
Una apuesta provocativa
POLITICAS DE LA CRITICA Por Nicolás Rosa (editor) (Biblos)-363 páginas-($ 22)
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EL crítico y docente Nicolás Rosa, quien firma también la introducción y el último artículo de este denso volumen, ha compilado aquí trabajos de Pablo Bardauil, Oscar Blanco, Marcela Croce, Laura Estrin y Miguel Vitagliano. La edición no incluye una noticia bio-bibliográfica de los autores (el lector podrá inferir que son discípulos del catedrático editor), ni tampoco del mismo Rosa, aunque en este caso la omisión es fácilmente subsanable, dado que se trata de una figura ampliamente conocida en los círculos académicos y literarios, y de extensa actuación en las universidades de Buenos Aires y de Rosario.
La impronta académica caracteriza todo el libro, de difícil acceso para el lector no especializado, ya que su lenguaje y su metodología se ubican en el ámbito de la metacrítica y no en el de la divulgación o en el de la información con finalidad pedagógica. El debate, el acento polémico, lo valorativo, dan un "tono" general a esta obra que dista mucho de constituir una "historia" lineal y descriptiva. La primera parte respeta más tradicionalmente el orden cronólogico; en la segunda, que se ocupa sólo del siglo XX y en la que predominan los textos sobre algunos miembros -no todos- del grupo "Contorno", la visión es sesgada o "salteada".
Desde una percepción de lo político como "marca mayor de la institución literaria y de la escritura argentina" (Rosa), la obra releva figuras y escuelas y asedia, a partir de ellas, problemas y concepciones teóricas. En Juan María Gutiérrez se advierte una sociocrítica embrionaria (Croce), en la crítica de fin del siglo XIX, la dificultad de historiar una literatura que se juzga aún insuficiente, a medida que se la escribe (Blanco). En las lecturas contrapuestas que Groussac y Rojas hacen de Mariano Moreno se pone de manifiesto la tensión entre la escrupulosidad filológica y la voluntad de forjar modelos intelectuales para el presente (Vitagliano), en el Rojas fundador, la sacralización del origen ("los gauchescos"), la evaluación de la literatura como documento y monumento y de la historia literaria como biografía constructora de la nación (Estrin).
Marcela Croce estudia minuciosamente, en las reediciones de Literatura argentina y realidad política , los cambios retóricos y conceptuales de David Viñas; destaca también su concepción de la crítica como operación restitutiva de lo políticamente censurado y su idea del intelectual como fiscal de la sociedad y figura de resistencia, una idea que Viñas llevó a la praxis y que se contrapone a la actitud de ciertos colegas que habrían claudicado o renunciado a la denuncia y al pronunciamiento. Mucha menos simpatía le merecen las propuestas y logros de Adolfo Prieto, al que aborda en tanto artífice de una sociología del público lector, y a quien plantea todo tipo de objeciones: desde las intelectuales (fragilidad epistémica, falta de rigor, manejo burdo de Marx y Freud, postura reaccionaria ante el cine o la vanguardia) hasta las morales (cobardía política, deshonestidad para reconocer la gravitación de los más cercanos contemporáneos en su obra). La vehemencia de la autora la lleva a caer bajo sus propios argumentos, como cuando señala -valiéndose de otros adjetivos- la "desdicha adjetivante" del método de Prieto. Por fin, su trabajo dedicado a Oscar Masotta, lector de Arlt, enfoca la crítica como traición/fagocitación de la cita y desdoblamiento (auto)biográfico.
Ya fuera de Contorno , Estrin y Blanco analizan la tendencia crítica que llaman "hermenéutica nacional", representada por Graciela Maturo, Gladys Marín y Graciela Ricci. La rechazan en bloque y sin distinguir matices, negando o ignorando incluso formulaciones teóricas a partir de prácticas que juzgan desacertadas o incoherentes. Una mirada más serena campea en el trabajo de Bardauil sobre Jaime Rest, que constituye un rico y novedoso aporte sobre este crítico excéntrico y original, señalado, además, como precursor de los estudios culturales en la Argentina. Desde la comprensión (y admiración) del discípulo, Estrin aquilata la lectura/traducción de Enrique Pezzoni, que dio testimonios de lucidez no sólo en su obra publicada -escasa pero intensa-, sino también en sus clases.
Cierra el libro Nicolás Rosa, con un balance -elogioso y complejo, dentro de sus recortes selectivos- de los últimos veinte años de crítica argentina. Con "réprobos", "escogidos", y algunas ausencias notorias (el tomo, se anuncia en la contratapa, no pretende ser exhaustivo), Políticas de la crítica , fruto de un largo y ambicioso trabajo, es una apuesta fuerte, provocativa y discutible. Es decir: un texto pensado para ser discutido, capaz de mover las aguas académicas.



