Una mirada fría en medio de las pasiones
Jorge Urien Berri no es un periodista cualquiera. Es uno de los más concienzudos periodistas de investigación de la Argentina. Siempre me admiraron dos cosas de él: su apego incorruptible a los hechos y a las fuentes fidedignas, a la ciencia de la investigación pura, y a la vez su independencia de cualquier posición editorial o política. Discreto, silencioso y lúcido, esta rara avis de las redacciones practica el oficio con fría pasión, lo hace como un outsider , desde la honestidad intelectual, y siempre de un modo brillante.
Investigó durante años, y de manera decisiva, el crimen del soldado Carrasco y la extraña muerte de Lourdes Di Natale, el contrabando de armas a Croacia y Ecuador, las voladuras de la AMIA y Río Tercero, y turbios negociados en las obras públicas. Es profesor de la Maestría de Periodismo de la Universidad del Salvador y ganó el premio Konex gracias a sus largas y profundas pesquisas. Estamos en presencia de alguien que jamás confundiría periodismo con militancia política. Y que jamás dejaría de ser implacable con un político aunque lo haya votado o simpatice con sus ideas.
Con el correr de los años, sin embargo, sus compañeros hemos ido descubriendo otra faceta: Urien es un sofisticado lector de ficciones y de tratados de filosofía, y por supuesto un seguidor atento del ensayo político e histórico. Escribe sólidas reseñas para adn CULTURAen sus tiempos libres. Y jamás lo he visto caer en zonceras ideológicas, ni dejarse enredar por falsos profetas.
A este periodista singular le encomendamos la misión de conversar a fondo con Beatriz Sarlo. La irrupción de un grupo de intelectuales progresistas, reunidos alrededor de Carta Abierta y en franco apoyo de las políticas de Néstor Kirchner, hacía necesario indagar las relaciones del poder con los pensadores, las divisiones que se crearon durante los últimos meses en la Argentina y las consecuencias que esas dicotomías pueden producir.
¿Por qué Sarlo? Porque manteniéndose en lo que se denomina el campo progresista, y sin caer en maniqueísmos ni agresiones, se niega a entrar en la batalla política y mantiene, como Urien, una mirada crítica y equidistante de los hechos. No se deja arrastrar por la corriente de unos ni de otros, no cae en simplificaciones de izquierdas y derechas. Muestra así la realidad con sus infinitos matices. No hay en esta nota de tapa negros ni blancos sino grises.
La verdad verdadera tiene la mala costumbre de ser espectacularmente gris.
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