
Una novela inglesa
Con libros como El jardín de cemento, Niños en el tiempo y Perros negros , McEwan se reveló como uno de los escritores más dotados de su generación y también como uno de los más provocadores, con su talento para crear ambientes sórdidos y personajes marcados por la perversión. En Expiación, sin duda la más británica de sus novelas, compone un gran relato de familia, emotivo y conmovedor, en el que rinde deliberado homenaje a la mejor tradición literaria de su p
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Como es su costumbre, al terminar el primer borrador de los capítulos iniciales de su nueva novela, Expiación , Ian McEwan se los leyó en voz alta a su esposa, Annalena McAfee. No buscaba elogios ni críticas. Simplemente, quería escuchar lo escrito y, de paso, que ella supiera qué había estado haciendo esos últimos meses en la intimidad de su estudio. Picada por la curiosidad, su mujer le preguntó cómo terminaría el libro. En una conversación iniciada en su hogar de Oxford, Inglaterra, y continuada mientras almorzábamos en un restaurante del barrio, McEwan recordó que había empezado a improvisar y, muy pronto, se había dejado llevar por su propia historia. "Le conté el último capítulo y, para mi asombro, ella rompió a llorar. `¡Ah, bueno! Este es el final correcto´, pensé". Y añadió: "Yo no lo había visto bajo una óptica tan emocional". Llegado el momento de escribirlo, más de dos años después, el capítulo final salió casi exactamente igual a como se lo había narrado a su esposa.
Los lectores de este best seller internacional -ya suman centenares de miles- quizá compartan ese impacto emocional, algo que no suele asociarse con la obra de McEwan. Cada una de sus novelas anteriores, desde El jardín de cemento (1978) hasta Amsterdam , ganadora del Premio Booker en 1998, tiene sus admiradores, pero ninguno de sus libros suscitó un entusiasmo tan abrumador. La respuesta del públicó tomó por sorpresa al autor, un hombre por lo común reservado. A los 52 años, McEwan figura, junto a Martin Amis y Julian Barnes, entre los novelistas británicos más destacados de su generación. Aun así, y siendo tan aclamado, se lo considera un escritor frío y objetivo, especializado en abordar conductas obsesivas. Como dijo John Updike, al reseñar Expiación en The New Yorker : "Ian McEwan, cuyas novelas tienden a ser breves, ingeniosas y melancólicas, ha producido un panorama imaginario de imponente belleza".
Al principio, Expiación parece una novela de Jane Austen transformada en un film de Merchant-Ivory. Corre el año 1935. Una casa de campo inglesa cobra vida con una variada serie de personajes privilegiados, en su mayoría pertenecientes a la gran familia Tallis. Luego, en un rápido corte cinematográfico, la acción salta a la batalla de Dunquerque, en la Segunda Guerra Mundial. La tercera parte transcurre en un hospital londinense, en el frente interno. Por último, en la coda que tanto conmovió a la esposa del autor, la novela avanza hasta 1999 para su conclusión abarcadora y reflexiva.
Con su aura de misterio y su sentido prismático del tiempo, la novela es, quizá, más afín a La mujer del teniente francés de John Fowles, Posesión de A. S. Byatt y otros libros similares que a la obra anterior de McEwan. Este reconoció espontáneamente el cambio de objetivo y textura. Según dijo, en sus primeras novelas quiso "explorar ideas intelectuales y, después, buscó maneras dramáticas de hacerlo". Por ejemplo, El inocente (1990) tenía "un sentido muy fuerte de lo que significa para los imperios estar en su ocaso mientras otros ascienden, y cómo van forjándose las vidas privadas contra el telón de fondo de los acontecimientos históricos mundiales". Amsterdam -dice- fue una obra de transición, un intento de poner más énfasis en el personaje.
Cuando empezó a escribir Expiación , McEwan no tenía ninguna meta o base conceptual: "Partí de una muchacha que entraba en un cuarto de una casa de campo, con unas flores en la mano. Las oraciones formaron párrafos y los párrafos un capítulo, así de sencillo. Supe que había iniciado una novela, pero ignoraba cuál. Al parecer, no era ninguna de las que había bosquejado en los últimos quince meses". Luego escribió un capítulo acerca de la hermana menor de la muchacha, Briony, que estaba montando una función teatral familiar en la mansión. "Entretanto, comenzó a emerger una familia -explica-. Cuando acabé ese capítulo, pude avistar Dunquerque en la lejanía y, más allá, el Hospital St. Thomas. Pero no tenía ideas; sólo personajes. Me pareció una forma mucho más difícil de escribir una novela, pero también muy liberadora. No tenía obsesiones intelectuales. Si en el camino surgían cuestiones de memoria, conciencia y orden clasista, ¡excelente! Pero no tenía rumbo ni meta que perseguir, salvo el destino de esas personas." Acabó por revertir el orden de los dos capítulos iniciales. Briony se convirtió en el personaje central. Al acusar equivocadamente a alguien de un crimen, ella se convierte en el catalizador de los sucesos subsiguientes.
"Durante diez años, en mis cuadernos de apuntes hablé de una novela que escribiría algún día. La llamaba mi novela de Jane Austen -recuerda-. Intuyo que tendrá que ser ésta. Pensaba en La abadía de Northanger . Me gustaba la idea de Catherine Morland, tan trastornada por las novelas góticas. Todo lo interpreta maravillosamente mal y, al final, se avergüenza. Hay cierto parentesco entre ella y Briony." El epígrafe del libro es una cita de La abadía de Northanger .
