
Un rumbo digno para la marginación
Carolina Menéndez Trucco
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<b> Las dos caras de un gueto <br></br> Por Loïc Wacquant <br></br></b>
"Resulta mucho más fácil encontrarse con un ´gueto de inmigrantes´ en las páginas de una revista que en la realidad" afirma con contundencia el sociólogo francés Loïc Wacquant en relación a la situación actual de la mayoría de las sociedades avanzadas de Occidente que, avivadas por el discurso político y los medios, confunden dicho "instrumento espacial de segmentación y control etnorracial" con el fenómeno de marginalidad urbana que hace tiempo viene azotando los suburbios. En su opinión, el desplazamiento también se produce debido a la incapacidad contemporánea para conceptualizar de manera adecuada el gueto como "institución de dos caras": por un lado, de confinamiento y estigmatización; por el otro, de protección e integración del grupo relegado.
Abocado al estudio de la desigualdad y la dominación, el investigador del Centre de Sociologie Européenne de París analiza en Las dos caras de un gueto. Ensayos sobre marginalización y penalización la cambiante y tensa relación histórica entre clase, etnicidad y política estatal. Con el apoyo de la investigación asentada en dos de sus obras más incisivas - Los condenados de la ciudad y Las cárceles de la miseria - los diez artículos que integran la compilación reubican el debate intelectual y político en torno a dos de los terrenos más problemáticos del mundo moderno: la marginación y la penalización de las nuevas clases bajas urbanas.
En los primeros capítulos, el autor despeja el enredo conceptual. La nueva generación de excluidos, producto de la desregulación laboral que trajo aparejada la política neoliberal y el abandono del Estado de Bienestar, poco tiene en común con los habitantes de el Judenstadt de Praga (el mayor gueto judío de la Europa de siglo XVIII) o con los ciudadanos del Harlem de los años treinta. Los degradados conglomerados franceses, por ejemplo, mal llamados en la actualidad "cités-ghetto", a diferencia de la "inmutable exclusividad racial y la duradera otredad institucional" característica del gueto negro estadounidense, mezclan poblaciones autóctonas e inmigrantes que en lugar de lograr identidad común, cohesión y fortaleza organizativa, sólo atesoran pobreza, indefensión y, en algunos casos, violencia. Los vecindarios étnicos, como la Chinatown de Estados Unidos, tampoco son un buen ejemplo de las "dos caras" constitutivas del gueto: aislamiento pero asimismo autonomía material y simbólica.
El nuevo orden de marginalidad urbana que desde la década de 1970 castiga las metrópolis del Primer Mundo configura un fenómeno específico y que, como analiza el autor en el capítulo IX, se agrava aún más cuando los Estados y las economías son más débiles, como pasa en la mayoría de los países en desarrollo. Si bien la respuesta común se materializa en la vigilancia y la reclusión, para Wacquant "la verdadera alternativa a la tendencia a la penalización de la miseria, suave o dura, sigue siendo la construcción de un Estado social europeo digno de tal nombre".
Las dos caras de un gueto , aunque no sella un plan prescriptivo, tampoco se queda en mera denuncia. Con un lenguaje ameno para un tema ríspido, además de despejar varios fantasmas arraigados en el imaginario común, ancla un rumbo: tan alejado del anquilosado régimen de asistencia social como de la trágica penalización de la pobreza.


