Un retoño del árbol de Ana Frank, en la pampa
Un retoño de un castaño, el árbol que veía Ana Frank desde su escondite familiar en Amsterdam fue plantado en la Mariápolis, ciudad de María que el Movimiento de los Focolares tiene cerca de O´Higgins, en medio de la pampa argentina.
La plantación se hizo en una jornada por la paz, que cada año se realiza en ese lugar idílico, donde la serenidad del campo y el trato alegre de quienes viven allí invitan a la convivencia tranquila y armoniosa. Judíos y católicos participaron de varios actos.
Jan Erik Dubbelman, director de la Casa de Ana Frank en Amsterdam, comentó que pensaba que la joven judía no era muy religiosa, porque no quería ir a la sinagoga, pero hace dos años él se encontró en Nueva York a una mujer que había sido amiga suya y recordaba que juntas, durante cuatro años, iban a ver a un rabino, tenían clases de religión y le preguntaban muchas cosas: Ana siempre preguntaba porque quería saber más. El obispo de Mercedes-Luján, monseñor Agustín Radrizzani, habló de dos vidas que padecieron la guerra, evocando a Chiara Lubich, la fundadora de los Focolares, que inició su obra en Trento, bombardeada en 1943. También la rabina Silvina Chemen enlazó ambas vidas y subrayó la fuerza del amor ante la destrucción. Entre otros hablaron el rabino Daniel Goldman, Héctor Chalom y Alberto Zimmerman.
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El santuario de Luján se colmó en la misa en la que el obispo local, monseñor Radrizzani, bendijo una imagen de San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, al cumplirse 35 años del día en que acudió a rezar el rosario arrodillado ante la patrona de la Argentina. Concelebraron cinco obispos y 50 sacerdotes. Se leyó un saludo del cardenal Estanislao Karlic: "Me da mucho gusto saber que en nuestra Argentina se haga memoria del paso de un santo".
Radrizzani citó palabras de Escrivá días antes de partir de Buenos Aires, en 1974, un año antes de morir en Roma: "Yo tengo hambre de quedarme con vosotros. Y cuando me vaya, me quedaré a los pies de Santa María de Luján; ahí dejo mi corazón [...] Gracias a Dios, gracias a vosotros, y gracias a Santa María de Luján, porque he venido, y porque me iré, pero volveré, y además, me quedaré". Su estatua quedó colocada en una capilla; está cerca de la de otro santo que también rezó en Luján: San Luis Orione.







