Una beata que llena de orgullo a los platenses
El Papa presidirá la ceremonia, hoy, en la Plaza de San Pedro
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ROMA.- Hoy será un día muy especial para los argentinos, pero sobre todo para los platenses: Juan Pablo II beatificará a sor María Ludovica De Angelis (1880-1962), religiosa de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia que, si bien nació en Italia, pasó casi toda su vida en la Argentina, dedicándose con cuerpo y alma al Hospital de Niños de La Plata, que administró durante 54 años y hoy lleva su nombre.
"Sor Ludovica es una de las más bellas flores de la Iglesia platense. Todos los que la conocieron la admiraron y se sintieron atraídos como un imán", escribió fray Contardo Miglioranza, que en una biografía destacó tres características de su personalidad y espiritualidad: "un corazón de madre" -ya que acudía a los niños necesitados como una verdadera madre, no sólo curándolos, sino también criándolos y educándolos-, "un empeño de líder" -ya que su inesperado dinamismo y creatividad, transformó y modernizó el Hospital de Niños de La Plata-, y "una audacia de santa".
Sor Ludovica -que para muchos se transformará en la primera beata platense-, será elevada al honor de los altares junto con el controvertido emperador Carlos IV de Austria, dos religiosos franceses y la mística alemana Anna Katharina Emmerick, cuyos escritos inspiraron a Mel Gibson para su película, "La Pasión de Cristo".
Para la ceremonia solemne en la Plaza de San Pedro, así como asistirá la flor y nata de la nobleza europea, también estarán unos 150 platenses, muchos de ellos del Hospital de Niños de La Plata, llegados hasta aquí para celebrar a su idolatrada sor Ludovica.
"Vamos a llevar banderas argentinas, carteles, y vamos a estar con una chalina con la imagen de ella", contó a LA NACION la hermana Lidia, de la congregación de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia, que viajó junto con un grupo de 54 personas y trabaja en el mismo hospital de La Plata que la futura beata marcó de por vida. "Es una emoción muy grande, una verdadera bendición de Dios", agregó la hermana Lidia, sin ocultar su entusiasmo.
Una muchacha muy guapa
Nacida en 1880 como Antonina De Angelis en una familia humilde de San Gregorio, sor Ludovica desde niña demostró su deseo de ayudar a los demás. Sana y robusta, al margen de ocuparse del cuidado de los siete hermanos menores, colaboraba con el padre en las tareas del campo.
Pese a ser una "muchacha muy guapa" y tener varios pretendientes, como cuenta su biografía, Antonina no quería casarse. Y a los 24 años se dio cuenta de que quería ser religiosa.
Aunque su familia tomó muy mal la decisión de seguir tal rumbo, ayudada por el párroco de su pueblo Antonina ingresó en 1904 en el noviciado de las Hijas de la Misericordia, en la ciudad de Savona. Un año más tarde, vistió el anhelado hábito de esa congregación; le fue impuesto el nombre de Ludovica y a fines de 1907 partió hacia la Argentina.
A principios de 1908, sor Ludovica recibió la orden de ir al Hospital de Niños de La Plata, que en esa época no era más que "una alambrada, un portón y dos salas de madera bajas y chatas para sesenta camas", según las crónicas.
Pese a que su destino era la cocina y la despensa -un puesto que a ella le parecía bien, porque se consideraba una "pobre ignorante"-, el director del hospital, el doctor Carlos Cometto, en poco tiempo percibió en esa "religiosa joven, regordeta, callada y de marcado acento italiano, un alma audaz y una voluntad obstinada".
Fue así como, pese a tener muy poca instrucción, tiempo después fue designada administradora y luego también superiora, cargo que mantuvo hasta que murió, en 1962. Gracias a su gigantesca tarea, el hospital se convirtió en un verdadero orgullo nacional por su estructura edilicia, su moderno equipamiento técnico, su expansión y su alta profesionalidad. Además, gracias a su tenacidad, sor Ludovica había hecho realidad una capilla y una granja en City Bell, de la cual obtenía comida sana para el hospital pediátrico y evitaba el abandono religioso en que se encontraban los chacareros, y un solarium en Punta Mogotes, Mar del Plata, para la rehabilitación de niños débiles, raquíticos y atacados por problemas óseos.
Infatigable, serena pese a la incomprensión, a las acusaciones en su contra y a las calumnias, sor Ludovica murió con fama de santidad. Amén de que se conocen centenares de casos de curaciones inexplicables por su intermediación, el milagro que posibilitó la beatificación de sor Ludovica -proclamada sierva de Dios en 1993-, es la curación de una niña nacida con espina bífida, ocurrido en La Plata en octubre de 1992. La niña miracolata, hoy adolescente, estará hoy en la Plaza de San Pedro, junto a su madre, el médico del Hospital de Niños de La Plata que la atendió, y muchos otros fervientes admiradores.
Además, asistirán a la ceremonia el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, y una delegación oficial, formada por el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, la vicegobernadora de la provincia de Buenos Aires, Graciela Giannettasio, y el presidente de la Cámara de diputados provincial, Osvaldo Mercuri, entre otros.
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