Una monja argentina será beata
Es la primera mujer nacida en nuestro país que será llevada a los altares; alegría en Córdoba
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ROMA.- Una religiosa cordobesa, la madre María del Tránsito Cabanillas, que en 1878 fundó en nuestro país la Congregación de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas, será elevada a los altares próximamente, convirtiéndose así en la primera mujer argentina proclamada beata.
La noticia se conoció ayer cuando la Congregación de las Causas de los Santos promulgó ante Juan Pablo II el decreto que le atribuye un milagro por su intercesión, el paso que le faltaba para la beatificación.
El Vaticano certificó, así, la curación milagrosa de un sacerdote argentino, el misionero franciscano José Roque Chielli, que en 1970 padecía un aneurisma cerebral incurable, del que se recuperó inexplicablemente, luego de elevar sus oraciones a la religiosa. Hoy el religioso vive en Orán -cumplirá 90 años en septiembre- y si su salud se lo permite, podrá asistir personalmente a la beatificación de su intercesora.
La beatificación es el paso previo a la canonización (proclamación de santo). Antes de la madre Tránsito sólo alcanzó ese reconocimiento el religioso lasallano Héctor Valdivielso Sáez, muerto en 1934 en España declarado santo el año último. También son beatos la hermana Nazaria Ignacia March (1889/1943), que nació en España y realizó su obra apostólica en la Argentina, y la niña chilena Laura Vicuña, que a los 6 años se trasladó a nuestro país y a los 12murió a los 12 años en Junín de los Andes.
En abril último, el Papa anunció que en enero próximo será beatificado el enfermero salesiano Artímedes Zatti, que nació en Italia y a los 17 años se trasladó a Bahía Blanca, donde ayudó a los enfermos.
De todos ellos, la madre Tránsito Cabanillas es la única que nació en la Argentina y desarrolló toda su labor misionera en nuestro país. El proceso para reconocer sus virtudes se abrió en 1974. El 28 de junio de 1999 el Papa había firmado el decreto de aprobación de sus virtudes heroicas, convirtiéndola en "venerable".
Su obra en Córdoba
Tránsito Cabanillas, que en el bautismo fue llamada María del Tránsito Eugenia de los Dolores y más adelante, por su devoción eucarística, prolongó su apellido con "Jesús Sacramentado", nació en Córdoba, en la estancia de Santa Leocadía, el 15 de agosto de 1821, en el seno de una familia numerosa y muy devota.
Después de entregar sus años de juventud al servicio de los pobres, enfermos y desamparados, Tránsito, "una mujer inteligente, despierta, tenaz y de gran bondad", según se lee en su biografía, en 1870 decidió fundar una Casa de Religiosas de San Fancisco.
"Amemos la pobreza como la amó nuestro padre San Francisco", solía decir. Pero esa "inspiración" se concretó ocho años después, gracias a la herencia que recibió de uno de sus diez hermanos. Con ese patrimonio Tránsito logró su sueño de construir la casa religiosa.
Conoció a fray Mamerto Esquiú, que en 1879 había sido nombrado obispo de Córdoba. Tras sufrir una penosa y crónica enfermedad, la Madre Tránsito murió el 25 de agosto de 1885, a los 64 años, en San Vicente, Córdoba. Antes de expirar, sus palabras fueron: "Yo ya no les hago falta, porque no puedo hacer nada. Pero desde el cielo, les haré mucho bien".
Bajo su protección, el instituto religioso fundando se difundió por la Argentina y se extendió a Chile. Hoy las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas dirigen establecimientos educativos y practican la caridad en hospitales, hogares de ancianos, residencias de descanso, casas de ejercicios espirituales y otras obras asistenciales en Córdoba, Salta, La Pampa, Entre Ríos, Resistencia, Bahía Blanca y San Juan, entre otras sedes. Están presentes en el Hospital Militar Central de Buenos Aires, donde realizan la atención espiritual, y en el Colegio Ntra. Sra. de Lourdes, en Banfield.
En el proceso para la causa de su beatificación abundan los testimonios que cuentan como los viernes Tránsito iba de rodillas, de una hermana a otra, besándole los pies, y como ese mismo día tomaba su canastita y salía a pedir limosna, acción en la que recibía más insultos que ayudas. Por eso decía a su compañera: "No nos avergoncemos, hija, que Jesús no se avergonzó de llevar la cruz por nuestro amor".
Sus numerosos admiradores la reconocen como protectora y modelo de vida. En un sitio de Internet aparecen algunos testimonios de gente que le ha escrito para agradecerle o pedirle favores, que hablan a las claras de una gran devoción. "Agradezco a Madre Tránsito el favor recibido en nombre de mi madre, ya que por su intercesión ante Nuestro Señor ha logrado sanarse física y espiritualmente", escribe Susana Cabrera, de San Juan.
"Gracias por el buen resultado de la operación de mi hija, que te había encomendado especialmente", dice la familia Navarrete. Se leen muchísimos otros pedidos o agradecimientos, por casos de leucemia, por dolores de cabeza y hasta para que "sigas intercediendo hasta obtener mi pensión jubilatoria".
La Madre Tránsito
- Nacida en 1821, es fundadora de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas, una obra de 130 religiosas que atienden colegios, hospitales y centros misioneros en todo el país. Murió en 1885.



