escrito por el doctor Héctor Fasano, consta de 215 páginas repletas de ilustraciones y fotografías en blanco y negro y en sepia, algunas tomadas por el propio Moreno. Se trata de la segunda edición, ya que la primera, publicada el año último, tuvo una tirada de apenas mil ejemplares, adquiridos todos por allegados al museo, para ayudar a cubrir los costos.
La presente segunda edición es de 2000 ejemplares, que ya se consiguen en las librerías de La Plata y de Buenos Aires, a 32 pesos.
Con lujo de detalle
Está claro que Héctor Fasano, el autor de la obra, no pasó por alto ningún detalle importante al narrar cronológicamente la vida de uno de los más formidables próceres que dio el país, curiosamente olvidado. Aunque por estos días se lo recuerda con diferentes homenajes y actividades en El Calafate (ver Pág. 18).
Para la Fundación Museo de La Plata no fue nada fácil obtener los $ 10.000 para imprimir esta segunda edición del libro. Fueron los $ 7000 aportados por un mecenas particular lo que aceleró los tiempos.
Las primeras páginas de la obra recuperan al inquieto "científico" que fue Moreno durante su niñez. Hay quien ubica en este período, incluso, el primer atisbo de lo que hoy es uno de los diez museos más importantes del mundo en ciencias naturales: el de La Plata.
Luego, ya en la juventud del prócer, el libro se transforma en una novela de aventuras. Es el momento de los viajes a la Patagonia -entonces una tierra desconocida-, de luchar contra animales salvajes, de recibir buenos y malos tratos por parte de los caciques de las tribus locales, de sortear penosamente ríos caudalosos, montañas y glaciares y, a cada paso, ir arrancándole al misterio los secretos del inhóspito paisaje patagónico, el relieve, la morfología. Descripciones éstas que, años más tarde, permitieron a la Argentina defender ante el arbitraje inglés de 1902, buena parte de la región, de las pretensiones chilenas.
Este relato que hasta Indiana Jones hubiera envidiado -bien sazonado, con ilustraciones, mapas, fotos y transcripciones de los diarios del propio Moreno- se centra luego en el momento en que el prócer deja de viajar. Aparece entonces el fascinante mundo del hombre que creó el primer parque nacional, que inventó y convirtió al Museo de La Plata en un número uno y cuya labor desde la vicepresidencia del Consejo Nacional de Educación fue tan abrumadora, que es fácil hacerlo compartir bronce y pedestal con Belgrano y Sarmiento. Es el hombre que murió en la ruina, después de donarlo todo, pocos días después de anunciar a sus amigos que harto de esperar la ayuda del Gobierno, se volvía al Sur, para retomar un viaje que jamás llegó a completar.




