
Una tragedia anunciada
Las obras del suizo Alberto Giacometti que integran la retrospectiva del MoMA neoyorquino expresan la angustia y la soledad del hombre en tiempos de crisis
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NUEVA YORK.- Quizá ninguna otra muestra podría haber sido tan oportuna para captar la extraña sensación de vivir hoy en Nueva York como la extraordinaria retrospectiva del gran escultor suizo Alberto Giacometti (1901-1966) que se acaba de inaugurar en el Museo de Arte Moderno (MoMA).
Allí están -infaltables- las desgarbadas y altas figuras de bronce pintado por las que se volvió conocido y que expresan toda la angustia, soledad y alienación del ser humano en tiempos de crisis. Son el fruto de su trabajo en París a fines de la década del ´40, cuando la Ciudad Luz todavía luchaba por recuperarse del devastador impacto de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, esas mismas esculturas podrían haber sido moldeadas a partir de desconcertados neoyorquinos caminando por las calles en los días siguientes a los brutales ataques terroristas contra el World Trade Center.
En su fuerza y crudeza, encarnan la búsqueda de lo que Giacometti consideraba era la esencia de la humanidad en medio de una sociedad confundida por la muerte, la destrucción y el sufrimiento. Así, plasmada en el bronce de Hombre caminando y Figura alta (ambas de 1947) logra transmitir la visión existencialista compartida con su amigo Jean Paul Sartre.
"El arte me interesa mucho, pero la verdad me interesa infinitamente más", dijo Giacometti, quien subrayó que "cuanto más verdadera es una obra, más estilo tiene".
La autenticidad y la fidelidad a un estilo personal se reflejan una y otra vez en la muestra que ocupa dos pisos enteros del MoMA.
Sus elongadas figuras, que parecen salidas del barro, rozan por momentos la abstracción, pero son sus pies, aferrados a macizos pedestales, los que les dan una fuerte conexión con la tierra y crean un espacio propio. La impresión que causan es similar a estar viendo a una persona desde lejos, sólo reconocible por la postura de sus hombros, o la inclinación de su cabeza.
Giacometti, sin embargo, dejó una increíble variedad de obras, y la notable selección de la retrospectiva intenta justamente mostrar la versatilidad para moldear sus esculturas no sólo en bronce, madera, yeso y mármol sino también en estilos completamente diferentes. La retrospectiva comienza con los primeros trabajos que realizó este artista -hijo de un pintor-, apenas abandonó su pueblo natal de Stampa, en Suiza, para instalarse en la prestigiosa academia parisina de Emile-Antoine Bourdelle, en 1922. Su Torso (1925), cargado de erotismo y líneas cubistas netas, ya preanuncia el vuelco hacia un tratamiento más abstracto de las figuras, basado en la memoria y la imaginación y no en modelos de carne y hueso.
Esa tendencia se acentúa más en la obra que creó luego de pasar a formar parte del grupo de los surrealistas, liderado por André Breton. Piezas como Mujer recostada con sueños (1929), con sus ondulantes formas curvas, presentan un universo propio, en el que la realidad y la imaginación están intrínsicamente ligadas. A esta etapa también pertenece Caricia (1932), una sensual escultura trabajada en mármol que es interpretada como la panza de una mujer embarazada acariciada por las manos de un hombre.
Giacometti, quien vivió en París casi toda su vida salvo tres años durante la guerra, se vio también influido -como tantos otros artistas de su época- por las magníficas colecciones africanas y egipcias del Museo de Louvre. Así se ve en Manos sosteniendo el vacío (Objeto invisible) (1934), su primera figura alta, que surgió a partir de una máscara primitiva que convirtió en la cabeza de esta estilizada mujer sentada en una especie de trono.
Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias fueron las influencias más notables en la obra de Giacometti, que ansiosamente buscaba un estilo propio. Por ejemplo, el hallazgo de un brazo despedazado tras el bombardeo de Moulins, en 1940, reaparece en una serie de piezas fragmentadas como La mano , La pierna y La nariz . El escultor se mudó entonces por un tiempo a Ginebra, donde conocería a su futura esposa e incansable modelo, Annete Arm.
Durante su estada en Suiza comenzó a jugar con diferentes escalas y la idea de personas vistas a la distancia, que tanto lo apasionaba. Sin embargo, las primeras esculturas que realizó en este período son miniaturas con grandes pedestales. Contó alguna vez su madre, que al volver a París, en 1945, se llevó todas las minúsculas figuras en seis cajas de fósforos.
Ya instalado en su estudio de la rue Hippolyte-Maindron, Giacometti trabajaría en esculturas más grandes y elongadas, tomando como modelo la estatuaria egipcia para dar la sensación de movimiento a figuras como Hombre caminando (1947) o Plaza de ciudad (1948).
Sus últimos años (1960-1966) los dedicó a hacer y rehacer desde el principio bustos de su esposa, su hermano Diego y su amigo fotógrafo Elie Lotar. Son obras que vuelven al existencialismo y presentan al sujeto-objeto como si estuviera frente al más allá.
Un párrafo aparte merece su compleja obra gráfica. Las oscuras pinturas y dibujos son testimonio de la lucha interna del artista por transmitir la sensación de volumen y espacio en un plano único, lo que logra a través de líneas entrecruzadas sobre la tela.
La retrospectiva del MoMa -la mayor que se haya realizado en cuatro décadas- estuvo a punto de ser postergada por los atentados del 11 de septiembre. Muchos de los dibujos, 90 esculturas y 40 pinturas quedaron demorados en bóvedas de seguridad en Zurich por varios días ante el temor de los curadores a transportarlos en avión hasta Nueva York.
Curiosamente, la exposición termina con los modelos de tres altas esculturas en las que Giacometti estaba trabajando antes de su muerte y que le habían sido encomendadas en 1956 por el Chase Manhattan Bank para su sede de Pine Street, a pocas cuadras de donde años más tarde se construiría el World Trade Center. Nunca las terminó; el cáncer acabó con él antes (1966), pero sus modelos aún se mantienen en pie, flacos y sombríos, como un recordatorio en forma humana de las torres hoy desaparecidas.
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