
Un renovador de la escultura que no le teme a la belleza
Una muestra retrospectiva de Juan Carlos Distéfano reúne su producción desde 1958
1 minuto de lectura'
Recorrer más de 50 años de la producción del escultor argentino Juan Carlos Distéfano implica sumergirse en un mundo que combina, con inteligencia y sensibilidad, formas y colores, la historia del arte, temáticas sociales y belleza.
Una experiencia imperdible que hasta el 24 de julio se presenta en el Espacio de Arte de la Fundación OSDE (Suipacha 658, 1° piso), con una exposición retrospectiva de más de 80 obras realizadas entre 1958 y este año, en un importante esfuerzo para reunirlas.
Entre los propósitos de la muestra, están ofrecer una mirada amplia sobre la producción del artista y mostrar su singular lenguaje plástico, el uso de los materiales, los procedimientos y las preocupaciones y los temas presentes en su obra, como señala María Teresa Constantín, curadora de la exhibición.
Las obras se organizan a través de núcleos vinculados con problemáticas plásticas, como el color, el volumen y el equilibro de la figura, o con cuestiones sociales, como la condena, la violencia y la memoria, que permiten observar la coherencia del artista a lo largo de los años. Una coherencia, sin embargo, siempre renovada.
Distéfano, considerado un renovador de la escultura, formó parte del grupo iniciador del Instituto Di Tella en los años 60.
En diálogo con LA NACION, Distéfano, de 76 años, contó que siempre trabaja a partir de bocetos, algunos de los cuales, de un dibujo admirable, se pueden ver en la exposición. "Primero dibujo, después hago bocetos en arcilla, y después, si tengo fe en eso, crezco un poco más. Es una cuestión de fe, de enamoramiento y de deseo, todo junto." Y, como lo hizo siempre, cada día se levanta antes del amanecer para ir a su taller y trabajar hasta que cae el sol.
Lo sorprendió de esta muestra volver a ver su obra Tres versiones , que OSDE logró traer desde Chile. Se trata de un tríptico que estuvo en la III Bienal Americana de Arte (IKA) de 1966, en Córdoba, y que participó en la Bienal de San Pablo de 1967 en la que casi provoca la censura de los organizadores. Finalmente fue donada por el artista al Museo de la Solidaridad de Chile, en tiempos de la presidencia de Salvador Allende, como recuerda Constantín en el catálogo del libro, que incluye un estudio de José Emilio Burucúa sobre la obra del artista.
Si bien la temática social es una impronta poderosa en su obra, Distéfano comentó: "Lo social me importa como persona, y por supuesto que eso se filtra, pero diría que estoy más atento a la forma que a lo que va representando esa forma. En general, cuando trabajo tiendo a esa mala palabra que se llama belleza".
Sin embargo, obras como El mudo (1973), Cabeza amarilla (1978), Kinderspelen (2003/2006), entre otras, interpelan al espectador no sólo por su fuerza formal, sino por las connotaciones sociales a las que remiten.
La muestra se cierra con el núcleo de obras a través de las cuales el artista rinde homenaje a los pintores que admira, varios de ellos argentinos. "Convivo con ellos, con Cúnsulo, con Gómez Cornet, con Victorica, con Lacámera. Son como mis abuelos", comenta.
Fue por ellos que tomaron forma El chico de La Boca II y La Urpila en Buenos Aires , entre otras propuestas de los últimos años, donde no sólo despliega esa belleza que tanto le importa, sino también cierto humor que tiene el sabor del sincero homenaje a quien se admira.


