Una condena muy placentera

Edgardo Castro
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14 de octubre de 2011  

La idea originaria, entre finales de 2000 y comienzos de 2001, fue elaborar un índice exhaustivo de los escritos de Foucault: una lista alfabética de todos los términos que aparecen en sus trabajos, con la indicación de las obras y de las páginas donde se los podía encontrar. Si la hubiese llevado a cabo, difícilmente habría encontrado alguien interesado en publicarla.

Por otro lado, las diferentes ediciones de cada obra, tanto en francés como en sus respectivas traducciones, conspiraban contra la real utilidad de un trabajo de este género.

En lugar de un índice, me pareció que era mejor pensar en un diccionario. En 2004 tomó forma la primera versión del mismo. No contenía todos los términos utilizados por Foucault, sino sólo una selección de ellos (a veces sin duda arbitraria). Sólo de estos se indicaba dónde aparecían en sus escritos y, finalmente, se incluía una tabla de correspondencias para que estas referencias fuesen utilizadas en las diferentes versiones de los escritos foucaultianos.

Desde esta la primera edición, el material disponible se acrecentó de manera notable, cuantitativa y, sobre todo, cualitativamente. Aparecieron, precisamente ese mismo año, cuando la primera edición ya estaba impresa y distribuida, dos cursos de Foucault que terminaron teniendo una particular importancia para las lecturas biopolíticas de sus trabajos: Seguridad, territorio y población y Nacimiento de la biopolítica. Otros tres cursos más se sumaron luego. Aparecieron también otros textos, ya no sólo sus cursos en el Collège de France. Su tesis complementaria de doctorado, publicada en español como Una lectura de Kant, es uno de los ejemplos más relevantes.

Se hizo necesario, entonces, además de incorporar todo este material, corregir las erratas, agregar artículos y modificar otros.

Esta nueva edición introduce también algunas modificaciones en cuanto a su estructura. El índice de referencias textuales ya no está ordenado alfabéticamente, sino cronológicamente. Se informa, además, de la frecuencia de cada término no sólo en todo, sino desglosada por año. Ello permite saber cuándo y en qué medida un determinado tema o autor ha sido objeto de análisis o interés por parte de Foucault.

El corpus de textos sobre el que está elaborada la nueva edición del diccionario incluye un poco más de 10.000 páginas. Abarca hasta las Leçons sur la volonté de savoir, su primer curso en el Collège de France, de 1970-1971 pero publicado recién en febrero de este año.

En la exposición de los artículos del diccionario intenté prescindir de mi propia interpretación de los trabajos de Foucault. Por supuesto, lo logré sólo a medias. Más allá de esta limitación, la intención es ofrecer múltiples vías de acceso al pensamiento de Foucault y la posibilidad de articular diferentes lecturas. Más que una introducción o una presentación de sus ideas, este diccionario busca ser sobre todo un instrumento para abordar los trabajos de uno de los pensadores que han marcado nuestra época.

El filólogo renacentista Joseph Justus Scaliger dijo alguna vez que los grandes criminales –los hombres infames, dirá Foucault– no debían ser condenados a muerte ni a trabajos forzados, sino a compilar diccionarios. Sabía muy bien de lo que hablaba. En mi caso, ha sido una condena extremadamente placentera.

El autor acaba de editar una nueva versión de su Diccionario Foucault, publicada por Siglo XXI.

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