Mientras la escribía, la novela se titulaba An Atonement ("Una expiación"). Más tarde, tras haber leído el manuscrito, su amigo Timothy Garton Ash, escritor y profesor en Oxford, le sugirió que suprimiera el artículo an (una), por cuanto la novela no se refería únicamente a la búsqueda de expiación de Briony, sino a un sentimiento de redención más genérico, a la culpa como algo "demasiado grande para ser expiado". McEwan considera a esta novela como una obra decisiva en su carrera.
Esto lo lleva a recordar sus comienzos en la profesión. Cuando se graduó en la Universidad de Sussex, McEwan ignoraba a ciencia cierta cuál sería su futuro, hasta que tomó un curso en la Universidad de East Anglia, dictado por el novelista Malcolm Bradbury. Si bien versaba sobre literatura comparada y teoría literaria, los estudiantes podían escribir cuentos o una novela, en vez de una tesis. McEwan tuvo así la oportunidad de leer y estudiar a diversos autores norteamericanos -Philip Roth, Saul Bellow, William Burroughs, entre otros- y escribir un cuento cada tres o cuatro semanas. El contraste entre la serena compostura de la narrativa inglesa y la libertad del escritor norteamericano lo reanimó. "La literatura inglesa me parecía tan comedida e insulsa... Algo estalló en mí. Me sentí salvaje y quise escandalizar al lector. Yo solía negar esto", confiesa.
"De todos modos, no puedo renegar de ellos", dice, refiriéndose a sus primeros cuentos, aunque ellos determinaron su encasillamiento como escritor. Cuando llevaba publicadas dos novelas y otras tantas colecciones de cuentos, sintió que él mismo se había arrinconado: "Me dedicaba a describir situaciones claustrofóbicas extrañas, grotescas y perversas". En los 80, sobrevino un cambio importante: escribió los guiones de dos películas dirigidas por Richard Eyre. Uno era un telefilm en torno a la violación de los códigos. El otro, The Ploughman´s Lunch , era una mirada cínica a la moralina británica. Gracias a ellos, pudo asumir un mayor compromiso social, escribir sobre "personas definibles en situaciones específicas".
Cuando se aprestaba a escribir Expiación , investigó lo ocurrido en Dunquerque. Pasó cuatro días en el Museo Imperial de Guerra, en Londres, leyendo cartas y diarios de soldados que luchaban en el frente. Y recordó las anécdotas que le contaba su padre, que había estado allí: "Decía haber visto linchar, en la playa, a un miembro del personal administrativo de la RAF. Yo construí mi propia versión de esa historia". Al quedar herido en las piernas, su padre "se unió a otro hombre, herido en los brazos; entre los dos, pudieron manejar una motocicleta". Esta escena figura en la novela.
En su nuevo libro Negotiating With the Dead: A Writer on Writing , un ensayo sobre el arte de la narrativa, Margaret Atwood plantea tres preguntas a sí misma y a otros novelistas, entre ellos McEwan: ¿Para quién escribes? ¿Por qué lo haces? ¿De dónde te viene la inspiración? McEwan las contestó en rápida sucesión: "Creo que sólo puedes escribir para ti mismo cuando supones que si lo escrito te gusta, también podría agradar a otro. ¿Por qué hacerlo? Porque, a mi entender, es imposible abstenerse. No escribir me parece una repulsa grosera del don del entendimiento, o sea, de la conciencia. ¿De dónde te viene la inspiración? Tienes que calar bastante hondo y relajar el control que ejerces sobre ella, a menos que seas, por ejemplo, un escritor de ciencia ficción y puedas decir que escribirás algo sobre la colonización de Marte". Y acota: "La narrativa es una cosa aleatoria, asociativa. Para usar un término de la electrónica, sólo es el ruido blanco del pensamiento que sueña despierto".
Admite que siempre se cometen errores en el camino. Su noción inicial de Expiación -confiesa- fue una novela futurista en que la clase alta miraba hacia el pasado, como si viviera en el siglo XVIII, y la clase trabajadora cosechaba los beneficios de la tecnología. El protagonista, Robbie Turner, habría tenido acceso mental a Internet mediante implantes cerebrales. "Escribí seiscientas palabras y, para entonces, la idea simplemente había muerto. Era absolutamente ridícula", explica. Pronto volvió junto a los Tallis, reunidos en su hogar antes de la guerra.
"¡Hay tantos futuros disponibles para un proyecto! -concluye-. Podría haber escrito mil novelas distintas." Por suerte, para él y para sus lectores, eligió la senda intuitiva que lo condujo a Expiación .
(Traducción de Zoraida J. Valcárcel)
Escritos en el tiempo
Comienzos: su primer libro de cuentos fue Primer amor, útlimos ritos (1975). Relatos crueles e implacables que le valieron el Saumerset Maugham Award y lo situaron a la cabeza de su generación, los Young BritishWriters, entre los que se contaba a Julian Barnes, Martin Amis, Graham Swift y Kazuo Ishiguro.Similar inspiración tuvieron los cuentos de Entre las sábanas (1978).
Las novelas: el El jardín de cemento (1978) y El placer del viajero (1981) son también relatos sórdidos, de climas asfixiantes y personajes de oscura perversidad. Hasta Niños en el tiempo (1987) , novela que marca el inicio de una etapa de mayor madurez narrativa y menor vocación por el escándalo. Después seguieron El inocente (1990) , Perros negros (1992), Amor perdurable (1997) y Amsterdam (1998, ganadora del Booker Prize).



