Una muestra en Miami revaloriza el arte latinoamericano
Se exhiben obras de 300 artistas
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MIAMI.- Mientras una verdadera estampida de estudiantes invade las playas y bares del sur de la Florida, atraídos por la semana de receso primaveral en Estados Unidos, en el Miami Beach Convention Center (MBCC), el arte contemporáneo argentino y latinoamericano se erige en protagonista absoluto de la vida cultural de la isla.
Estimulada por la ascendente gravitación económica de los residentes latinos -el 57 % de la población-, hace ya cinco años que desembarcó en Miami la feria-boutique especializada en arte latinoamericano, Merrill Lynch Arteaméricas, que durante tres días -cierra esta noche- mantiene en vilo a los coleccionistas locales y a otro tanto centroamericanos, llegados especialmente para adquirir arte.
Los neoyorquinos y californianos también miran con serio interés a la producción regional, hoy tan de moda como el arte asiático. Pero han sido principalmente los residentes hispanos los que potenciaron la fuerza de una comunidad que, además de imponer su propio idioma, legitima con sus gustos las artes plásticas latinoamericanas.
A pocas cuadras del barullo de South Beach, en los 11.000 metros cuadrados del MBCC, 70 galerías de 18 países - entre ellas nueve argentinas-, muestran las obras de más de 300 artistas, hilvanando un recorte sustantivo de la producción contemporánea continental y difundiendo, a la vez, a los grandes maestros de la región.
Mercado sediento
Fueron dos exiliados cubanos, Leslie Pantín y Emilio Calleja, quienes convocaron al motor de la feria, Diego Costa Peuser, presidente de Arte al Día , encargado de llevar a buen puerto esta iniciativa nacida al mismo tiempo que Art Basel Miami Beach. Ambas le infundieron un dinamismo inédito a un mercado sediento de un mayor consumo cultural.
En Arteaméricas se muestra el último medio siglo de la producción continental. Las obras de los consagrados Botero, Tamayo, Matta, Lam, Torres García, Gurvich, Soto, Cruz Diez, Seguí, Iommi, Le Parc, Lozza y Blaszko, entre otros, dialogan sin prejuicios junto con la producción del nuevo siglo.
Desde la voluptuosa First Lady , una pintura monumental de Botero de 1967 (US$ 1,2 millones) a las vanguardias cinéticas venezolanas, pasando por los maestros concretos rioplatenses y el arte madí, las piezas históricas vienen a anunciar lo nuevo. Y hay mucho énfasis en la producción actual, con despliegue de obras conceptuales, y mucha pintura y fotografía.
Entre los nombres de mayor adhesión, hay que mencionar al artista conceptual venezolano Eugenio Espinoza, radicado en Miami; a los argentinos Mariano Molina, Benito Laren y Pablo Soria, y al portorriqueño Meville Martínez.
Los argentinos tienen una presencia destacadísima. No sólo por la numerosa participación de las galerías porteñas, sino también por la difusión que le regalan sus colegas latinoamericanos y expatriados en Miami. Algunos de esos casos son los grafismos de Ferrari, la abstracción de Lecuona y de Waismann, las esculturas de Dompé y Nora Correas y la fotografía de De Bony, López y Mortarotti. El centellante Happy Buda, del artista mendocino Marcelo Mortarotti, ha sido elevado, por ejemplo, a imagen icónica y junto con las fotos rasgadas en jirones de Graciela Sacco, exhibidas en Diana Lowestein, tienen mucha adhesión.
Un gran cuadrilátero de aluminio como suspendido en el aire que muta lentamente de posición y dibuja en el espacio un sinnúmero de nuevas figuras obra cinética de Marta Fernández inaugura la feria, cuyo invitado de honor es Gyula Kosice. Entusiasta creador de utopías, como lo bautizó el crítico Jorge López Anaya por su invención de La Ciudad hidroespacial , el también artífice de las esculturas articuladas y de los objetos transformables tuvo ayer, para el público calificado de la feria, un imperdible mano a mano con curadores latinoamericanos.
Hizo una revisión histórica de los orígenes de la revista Arturo y de la propagación global del arte madí. Inmediatamente, los visitantes admiraron en un recinto especial sus invenciones con gas neón y aguas danzantes, además de los bocetos de esa comunidad suspendida en el espacio que, como dijo el artista, es cuestión de tiempo para que se concrete.
De todo y a buen ritmo
Con buen ritmo de ventas, han sido muchas y variadas las obras que cambiaron de dueño. Las fotos-performances de Cecilia Paredes son obras en las que en una asombrosa metamorfosis la artista peruana "asume" la fisonomía e identidad de la fauna más exótica. Las obras duraron lo que un suspiro en el espacio Arte por Arte.
La misma suerte tuvieron la pintura del cordobés Mateo Argüello Pit, los paisajes metafísicos de Raúl Díaz, los objetos cimentados a partir de canicas de acrílico de Román Vitali, las manchas de Martín Reyna y los juegos de manos en las fotos de Matilde Marín.
La capacidad de gasto de los coleccionistas jóvenes es algo que aquí también se incentiva con originales estrategias de ventas. Por ejemplo, grupos de profesionales menores de 35 años son especialmente invitados por los galeristas que marcan con puntos especiales las obras de menos de US$ 5000.



