Una amistad entrañable
Xul Solar fue para Borges mucho más que un gran amigo. Lo admiraba por sus inventos, por su sabiduría hermética, por su inagotable imaginación. Compartían, además, la pasión por la lectura y el fervor por los poemas del inglés William Blake.
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"ANTE el silencio o la sonrisa, Xul abrazó el destino de proponer un sistema de reformas universales. Quiso recrear las religiones, la astrología, la ética, la sociedad, la numeración, la escritura, los mecanismos del lenguaje, el vocabulario, las artes, los instrumentos y los juegos". Así recordaba Jorge Luis Borges al artista con el que había estado ligado, desde los años iniciales del periódico Martín Fierro , por un entrañable afecto y por una enorme admiración.
El texto citado lo escribió Borges, hace tres décadas, para el catálogo de una exposición de homenaje a Xul, de la que yo era curador. Durante un tiempo trabajé en la selección de las pinturas, en la casa de la calle Laprida (hoy museo Xul Solar), guiado por Micaela Cadenas (Lita), la viuda del pintor. Cuando terminé el estudio de los documentos, y especialmente después de estudiar los inventos de Xul, advertí que eran muchos los rastros de los intercambios, poco conocidos, entre el pintor y el escritor. Entendí que debía pedir a Borges que escribiera el texto del catálogo.
Con la mediación de Jorge Calvetti, amigo de Xul y de Lita, el escritor accedió a mi solicitud. Unos días después lo visité nuevamente para pedirle que inaugurara la exposición con una conferencia. Aceptó sin interponer condición alguna, excepto que un automóvil lo trasladara hasta La Plata, en cuyo museo se presentaba la muestra.
Un frío día de julio, Borges llegó al Museo, acompañado por Elsa Astete Millán, su primera mujer. Era muy temprano, y antes de que lo acosaran los cazadores de autógrafos, recorrimos lentamente la exposición. Nos deteníamos frente a algunos cuadros, yo leía los títulos y describía las escenas, las arquitecturas visionarias, los ángeles, los hominículos, los símbolos y los colores. Borges aproximaba sus ojos intentando ver -o adivinar- algún color, alguna línea.
Con un auditorio colmado de público, presenté a Borges (tarea inútil), señalando algunos de los intercambios entre el escritor y el pintor. Yo había individualizado varias direcciones de ellas: las ilustraciones, el lenguaje, las lecturas y los inventos. En la primera, se encuentran los libros del escritor, ilustrados por Xul.
La segunda, de importancia notoria, es la atracción que ejercían sobre Borges las concepciones lingüísticas de Xul, como el creol y la panlengua, en la que encontraba parentesco con el idioma analítico de John Wilkins. Elocuente testimonio de esa admiración son las últimas palabras de "El idioma infinito" ( El tamaño de mi esperanza ): "Estos apuntes los dedico al gran Xul Solar, ya que en la ideación de ellos no está limpio de culpa". Por otra parte, no hay dudas de que "Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius", puede ser leído como un homenaje paródico a las invenciones lingüísticas de Xul.
Otro sector de las confluencias es la lectura. Según recordaba Lita, el escritor y el pintor se reunían para leer; los encuentros, en la casa de uno u otro, eran frecuentes. Los unía el fervor por William Blake, por la poesía inglesa, por la poesía alemana y por Emanuel Swednborg, un teósofo y visionario sueco del siglo XVIII.
Finalmente, fue parte inseparable de la amistad, el enorme placer, no disimulado, que Borges sentía por los inventos y por la sabiduría hermética de Xul: el piano modificado, el siempre inconcluso panjogo, las "nuevas religiones", el tarot modificado, la cábala, la astrología, etcétera.
La conferencia de Borges fue notable, llena de complicidades y de afecto. En algún pasaje de ella afirmó que cuando inventaba algo, se daba cuenta de que Xul estaba inventando a través de él, o quizá a pesar de él. Con el tiempo, esa charla de La Plata se convirtió en uno de los documentos más importantes de la amistad, hoy mítica, entre dos de los principales actores de la modernidad rioplatense.
Meses después de la inauguración de la muestra de Xul, llevé a Borges la desgrabación mecanografiada de la conferencia. Era la oportunidad para conocer más sobre ese pintor que me fascinaba, cuya figura, alta y magra, había visto en alguna galería o en la calle Florida. Borges sólo dijo que Xul Solar afirmaba tener varios miles de años y que, seguramente, no moriría nunca.
Los ojos del espíritu
"XUL fue pintor de sus visiones. La gente admite visionarios de otras latitudes y de otras épocas, pero si están muy cerca, los niega. El hombre que vio las maravillas atroces que el Apocalipsis ha registrado recibe nuestra veneración; un visionario contemporáneo es, a priori, absurdo.
"Ya Xul es parte del ayer; por consiguiente, podemos tributarle el mismo respeto que a Blake, que también dibujó extrañas cosas que le revelaron los ojos de su espíritu."
Jorge Luis Borges, Homenaje a Xul Solar , Museo de Bellas Artes de La Plata.
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